Paz González, coordinadora programática en el Programa Clima y Programa Biomas de Fundación Avina
Este año, América Latina albergará por primera vez en 11 años una COP. Sin embargo, esta COP30 no será solo un evento de noviembre en Belém, Brasil; será en hito relevante de un proceso de articulación a lo largo de todo el año, en el que la región tiene una gran oportunidad de hacer oír su voz en el mundo.
En esta COP, América Latina no se presentará solamente como una región afectada por el cambio climático, sino que también tiene la oportunidad de alzarse como un actor clave en la construcción de soluciones lideradas desde los territorios y con la base del conocimiento local, poniendo a la naturaleza y la colaboración como aliados clave en la lucha contra el cambio climático.
Asimismo, durante la última década, los países de la región han presentado sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs, por sus siglas en inglés) y desarrollado sus planes de acción climática; y la sociedad civil ha ganado protagonismo en la agenda climático global. Hoy, las voces latinoamericanas llegan con más fuerza y herramientas para incidir, denunciar y proponer soluciones que reflejen la realidad de la región. Una región que no solo sufre los impactos más severos del cambio climático, sino que es el corazón de la seguridad alimentaria mundial y uno de los tres grandes pulmones del planeta.
Además, la COP30 ocurre en un momento geopolítico global clave en el cual la extrema derecha está tomando fuerza y presiona para debilitar la ambición climática. Ante este panorama, América Latina puede jugar un rol crucial liderando soluciones en adaptación, seguridad alimentaria y protección de bosques tropicales, evidenciando el valor del multilateralismo climático. Además de los desafíos políticos globales, la COP30 ocurre en un momento en el que el financiamiento para la adaptación sigue sin alcanzar los niveles prometidos para lograr reducir las vulnerabilidades y hacer frente a los impactos del cambio climático.
La ruta de Avina hacia la COP30
Consciente de la importancia de tener una participación e incidencia efectiva en la COP30, Fundación Avina ha impulsado una estrategia basada en fortalecer la articulación entre sociedad civil, academia, gobiernos nacionales y subnacionales y tomadores de decisión a lo largo de todo el año. Esta estrategia incluye espacios de diálogo, fortalecimiento de capacidades y acciones de incidencia que aseguren que las demandas latinoamericanas lleguen con fuerza a la COP, y que se incluyan los conocimientos y mensajes de los actores relevantes a todos los niveles, desde lo local hasta lo global.
Uno de los hitos clave en este camino fue el evento «Adaptação como prioridade para a COP30», coorganizado en febrero pasado con Instituto Talanoa. En este espacio,l a sociedad civil latinoamericana dialogó directamente con negociadores del Sur Global de América Latina, Caribe y África. Se generaron insumos clave para fortalecer la postura de los países del Sur en las negociaciones, como la necesidad de simplificar y agilizar el acceso a financiamiento climático para actores locales.
Además, Avina está impulsando la Adaptation Academy 2025, que se realizará en Lima en abril. La Academia tiene como objetivo el fortalecimiento de capacidades de los países de la región en la preparación y presentación de sus reportes de adaptación y pérdidas y daños, en el contexto del Marco Reforzado de Transparencia (MRT) establecido en el Acuerdo de París. Esto se da en un marco donde las medidas de adaptación del Sur Global siguen siendo relegadas en las discusiones globales, lo que limita el acceso a financiamiento y la implementación de soluciones efectivas.
Este espacio de cuatro días no solo capacitará a funcionarios gubernamentales, sino que por primera vez incluirá a organizaciones de la sociedad civil de toda América Latina, fomentando el intercambio de experiencias y saberes y enriqueciendo la ambición climática. Este espacio es co organizado por Avina, CMNUCC; PNUMA y CAF con el apoyo de Libélula y LEDS LAC.
La COP30 no es solo un evento, es un proceso de articulación que debe consolidar el liderazgo de América Latina en la agenda climática global. No basta con llegar a Belém en noviembre; el verdadero trabajo se da en los meses previos y posteriores, en los espacios de formación, en las mesas de diálogo y en los compromisos que se construyan desde la región y desde las bases.
*Esta columna de opinión fue originalmente publicada por Agencia de Noticias InnContext