ECONOMÍA CIRCULAR. Diez carretilleros y estibadores del Nuevo Abasto impulsan un emprendimiento que transforma residuos orgánicos en compost, rescata alimentos para personas vulnerables y demuestra que, incluso en la basura, siempre puede existir una oportunidad para cambiar vidas.
Karina Vargas Alba
Albino Flores vio una oportunidad donde otros sólo veían basura. “Ahí está la riqueza, ahí está el oro, en la basura”, le dijo varias veces a Ciro Centeno, mientras trabajaban como carretilleros en el Nuevo Mercado Abasto. Al principio, nadie le creyó, pero su convicción y conocimientos previos, dieron fruto.
Así nació “Semilla Urbana”, una asociación de diez estibadores que están valorizando la basura y cuyo trabajo refleja el espíritu del Día Mundial del Reciclaje, que se celebra cada 17 de mayo, con el objetivo de generar conciencia sobre la importancia de reducir, reutilizar y reciclar.
En la madrugada, cuando la ciudad duerme, ellos empiezan a trabajar. Los camiones llegan cargados de papa, cebolla, tomate, frutas y verduras, y los estibadores descargan toneladas de alimentos mientras el mercado mayorista más grande de la ciudad se activa lentamente hasta el amanecer.
Horas después, cuando otros regresan a sus casas a descansar, ellos continúan. Separan residuos orgánicos, pican restos vegetales, rescatan alimentos todavía aptos para consumo, alimentan composteras, preparan biol, revisan lombricomposteras y riegan pequeñas plantas que comienzan a crecer entre montañas de desperdicios.
Su trabajo evita que, a diario -al menos- una tonelada de desperdicios termine en los contenedores a la espera de la llegada del camión basurero. Albino nació en una comunidad del Aguaragüe, en el chaco tarijeño, es técnico en salud ambiental, ha trabajado como guardaparque y también en un centro de nutrición infantil en Gutiérrez. Como muchos, llegó a trabajar como carretillero por necesidad, y ahí vio cuántas frutas y verduras se perdían.

Javier Tola, es el encargado del compostaje en “Semilla Urbana”. Como la mayoría del grupo, reconoce que al principio escuchaba hablar a Albino sobre medio ambiente, compost y reciclaje sin imaginar que aquello podía convertirse en un proyecto real. “Yo decía ‘está loco’”, cuenta.
Hacer la diferencia
Pero Albino insistió. Convenció primero a Ciro y luego a otros compañeros que trabajan diariamente cargando mercadería en el mercado. “Semilla Urbana” arrancó sin capital, sin oficinas, sin maquinaria y sin estructura, pero con el compromiso de los cinco hombres y cinco mujeres que entendieron que podían hacer algo diferente.
“Muchos nos decían que éramos soñadores… nos bajaban la moral”, recuerda Albino. Algunos estibadores les aconsejaron abandonar la idea y concentrarse únicamente en trabajar para mantener a sus familias. Otros consideraban imposible que un grupo de carretilleros pudiera levantar un emprendimiento ambiental.
Incluso los sacaron de su asociación original. Pero persistieron. Su trabajo comenzó con tres composteras y actualmente tienen siete activas, dos lombricomposteras, un tanque para producir biol y un vivero en proceso de implementación, donde quieren producir orquídeas y plantas ornamentales; además, aprenden a recuperar todos los materiales reciclables que antes iban a la basura.
“Hoy sabemos que podemos que desde una tapa de una botella puede servirnos para hacer negocio”, afirma Centeno, quien es presidente de la asociación que han conformado.
Cada compostera tiene capacidad para procesar aproximadamente una tonelada de residuos orgánicos. Hace apenas un mes realizaron su primera cosecha de compost y obtuvieron una tonelada de abono. Ahora proyectan una producción mensual de 10 toneladas de abono.
Todo el proceso es manual, explica Javier. Primero recuperan residuos orgánicos del mercado. Luego los separan, clasifican y pican cuidadosamente antes de iniciar el compostaje acelerado. El tamaño y tipo de picado influye directamente en la velocidad de descomposición y en la calidad final del compost. Por eso gran parte del trabajo requiere tiempo, detalle y paciencia.
Dentro de ese proceso, la participación femenina es clave, especialmente en las tareas de selección y clasificación. Actualmente el grupo dedica las mañanas exclusivamente al emprendimiento, generalmente entre las 7:00 y las 12:00, después de haber trabajado durante toda la madrugada descargando mercadería.

Más allá del compost
Mientras aprendían a transformar residuos en abono, el grupo descubrió una dura realidad. Toneladas de alimentos seguían terminando en la basura: papa, cebolla, zanahoria, tomate, frutas y verduras que ya no podían comercializarse, pero que todavía eran aptas para el consumo.
Entonces nació otra idea: crear un banco de alimentos. Comenzaron a recuperar productos directamente desde los camiones antes de que terminaran mezclados con los residuos orgánicos. El proceso incluye recolección, selección, limpieza, desinfección, clasificación y empaquetado.
Actualmente entregan esos productos en un hogar de niños con problemas de nutrición y los comercializan a un precio muy bajo porque necesitan cubrir los costos operativos. La idea es ampliar progresivamente el proyecto hacia hogares de niños, adultos mayores, hospitales e incluso cárceles. Para eso todavía necesitan apoyo técnico y protocolos adecuados de inocuidad alimentaria.

Más que dinero, dignidad
“Todos los residuos que se botan, nosotros los transformamos en dinero”, explica Ciro. Pero para ellos el proyecto es más que economía, es dignidad. “Somos jefes de nuestros propios trabajos”, dice con orgullo.
“Semilla Urbana representa la riqueza, en todo. Es un cambio de vida, podemos recuperar todo lo que se puede botar y también hacer un bien al medio ambiente”, afirma Ciro. El y sus compañeros ven en su emprendimiento una posibilidad concreta de dejar atrás años de informalidad en un oficio al que todos llegaron por necesidad.

Hoy reciben el acompañamiento técnico de la Empresa Municipal de Aseo Urbano (Emacruz) y Swisscontact, en el marco del proyecto de Ciudades Circulares. Este programa busca incrementar el reciclaje, fortalecer los sistemas de recolección y mejorar las condiciones de vida y trabajo de los recolectores de residuos, promoviendo su formalización y dignificación laboral.
Estas instituciones han visto en “Semilla Urbana” un emprendimiento con “alto potencial de escalamiento”, que ya logró validar distintas líneas de trabajo vinculadas al compostaje, el banco de alimentos y el reciclaje.
Gracias a convenios con la administración del mercado, hoy cuentan con una oficina, sala de trabajo, área de acopio y baño propio. Además, el apoyo técnico ha sido fundamental. Javier se emociona al ver los productos que están elaborando y cuenta que están trabajando en la producción de compost con características especiales para diferentes tipos de plantas, en un trabajo junto a Antonio Peredo, el técnico que acompaña el proceso.

Los planes se multiplican como sus productos. Por ejemplo, en el reciclaje hoy incluyen plástico PET, plástico termo contraíble, cartón, aluminio y otros materiales recuperados dentro del mercado.
Su meta es instalar entre 10 y 15 puntos de recolección y clasificación. Un estudio de 2021, estableció que el Mercado Nuevo Abasto generaba aproximadamente 23,33 toneladas diarias de residuos, pero Emacruz considera que hoy la cifra es mayor. En la ciudad, el 60% de lo que llega al vertedero son residuos orgánicos.
Por eso, los socios sueñan en grande. Quieren formalizar su emprendimiento y competir en el mercado con otras empresas. Ya están trabajando para obtener su personería jurídica. Además, planean profesionalizar a cada integrante para que existan responsables específicos en compost, reciclaje, administración y gestión institucional. El plan incluye ampliar el banco de alimentos.
Para esto, desean organizar su trabajo en dos y hasta tres turnos, aprovechando que el mercado funciona las 24 horas, lo cual también pasa por incorporar a otros carretilleros, incluso, aquellos que no les creyeron.
“Este tiene que ser el ente para que muchas personas entren a trabajar con nosotros, el lugar donde les cambiemos de vida”, dice Albino. Ciro también imagina el futuro: el primer paso es tener un vehículo y continuar creciendo.
Semilla Urbana nació en medio de la incredulidad, pero sus integrantes decidieron creer y crecer. Hoy su semilla sigue germinando y creando. Allí no solo avanza el reciclaje y surgen abono o plantas; allí se consolida una nueva forma de ver y aprovechar lo que hasta hace poco solo era basura.

Foto principal: Ciro Centeno explica cómo se deben colocar los residuos de frutas y verduras en las composteras. Foto Swisscontact
