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¡Finalmente una vacuna contra la malaria!

Cecilia González Paredes
Biotecnóloga y divulgadora científica

La vacuna contra la malaria no salió “de la nada”: su recorrido empezó a tomar forma con la recomendación de la OMS en 2021 para RTS,S, la primera vacuna antipalúdica, y luego se amplió con R21 en 2023. Hoy ya se aplica en 25 países africanos, sobre todo en zonas de transmisión moderada o alta, donde el golpe de la enfermedad es más duro.

Durante décadas, hablar de una vacuna contra la malaria sonaba casi a promesa lejana, una de esas batallas médicas que parecían eternas. Y, sin embargo, aquí estamos: la ciencia no solo encontró una respuesta, sino que la está llevando a donde más se necesita.

Eso importa porque la malaria sigue siendo despiadada. La OMS calcula que en 2024 hubo 282 millones de casos y 610.000 muertes en el mundo, con África cargando el 94% de los casos y el 95% de las defunciones. En ese contexto, una vacuna no es un lujo: es una herramienta de supervivencia.

Los países que más se benefician son los africanos con alta carga de malaria, especialmente los de África subsahariana. La OMS prioriza zonas con transmisión moderada o alta, porque allí el impacto es mayor y más urgente. Entre los países que ya la ofrecen están Ghana, Kenia, Malawi, Benín, Burkina Faso, Camerún, Chad, Costa de Marfil, Etiopía, Liberia, Mozambique, Níger, Nigeria, República Democrática del Congo, Sierra Leona, Sudán, Sudán del Sur, Togo, Uganda y Zambia.

En términos simples: la vacuna llega primero a donde la malaria no es un dato, sino una amenaza cotidiana. Y ese es precisamente el tipo de ciencia que vale la pena defender con presupuesto, decisión política y formación de jóvenes investigadores.

El artículo de MedicalXpress[1] destaca que la evaluación más reciente, publicada en The Lancet, confirmó que la vacuna RTS,S evitó aproximadamente 1 de cada 8 muertes infantiles en Ghana, Kenia y Malawi durante cuatro años de aplicación. Además, señala que en esos países más de dos millones de niños recibieron la vacuna entre 2019 y 2023, dentro del Programa de Implementación de la Vacuna contra la Malaria.

El dato no es menor: la OMS sostiene que la introducción de la vacuna no afectó negativamente la cobertura de otras vacunas infantiles ni de otras medidas preventivas, como los mosquiteros tratados con insecticida. Al contrario, las visitas necesarias para completar el esquema abrieron la puerta a otros controles pediátricos, algo que en salud pública vale oro.

Aquí hay una lección que Bolivia también debería escuchar sin distraerse. Cuando un país apuesta por la ciencia, no está financiando un capricho académico; está invirtiendo en soluciones que pueden salvar vidas, reducir hospitalizaciones y cambiar el destino de generaciones enteras. Si hoy una vacuna puede frenar una enfermedad que durante años pareció indomable, entonces apoyar laboratorios, universidades y vocaciones científicas en jóvenes ya no es una idea bonita: es una obligación nacional.

Porque el verdadero progreso no se mide solo en carreteras o discursos. También se mide en cuántas niñas y niños dejan de morir por una enfermedad que, por fin, empieza a tener respuesta.

[1] https://medicalxpress.com/news/2026-05-malaria-vaccine-averts-child-deaths.html

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