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Las metas para 2030 siguen lejos: la protección de la naturaleza avanza, pero no alcanza para frenar su destrucción

BIODIVERSIDAD. La ONU advierte que las acciones actuales no alcanzan para cumplir las metas mundiales de conservación de 2030. Los rezagos también comprometen los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con la vida submarina y los ecosistemas terrestres, de los que dependen la alimentación, el agua y la salud.

Las medidas para proteger la naturaleza avanzan, pero siguen siendo insuficientes para frenar las actividades que la destruyen y cumplir las metas mundiales de 2030. El cambio climático, el sobrepastoreo y el uso excesivo de fertilizantes y pesticidas mantienen la presión sobre los ecosistemas, mientras persisten las brechas de financiamiento y los retrasos en la aplicación de los compromisos nacionales.

La advertencia surge de la primera evaluación mundial del cumplimiento del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal y del llamado del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, a acelerar las respuestas. Más de un millón de especies están amenazadas de extinción, recordó durante la Cumbre de Líderes celebrada en Ereván, Armenia.

“Los alimentos que comemos, el agua que bebemos e incluso el aire que respiramos: todo ello es fruto de la biodiversidad”, afirmó. “Y, sin embargo, cada día la humanidad corta una nueva rama del árbol de la vida”.

El informe Estado de la acción en materia de biodiversidad, presentado el 15 de octubre, reconoce avances desde la adopción del acuerdo en diciembre de 2022, pero advierte que ninguna de sus 23 metas presenta un balance plenamente positivo. Menos de la mitad de las metas nacionales evaluadas por los propios países está en camino de cumplirse.

Los compromisos crecen, la ejecución no alcanza

Cerca del 90% de las partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica ha establecido metas nacionales, casi el 60% ha desarrollado estrategias y planes de acción y más del 70% ha presentado informes nacionales, según la información divulgada durante el lanzamiento. A ello se suman alrededor de 5.000 compromisos de pueblos indígenas, comunidades locales, gobiernos subnacionales, empresas y organizaciones sociales.

Sin embargo, esa movilización todavía no se traduce en avances suficientes. La evaluación identifica dos brechas: los compromisos nacionales no abarcan toda la ambición del acuerdo mundial y las medidas para ejecutarlos avanzan con demasiada lentitud.

Los mayores rezagos se concentran en las decisiones que requieren actuar más allá de los ministerios de Medio Ambiente: transformar la producción y el consumo, reducir los incentivos perjudiciales para la naturaleza, movilizar financiamiento e incorporar la biodiversidad en las decisiones empresariales.

También faltan capacidades técnicas, cooperación científica, acceso a tecnologías y datos que permitan seguir los resultados. La coordinación entre sectores y niveles de gobierno sigue siendo otro obstáculo.

El 30×30 sigue fuera de alcance

En diciembre de 2022, el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal estableció la Meta 30×30: conservar y gestionar eficazmente, para 2030, al menos el 30% de las zonas terrestres y de aguas continentales, así como de las zonas marinas y costeras del planeta. Desde entonces, otros 1,3 millones de kilómetros cuadrados de tierra y seis millones de kilómetros cuadrados de océano han recibido protección oficial, según Naciones Unidas.

Pese a esa expansión, Guterres advirtió que los compromisos actuales permitirían alcanzar una protección de apenas el 26% de los ecosistemas terrestres y el 12% de los marinos en 2030, por debajo del objetivo acordado.

Además, ampliar la superficie protegida es solo una parte de la tarea. El marco exige gestión eficaz, conexión entre los espacios conservados, representación de distintos ecosistemas y respeto de los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales.

El informe señala que los ecosistemas marinos, costeros y de aguas continentales presentan vacíos persistentes en las medidas de conservación.

Diversos ecosistemas enfrentan riesgos. Los cuerpos de agua son de los más amenazados. Entre las prácticas negativas, están el uso excesivo de fertilizantes y pesticidas.

Las prácticas que deben cambiar

Guterres advirtió que el sobrepastoreo y el uso excesivo de fertilizantes y pesticidas agravan la triple crisis planetaria: contaminación, pérdida de biodiversidad y cambio climático.

Pidió a los gobiernos que “pasen de políticas que destruyen la naturaleza a prácticas que la preservan”. Entre las prioridades mencionó impulsar la economía circular y el objetivo de cero residuos, promover una agricultura sostenible y regenerativa, reforzar el seguimiento y la transparencia y aplicar con mayor rigor las leyes vigentes.

La evaluación también advierte que los avances en conservación pueden quedar anulados si continúan las actividades que degradan los mismos territorios. La fragmentación de responsabilidades entre instituciones puede generar políticas contradictorias y decisiones incompatibles sobre el uso del suelo y del mar.

En restauración, el informe identifica otra debilidad: algunos sistemas contabilizan intervenciones, como el número de árboles plantados, sin verificar si los ecosistemas recuperan sus funciones. Esto puede llevar a sobreestimar los resultados mientras continúa el deterioro ecológico.

Los plazos tampoco siempre coinciden. El financiamiento suele asignarse a proyectos de corta duración, mientras que la recuperación de la naturaleza requiere continuidad durante muchos años.

El dinero sigue financiando el deterioro

“La cruda realidad es que estamos gastando dinero en las cosas equivocadas”, señaló Guterres al reclamar una reorientación de los recursos.

En 2023 se destinaron unos 7,3 billones de dólares a actividades perjudiciales para la naturaleza. Esto significa por cada dólar invertido en protegerla, otros 30 financian actividades que la dañan, como lo reflejó un informe anterior del PNUMA. El marco mundial establece movilizar al menos 200.000 millones de dólares anuales para la biodiversidad hasta 2030, pero los recursos siguen por debajo de lo necesario.

Guterres pidió eliminar los subsidios perjudiciales y destinar los recursos a beneficiar a las personas y al planeta. También señaló que las inversiones anuales en soluciones basadas en la naturaleza deberán alcanzar los 571.000 millones de dólares en 2030 para contribuir a los objetivos mundiales de biodiversidad, clima y restauración de tierras: aproximadamente el 0,5% del producto interno bruto mundial.

Ese monto responde a un conjunto de objetivos más amplio que la meta de financiamiento específico para biodiversidad. El secretario general reclamó, además, una mayor contribución empresarial. Mencionó el Fondo de Cali, que permite a las empresas que se benefician de la información digital sobre recursos genéticos contribuir a su conservación.

América Latina: brechas y respuestas comunitarias

El informe ofrece datos sobre la planificación en América Latina y el Caribe. Hasta el corte del análisis, el 7 de marzo de 2026, el 73% de los países había presentado al menos una meta nacional, el 61% un informe nacional y el 39% una estrategia y plan de acción que pudieron incluirse en la evaluación. Pero estas cifras no representan porcentajes de cumplimiento de las metas.

Entre las experiencias regionales, el documento destaca el plan brasileño de recuperación de la vegetación nativa, que busca restaurar 12 millones de hectáreas hasta 2030 en seis grandes biomas, entre ellos la Amazonía y el Pantanal.

La iniciativa combina sistemas agroforestales, redes de recolectores de semillas nativas, viveros y monitoreo con participación de pueblos indígenas y comunidades tradicionales. Vincula la restauración con los derechos territoriales, el conocimiento local y la generación de ingresos. Los 12 millones de hectáreas constituyen una meta, no una superficie ya recuperada.

Crisis conectadas, respuestas conjuntas

Guterres subrayó que la biodiversidad no puede abordarse al margen de los conflictos, la inseguridad alimentaria, las amenazas para la salud o el cambio climático. “Para hacer frente a una de estas crisis, hay que abordar todas las demás”, afirmó. “Y no hay tiempo que perder”.

También pidió movilizar a jóvenes, mujeres, organizaciones sociales, pueblos indígenas y comunidades locales. “El deterioro ambiental suele golpear con más fuerza a los más vulnerables, precisamente a quienes menos han contribuido a causar el problema. Pero las soluciones suelen surgir de esos mismos grupos”, señaló.

El informe reconoce esas contribuciones y precisa que todavía es pronto para detectar algunos cambios en el estado de la biodiversidad derivados del nuevo marco. Sin embargo, advierte que la lentitud actual pone en riesgo tanto las metas de 2030 como la visión de recuperación hacia 2050.

La COP 17, de Biodiversidad, que se celebrará del 19 al 30 de octubre en Ereván, examinará este primer balance. El desafío será acordar cómo acelerar las medidas y convertir los compromisos en cambios verificables en los territorios: menos presiones sobre los ecosistemas, recuperación de sus funciones y recursos sostenidos para quienes los conservan.