Cecilia González
Filia Dei
En Bolivia, el término STEM se ha vuelto sinónimo de robótica y programación, dejando en el olvido las otras disciplinas fundamentales que lo componen: ciencia y matemáticas. STEM es el acrónimo en inglés de Science, Technology, Engineering, and Mathematics, que en español se traduce como Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (CTIM). Esta confusión no solo limita la comprensión integral de STEM, sino que también afecta la calidad de la educación en áreas como biología, física y química, que son esenciales para el desarrollo científico y tecnológico del país.
El uso del término STEM comenzó a ganar popularidad en la década de 2000, especialmente después de que la National Science Foundation (NSF) reorganizó las siglas de SMET a STEM en 2001. Desde entonces, el enfoque educativo STEM ha sido adoptado globalmente para promover la interdisciplinariedad entre ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, con el objetivo de desarrollar habilidades en resolución de problemas y pensamiento crítico.
La robótica educativa, sin duda, es una herramienta poderosa para fomentar habilidades en programación y tecnología, promoviendo la resolución de problemas y la creatividad entre los estudiantes. Sin embargo, al centrarse únicamente en esta área, se pasa por alto la importancia de la ciencia básica y las matemáticas, que son la base sobre la cual se construyen todas las disciplinas STEM. La interconexión entre estas áreas es crucial para desarrollar soluciones innovadoras y efectivas en diversos campos, desde la medicina hasta la ingeniería ambiental.
El olvido de la ciencia básica es particularmente preocupante. La «C» de STEM abarca disciplinas como la biología, la física y la química, que son cruciales para entender el mundo que nos rodea y para desarrollar soluciones innovadoras.
En Bolivia, estas áreas suelen ser mal impartidas y, a menudo, son vistas como secundarias en comparación con la tecnología. Esto no solo afecta la formación de futuros científicos y tecnólogos, sino que también limita la capacidad del país para abordar desafíos ambientales y sociales complejos. Por ejemplo, sin una comprensión profunda de la biología, es difícil desarrollar estrategias efectivas para la conservación de la biodiversidad o para combatir enfermedades emergentes.
Para mejorar esta confusión, es necesario que los programas educativos incorporen de manera equilibrada todas las disciplinas STEM, asegurando que los estudiantes comprendan la interconexión entre ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Además, los profesores deben recibir formación continua en todas las áreas STEM para poder impartir clases que reflejen la complejidad y la riqueza de estas disciplinas.
Promover proyectos y competencias que involucren a estudiantes de diferentes áreas STEM puede ayudar a visualizar cómo estas disciplinas trabajan juntas para resolver problemas reales. Por ejemplo, un proyecto que combine la biología con la ingeniería para desarrollar soluciones sostenibles para el manejo de residuos puede ser una excelente manera de ilustrar la interconexión de STEM.
Es importante sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de todas las áreas STEM, destacando cómo cada una contribuye al progreso tecnológico y científico del país. Al adoptar un enfoque más integral hacia la educación STEM, reconociendo el valor de la ciencia básica, podremos formar ciudadanos bien preparados para enfrentar los desafíos del siglo XXI. Esto requiere un esfuerzo conjunto entre educadores, políticos y la sociedad en general para promover una cultura que valore y apoye la educación STEM en su totalidad.