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Tapatón: el impacto de la cadena solidaria que ayuda a sostener el tratamiento de niños con cáncer

SOLIDARIDAD. La última campaña reunió 9.284 kilos de tapitas y permitió entregar más de Bs 53.000 en medicamentos e insumos al Hospital Oncológico de Santa Cruz. La solidaridad ayuda a sostener la atención de alrededor de 300 pacientes pediátricos.

Guardar una tapita en lugar de arrojarla a la basura puede parecer un gesto demasiado pequeño frente al cáncer infantil. Una sola pesa apenas unos gramos y prácticamente no tiene valor. Se necesitan alrededor de 500 para completar un kilogramo.

Pero cuando ese gesto se repite todos los días en miles de hogares, escuelas, oficinas y empresas, las tapitas pueden convertirse en antibióticos, medicamentos oncológicos, agujas para quimioterapia, catéteres o soluciones intravenosas para quienes no pueden costear estos insumos.

La última Tapatón, realizada a fines de junio, reunió 9.284 kilogramos de tapitas plásticas: más de 4,6 millones de unidades que la población decidió guardar y entregar durante la actividad organizada por Empacar, la Fundación Tapitas por los Chicos, Embol y sus aliados.

El resultado fue la entrega de una dotación de medicamentos e insumos médicos valorada en más de 53.000 bolivianos para el área de pediatría del Hospital Oncológico de Santa Cruz. La entrega incluyó antibióticos y otros medicamentos específicos para tratamientos oncológicos, equipos de infusión, catéteres, cánulas, agujas especiales para port-a-cath, humidificadores de oxígeno y otros materiales necesarios para la atención diaria de los pacientes.

Una ayuda que nunca es suficiente

La cifra resulta significativa, pero también permite dimensionar el costo de atender el cáncer infantil. Soraya Kissen, presidenta de la Fundación Tapitas por los Chicos, explica que algunos medicamentos requeridos por un solo paciente pueden costar entre 14.000 y  15.000 bolivianos.

Las necesidades son múltiples y cambian constantemente. Por eso, la Fundación coordina las compras con la Jefatura de Pediatría del Hospital Oncológico, que prepara una lista de los medicamentos e insumos de mayor urgencia.

“A veces es una lista de 100 medicamentos y nosotros tratamos de comprar por lo menos uno de cada uno, para que tengan. Pero eso puede ser tratamiento para un día; no alcanza para más”, señala.

La demanda es permanente. Por ello, además de las dos grandes jornadas que se realizan cada año, la Fundación recolecta tapitas durante los 365 días. Hasta junio, este trabajo había permitido entregar cerca de 120.000 bolivianos. De acuerdo a Kissen, alrededor de 300 niños de distintos lugares de Bolivia se encuentran en tratamiento en el Hospital Oncológico. Habitualmente, entre 30 y 40 atraviesan las primeras etapas o reciben tratamiento más intensivo.

Muchos provienen de familias de escasos recursos y llegan desde otros departamentos. Además de conseguir medicamentos, deben afrontar los costos de transporte, alimentación y alojamiento, mientras uno o ambos padres dejan temporalmente su trabajo y su hogar para acompañarlos.

“Los costos son altísimos. No solamente se trata del tratamiento, los insumos médicos o los medicamentos, que ahora además son difíciles de encontrar. Muchas familias vienen de fuera de Santa Cruz y tienen que cubrir su alimentación y todo lo que implica permanecer aquí”, explicó María Eugenia Terceros, gerente de Sostenibilidad de Empacar.

La Tapatón realizada a fines de junio, permitió entregar más de 53 mil bolivianos en medicamentos e insumos para el tratamiento de los niños con cáncer.

Acciones durante todo el año

La población puede aportar sin esperar las dos grandes jornadas de la Tapatón. A través de un convenio que la Fundación mantiene con Boliviana de Aviación (BOA), también se pueden trasladar las tapitas reunidas en otros departamentos.  Además, existen puntos permanentes de recepción en Santa Cruz, entre ellos un contenedor instalado fuera del Hospital Oncológico. 

Las tapas de los lubricantes Repsol también serán parte de la campaña para ayudar a los niños con cáncer.

A estos canales se sumó recientemente una alianza entre Latco Universal, representante oficial de Repsol Lubricants en Bolivia, Empacar y la Fundación Tapitas por los Chicos. La iniciativa incorpora a la red nacional de lubricentros autorizados de Repsol como puntos de recolección de tapas de envases de lubricantes.

La campaña, denominada “Tapita por los Chicos”, busca involucrar especialmente a transportistas, mecánicos y usuarios de estos productos. Para incentivar su participación, se estableció un sistema de canje: por cada 12 tapas de envases de lubricantes de un litro se entregará una tarjeta de recarga telefónica de 10 bolivianos, mientras que por cinco tapas de bidones de cuatro litros se otorgará una recarga de 20 bolivianos.

Las tapas recolectadas en los lubricentros serán entregadas a Empacar para su procesamiento. El valor económico generado mediante el reciclaje será canalizado a la Fundación. La incorporación de los lubricentros amplía los puntos de recepción y suma al sector automotriz a la campaña. También permite recuperar un residuo plástico específico que, de otro modo, podría terminar mezclado con la basura.

Una campaña que comenzó con 500 kilos

La Fundación Tapitas por los Chicos inició su actividad en 2018. Las primeras jornadas reunían entre 400 y 500 kilogramos. Después de la pandemia, la primera Tapatón alcanzó alrededor de 3.000 kilos.

“Rezábamos para poder llegar a los 10.000 bolivianos. Después, recibir 12 toneladas en una Tapatón y contar con esos fondos para comprar medicamentos fue una alegría enorme, no solamente para la Fundación, sino por la solidaridad demostrada por la gente”, recuerda Kissen.

El impacto de cada Tapatón nace de la suma de pequeñas cantidades guardadas durante semanas o meses por familias enteras. “Vemos con mucho entusiasmo cómo se van sumando las familias. La gente nos escribe para preguntar cuándo será la próxima Tapatón y, cuando no puede llegar a la jornada, consulta dónde puede dejar sus tapitas”, relata Terceros.

La campaña además de generar recursos para la compra de medicamentos e insumos, permite recuperar plástico para su reciclaje y evita que termine mezclado con otros residuos.

Comprender la urgencia desde la experiencia

Para Kissen, la campaña tiene también una dimensión personal. Hace unos años, su hija fue diagnosticada con leucemia linfoblástica pro-B y tuvo que viajar a Argentina ante la posibilidad de necesitar un trasplante de médula ósea, un procedimiento que entonces no se realizaba en Bolivia.

La niña fue atendida en el Hospital de Pediatría “Prof. Dr. Juan P. Garrahan” y respondió favorablemente al tratamiento, por lo que finalmente no necesitó el trasplante. La experiencia permitió a Kissen conocer la angustia de las familias que buscan una alternativa para salvar la vida de sus hijos.

“Mi hija, gracias a Dios, sanó. Tuve la posibilidad de llevarla a otro país, pero sé lo que significa atravesar esa necesidad. Si hubiera tenido que pagar su tratamiento, habría necesitado entre 200.000 y 300.000 dólares”, relata.

Asumir la presidencia de la Fundación significó regresar al hospital y enfrentarse nuevamente con el dolor y la incertidumbre. También le permitió acompañar a madres y padres que la llaman incluso de madrugada cuando necesitan un medicamento, un análisis o ayuda para trasladar a sus hijos.

“A pesar de que hay muchas fundaciones, sigue faltando apoyo, porque la necesidad es muy grande. Como mamá, entiendo la desesperación por la que pasan”, afirma.

La Fundación se originó, precisamente, en la iniciativa de un niño. Agustín, hijo de Florencia Maldonado, comenzó a reunir tapitas y propuso venderlas para comprar medicamentos destinados a niños con cáncer. Aquella idea dio lugar a una organización que hoy articula la participación de familias, empresas e instituciones.

Cuando la familia de Agustín se trasladó a Estados Unidos, Maldonado pidió a Kissen que asumiera la conducción de la Fundación. Aunque inicialmente dudó por lo difícil que resultaba revivir su propia experiencia, finalmente decidió continuar con la iniciativa.

El valor de una acción cotidiana

La Tapatón no puede cubrir por sí sola todos los requerimientos de los niños con cáncer. Sin embargo, permite responder a necesidades concretas y aliviar parte de la carga que enfrentan las familias.

Carlos Limpias, gerente general de Empacar, considera que el verdadero valor de la campaña se hace visible cuando el material recolectado se convierte en una respuesta concreta para los pacientes. Ese impacto comienza mucho antes de la llegada de los insumos al hospital: empieza cuando alguien termina una bebida o un producto y, en lugar de arrojar la tapa a la basura, decide guardarla.

Una tapita no cubre un tratamiento. Pero millones de tapitas juntas pueden ayudar a que un medicamento o un insumo esté disponible cuando un niño lo necesita.

La próxima Tapatón se realizará a finales de 2026. Hasta entonces, el llamado es a colocar un recipiente en casa, guardar las tapitas, llevarlas a alguno de los puntos de recepción e invitar a otras personas a sumarse.

“Cada tapita significa esperanza para estos niños y para sus familias”, resume Kissen.