ENERGÍA. Aprovechar el gas fortalecería la seguridad energética, impulsaría el empleo y reduciría las emisiones, pero la quema continúa aumentando por falta de infraestructura, inversión y voluntad política.
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Mientras más de 500 millones de personas en los países en desarrollo siguen sin acceso confiable a la electricidad, la industria petrolera desperdició en 2025 un volumen de gas suficiente para abastecer prácticamente todo el consumo anual de África. Para el Banco Mundial, esta paradoja refleja uno de los mayores desafíos de la seguridad energética global: un recurso valioso continúa quemándose en lugar de utilizarse para generar energía, empleo y crecimiento económico.
El informe Global Gas Flaring Tracker 2026 revela que durante el año pasado se quemaron 167.000 millones de metros cúbicos (bcm) de gas, un 6 % más que en 2024, alcanzando el nivel más alto desde 2019 y registrando el tercer incremento anual consecutivo. La producción mundial de petróleo, en cambio, aumentó solo 3,3 %, lo que evidencia que la quema está creciendo a un ritmo superior al de la extracción de crudo.
El valor del gas desperdiciado se estima en 54.000 millones de dólares, una cifra equivalente a cerca de tres cuartas partes de la inversión necesaria para eliminar la quema rutinaria en todo el mundo. Según el Banco Mundial, el costo para lograrlo oscilaría entre 70.000 y 100.000 millones de dólares, una inversión que podría recuperarse mediante el aprovechamiento comercial del propio gas.
Un recurso desperdiciado en tiempos de incertidumbre
El informe pone en perspectiva la magnitud del desperdicio. Los 167.000 millones de metros cúbicos (MMmc) de gas quemados durante 2025 equivalen al 94 % del consumo anual de gas de África (178.000 MMmc) y superan el volumen de gas natural licuado (GNL) que atravesó el Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más estratégicas del mundo.
«El gas que se quema actualmente podría capturarse para alimentar industrias y empresas, crear empleos y fortalecer la seguridad energética», afirmó Demetrios Papathanasiou, director global de Energía del Banco Mundial.
El organismo recuerda que numerosos países continúan importando gas a elevados costos mientras queman importantes volúmenes del recurso que extraen junto con el petróleo. Aprovechar ese gas permitiría ampliar el acceso a la electricidad, reducir la dependencia de importaciones, generar ingresos para los Estados y disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
El problema está concentrado
Aunque la quema de gas ocurre en decenas de países, el fenómeno se concentra en un grupo reducido de productores. Rusia, Irán, Iraq, Venezuela, México, Libia, Argelia, Nigeria y Estados Unidos representan el 83 % de toda la quema de gas del planeta, pese a producir únicamente el 46 % del petróleo mundial. Para el Banco Mundial, esta concentración demuestra que acciones focalizadas por parte de unos pocos gobiernos podrían generar reducciones significativas.

Más del 60 % del incremento registrado en 2025 se produjo únicamente en Rusia, México e Irán, cuyos aumentos combinados fueron casi tres veces superiores a todas las reducciones logradas por los países que sí disminuyeron su quema de gas durante el año.
Además del desperdicio económico, la quema de gas tiene consecuencias sobre el desarrollo y el empleo. El BM recuerda que en África las interrupciones del suministro eléctrico están asociadas con una reducción del 13,5 % del empleo y del 19 % del empleo calificado. Asimismo, las empresas pierden alrededor del 8 % de sus ventas anuales debido a los cortes de energía.
Si el gas actualmente quemado fuera recuperado y utilizado para generar electricidad, podría contribuir significativamente a ampliar el acceso a la energía y fortalecer la actividad productiva, especialmente en países que todavía enfrentan importantes déficits de infraestructura energética.
Desde una perspectiva ambiental, el informe estima que la quema de gas generó en 2025 alrededor de 429 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO₂e), de las cuales 50 millones corresponden a emisiones de metano no completamente quemado. Los autores advierten que las emisiones reales podrían ser incluso mayores si se consideran antorchas que operan de manera ineficiente o permanecen apagadas.
Hay ejemplos que muestran que es posible
El estudio sostiene que el principal obstáculo ya no es tecnológico. Las herramientas para capturar y aprovechar el gas asociado existen, pero persisten barreras relacionadas con infraestructura insuficiente, acceso al financiamiento, mercados poco desarrollados y regulaciones débiles.
Entre los casos exitosos destaca Estados Unidos, que registró la mayor reducción absoluta del mundo al disminuir la quema en 7 %, gracias a la entrada en operación del gasoducto Matterhorn Express en la Cuenca Pérmica.
Otro ejemplo es Kazajstán, que redujo la quema en 16 % durante 2025 y acumula una disminución del 87 % desde 2012, resultado de una combinación de regulación sostenida e inversiones en infraestructura.
El informe concluye que el mundo ya dispone de la tecnología y de los mecanismos regulatorios para reducir la quema rutinaria de gas. El desafío pasa ahora por convertir ese recurso desperdiciado en una fuente de energía, empleo y desarrollo, en un contexto de creciente demanda energética y de incertidumbre en los mercados internacionales.
