SOSTENIBILIDAD. La estudiante de arquitectura de Unifranz presentó su innovadora propuesta que también promueve la accesibilidad.
Antonella Santillán es una estudiante de arquitectura. Ella desarrolló un innovador proyecto que combina diseño bioclimático, accesibilidad económica y sostenibilidad para atender las necesidades habitacionales de poblaciones en situación de vulnerabilidad.
El proyecto ofrece una alternativa viable y sostenible para enfrentar los desafíos de la vivienda social en Bolivia, especialmente en contextos de desastres naturales como incendios, inundaciones y desplazamientos forzados.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), un 38% de la población no tiene vivienda propia, porcentaje que sube al 46% en las cifras del Observatorio Urbano (ONU) de la Cámara de la Construcción de Santa Cruz (Cadecruz). Además, el 23% de los hogares de Bolivia habitan más de tres personas por dormitorio, según el INE, mostrando la situación de hacinamiento y precariedad cualitativa de vivienda.
“Nuestro proyecto no solo se basa en la construcción de viviendas económicas, sino que busca transformar el concepto de vivienda social al incorporar criterios de sostenibilidad, eficiencia térmica y confort ambiental”, explicó la universitaria que, a sus 20 años, ya cursa el sexto semestre de la carrera en la Universidad Franz Tamayo, Unifranz, y sueña con especializarse en arquitectura bioclimática.
Opciones para diferentes geografías
De acuerdo a una nota publicada por Unifranz, el diseño puede adaptarse a las condiciones climáticas de diferentes regiones del país, empleando estrategias que garantizan confort térmico y ahorro energético.
En zonas frías, utiliza materiales como bloques de tierra comprimida (BTC) y adobe, que retienen el calor y eliminan la necesidad de calefacción costosa. En áreas cálidas y tropicales, prioriza la ventilación cruzada, techos inclinados y materiales ligeros como madera local y paneles SIP, que permiten mantener frescas las viviendas y reducir la acumulación de calor.
El proyecto también incluye sistemas de captación de agua pluvial y el uso de energías renovables, promoviendo la autosuficiencia de las viviendas y reduciendo su huella ecológica. Estas características responden al principio de sostenibilidad que guía cada aspecto del diseño, desde los materiales utilizados hasta la integración con el entorno natural.
La Agenda 2030 de Naciones Unidas, en su ODS 11, señala que se debe asegurar el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los barrios marginales. Al respecto, Hábitat para la Humanidad, señala que el acceso a la vivienda, debe contemplar durabilidad, espacio, acceso al agua y el saneamiento, seguridad de la tenencia de la tierra y costos, mientras que las personas no deben destinar más 30% de sus ingresos a vivienda.
Materiales sostenibles y accesibles
El enfoque bioclimático de este tipo de viviendas sociales no solo atiende a la adaptación climática, sino también a la sostenibilidad económica y ambiental.
Por ese motivo, Santillán propone el uso de materiales locales como madera, tierra y bloques de tierra comprimida, así como materiales reciclados como neumáticos y plástico PET. Esta combinación reduce significativamente los costos de construcción y, al mismo tiempo, contribuye a la gestión de residuos sólidos en comunidades vulnerables.
“Los materiales que proponemos son accesibles, pero también tienen una alta durabilidad y resistencia. La elección de estos materiales responde a la necesidad de crear un balance entre la sostenibilidad, la disponibilidad local y el costo económico para las familias más vulnerables”, destaca la futura arquitecta.
Además de su bajo costo, se fomenta la economía circular, reduciendo el impacto ambiental de las construcciones y garantizando que las viviendas puedan resistir el paso del tiempo y los efectos del cambio climático, además de contribuir a mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
“Queremos que las familias se sientan acogidas, pero también que puedan ahorrar energía y vivir de manera más saludable”, añade Santillán.
El trabajo de Santillán es un claro ejemplo de cómo la arquitectura puede ser una herramienta poderosa para mejorar la calidad de vida de las comunidades más vulnerables y construir un futuro más sostenible para todos.

Antonella utilizó diversos materiales bajo el concepto de economía circular y con el objetivo de que puedan adaptarse a diferentes climas.
Fuente: Unifranz