DOCUMENTAL. La historia de Benjamín Peña es inspiradora por su trabajo para cuidar el medio ambiente y producir con técnicas sostenibles. Junto a su familia, cada año enfrentan la amenaza de los incencios.
Mery Vaca / Sumando Voces
Don Benjamín Peña era un hombre de pueblo. Carpintero en Riberalta, para más señas. Un buen día decidió marcharse al campo junto a su familia, donde ahora vive rodeado de árboles de tamarindo, copoazú, asaí, cacao, almendros, maderables, plantas medicinales y todo aquello que le prodiga el bosque que él mismo plantó e hizo crecer.
No fue fácil al principio, cuando desconocía la técnica agrícola y, por tanto, sus plantas se secaban con el sol. Tampoco es fácil ahora porque los incendios acechan su propiedad cada año, aunque él inventó una técnica para frenarlos, que ahora se usa en gran parte del país.
Don Benjamín tiene 13 hijos y con orgullo cuenta que, junto a su esposa, doña María Isabel Cortez, pudo sacarlos adelante gracias a los frutos del bosque. La mayoría de sus descendientes son profesionales, entre ellos hay veterinarios, ingenieros forestales, agrónomos y otras profesiones relacionadas con la vida de campo. Habla con orgullo de la educación que les dio a sus hijos porque considera que esta es la forma de evitar la migración de los jóvenes a la ciudad, donde pueden caer en vicios y tentaciones.
Este hombre de 65 años, que junto a su familia fue capaz de transformar una propiedad desértica en una tupida y productiva selva, es ahora el protagonista de un documental titulado “Don Benjamín”, que está recorriendo varios países del mundo recogiendo premios y aplausos.
El film busca generar conciencia contra los incendios forestales y lo hace desde una perspectiva constructiva, a partir de la historia de Benjamín Peña y su familia, porque son un ejemplo frente a la destrucción del fuego, que solamente el 2024 dejó 14 millones de hectáreas quemadas, según fuentes no oficiales.
Los inicios
Don Benjamín, quien estuvo en La Paz para la presentación del documental hace unos días, habló con Sumando Voces para relatar lo feliz que se siente en medio del bosque, su bosque. Contó que, en sus inicios, el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) le dio asesoramiento para que aquella tierra degradada que había comprado para vivir con su familia produjera abundantes frutos.
“No teníamos experiencia porque yo era carpintero y no sabía de agricultura, pero cuando uno quiere, Dios lo ayuda. Así que con mi esposa comenzamos, poníamos las plantitas en el surco, pero en una semana se moría porque el sol la sofocaba y la mataba porque no tenía otra planta que le haga sombra. Entonces, entra la institución de CIPCA, ellos nos capacitaron y le hemos metido con fuerza”, cuenta don Benjamín en un café de La Paz, donde habla flanqueado por su hijo Luis Antonio Peña, y el director del documental, Iván Zahínos.
Don Benjamín no habla sin agradecer a Dios por todo lo que tiene en Ana María, la propiedad donde vive, trabaja, canta, baila y también sufre, sobre todo cuando ve llegar los incendios. Ana María también es el nombre de una de sus hijas.
Una faja cortafuego
Don Benjamín dice que viene soportando los incendios desde hace 15 años y que cada vez que se produce uno nuevo, le duele profundamente porque pierde el fruto de su trabajo. “Mi esposa me dice ‘nada para atrás, todo para adelante, sigamos’ y así seguimos, pedimos a Dios que a esa gente la perdone porque ese incendio no es natural, eso es provocado. Y mucha gente que no tiene conciencia hace eso”, reflexiona.
Dice que por lo general cuando un incendio destruye una propiedad la gente se desanima y “levanta las manos”, mientras que él no se da por vencido y, por el contrario, creó “la faja cortafuego” para proteger el bosque.
“Esa faja yo la hice y ahora anda por todo el país. Es una faja que se hace, se limpia bien y cuando viene el incendio (hay que estar) a la otra banda esperándolo para contrarrestarle con fuego. Cuando se topan (ambos fuegos), ahí termina el fuego”, explica.
Pero, él tiene un secreto más. “Para hacer una cosa hay que tener el corazón contento, no amargado”, dice y cuenta que, a pesar de todo, “igual reímos, cantamos, bailamos y seguimos para adelante. No renunciamos. Y eso es un ejemplo que tienen mis hijos”.
La nueva generación
Los saberes de don Benjamín empezaron a expandirse porque la generación de sus hijos está llevando la producción a otro nivel, según el testimonio de Luis Antonio Peña Cortez, su hijo y quien forma parte de una asociación de jóvenes de seis comunidades que se dedican a los sistemas agroforestales y están produciendo una variedad de frutos que sacan al mercado.
Les ha ido tan bien que han ganado un premio internacional de 10 mil dólares por producir un cacao que se ubica entre los 10 mejores del mundo, además de producir miel y frutos del bosque.
Luis Antonio tiene 31 años, es ingeniero forestal y también aparece en el documental. “Me siento muy orgulloso de mi padre, de mi madre, por enseñarme esos valores para respetar la naturaleza y no destruirla”, dice este joven que reniega de quienes prenden fuego en el bosque “para meter ganado y monocultivo de soya”.
El documental
Don Benjamín, junto a su hijo y el director de la película, viajó a varias ciudades de España para la presentación del film, así que ya se va acostumbrando a los aplausos y a los agradecimientos por su trabajo en defensa del medio ambiente. Cada vez que tiene oportunidad cuenta que el director, el catalán Iván Zahínos, tardó tres años en convencerle para hacer la filmación, mientras arranca risas del público.
“Ya hacía tres años que él me invitaba a compartir y hacer esta película. Pero yo no lo aceptaba porque yo no lo conocía bien a él y siempre le decía que no y que no y que no”, hasta que su esposa lo convenció.
Zahínos se declara satisfecho por haber puesto en agenda un tema del que muchos no quieren hablar. “No es un reportaje periodístico, no es una promoción de ninguna entidad, es una película, es una aventura que vive don Benjamín, un personaje que crea un vínculo fuerte con el público”, dice, mientras destaca que su obra tiene un equilibrio entre lo reivindicativo y lo poético y artístico, lo que la hace universal porque permite llegar al corazón de cualquier persona del mundo.
Indica que el documental en algunas universidades es material de estudio y que está compitiendo muy bien porque tiene 18 selecciones, cuatro premios internacionales y ha sido visto en cuatro continentes.

Don Benjamín Peña (centro); junto al director de la película, Iván Zahínos; y Luis Antonio Peña, hijo de don Benjamín. Foto: Sumando Voces
El origen del documental
Zahínos, en su calidad de integrante de Medicus Mundi, trabaja desde hace varios años en temas de salud, por lo que visita frecuentemente la Amazonía y particularmente Riberalta. “Hay una evidencia ya clara entre la deforestación y los índices de neumonía, entonces yo llegué a esa zona estudiando todos esos procesos”, pero faltaba la historia, hasta que encontró a don Benjamín.
Cuando lo visitó en su propiedad quedó confundido porque era “un vergel”, mientras todo alrededor estaba quemado. “Entonces dije, aquí está la historia», señala.
Trabajó con un equipo de profesionales bolivianos, entre ellos el director de fotografía, Adro Molina, oriundo de Riberalta, que este año estuvo en el festival de Polonia, uno de los más grandes del mundo, donde fue premiado.
Don Benjamín es el protagonista del documental, pero, sobre todo, es el protagonista de una transformación del medio ambiente que Bolivia está necesitando.
Fotos: Documental Don Benjamín, publicadas inicialmente en Sumando Voces