Una convocatoria para escribir un cuento termina siendo mucho más que una competencia. Para diez estudiantes de secundaria de Santa Cruz, la experiencia de participar en el concurso intercolegial “Pequeñas historias, grandes valores” se convirtió en ser parte de un libro. Sus relatos forman parte de “Raíces del Oriente, Cuentos que Siembran Valores”, una publicación que fue presentada por la Universidad Privada Franz Tamayo, Unifranz.
La iniciativa nació desde la carrera de Comunicación y Periodismo Digital de Unifranz sede Santa Cruz. El propósito era incentivar la lectura, la escritura y la comprensión lectora entre estudiantes de primero a sexto de secundaria, utilizando la creación literaria como una experiencia para desarrollar la imaginación y la capacidad narrativa.
La respuesta de los estudiantes permitió reunir cerca de 100 cuentos. Las historias fueron inspiradas en valores, experiencias cotidianas y elementos de la identidad cultural cruceña, dando lugar a una selección de diez relatos que ahora tienen un espacio dentro de un libro.
“Leer y escribir también es una forma de construir identidad: estos cuentos rescatan valores, creatividad y elementos propios de la cultura cruceña”, expresó Fabiola Vargas, directora de la carrera de Comunicación y Periodismo Digital de Unifranz.
Una mirada desde la creatividad
La iniciativa se desarrolla en un contexto en el que la comprensión lectora continúa siendo un desafío para el sistema educativo boliviano. Datos del Observatorio Plurinacional de la Calidad Educativa y de UNESCO-LLECE muestran que solo tres de cada diez estudiantes comprenden lo que leen.
La dificultad para comprender un texto no afecta únicamente el desempeño en Lenguaje. Leer implica interpretar información, relacionar ideas, construir conclusiones y desarrollar criterios propios, capacidades que atraviesan distintas áreas de aprendizaje.
En ese escenario, promover que los estudiantes lean y, al mismo tiempo, escriban sus propias historias representa una manera de trabajar esas habilidades desde una experiencia concreta.
“Leer y escribir también es una forma de construir identidad,: estos cuentos rescatan valores, creatividad y elementos propios de la cultura cruceña”, agregó Vargas.
La propuesta buscó precisamente que la lectura y la escritura no fueran abordadas únicamente como una obligación académica, sino como herramientas para crear y comunicar.
Diez historias que pasan del concurso a las páginas
El resultado de la convocatoria no se limita a reconocer a los ganadores. Los diez cuentos seleccionados fueron reunidos en “Raíces del Oriente, Cuentos que Siembran Valores”, para dar continuidad al trabajo realizado por los estudiantes.
Entre los autores están los tres ganadores del concurso: Minerva Revollo, del colegio María Goretti II, quien obtuvo el primer lugar con «Más allá del muro»; Sofía Chumacero, del colegio Cristo Rey, segundo lugar con «Se puede decir: No»; y Rubén Pérez, del colegio María Goretti II, tercer lugar con «Urutú: el despertar del polvo ancestral».
A ellos se sumaron otros siete estudiantes cuyos cuentos también fueron seleccionados para integrar la publicación: Elías Guzmán, del colegio Cristo Rey, con El niño con el sombrero de Saó; Eliane Lobo, del colegio La Salle Tarde, con Los que se van; Ana B. Condori, del colegio C.P.E. Ágape, con El puente que unió a San Miguel; José A. Piloy, del colegio C.P.E. Ágape, con El tajibo que enseñó a un barrio a unirse; Carola Cabrera, del colegio María Goretti II, con El secreto del bibosi; Michelle Velasco, del colegio Espíritu Santo, con El secreto de los Parada; y Jhosue L. Ramírez, de Soria School, con El tajibo de la unidad.
La selección permite que el proyecto trascienda la lógica de un concurso. Los tres primeros lugares recibieron un reconocimiento por su desempeño, pero las diez historias encuentran un espacio común en una publicación que busca llegar a nuevos lectores.
“El talento de los jóvenes necesita espacios para expresarse; cuando la educación abre esas oportunidades, las ideas pueden convertirse en historias que trascienden el aula”, explicó Vargas.
Contar el lugar donde vivimos
Uno de los elementos que atraviesa la propuesta es la identidad cultural. Los estudiantes fueron invitados a incorporar en sus historias referencias vinculadas con la vida cotidiana y la cultura cruceña.
Así, la escritura se convierte también en una manera de observar el entorno. Los jóvenes partieron de aquello que conocen para construir personajes, situaciones y relatos que hablan de su comunidad desde una mirada propia.
En “Raíces del Oriente, Cuentos que Siembran Valores”, esa mirada queda reunida en diez historias. Cada una nace de la imaginación de un estudiante, pero también de su manera particular de interpretar aquello que lo rodea.
El proyecto también buscaba involucrar a docentes, familias y unidades educativas. La formación de hábitos lectores no depende únicamente del estudiante, sino del acompañamiento que recibe en los distintos espacios donde aprende.
“Esperamos que esta convocatoria motive a más estudiantes a descubrir el valor de la lectura y la escritura como herramientas de crecimiento personal y académico. Considero también que uno de los aspectos más importantes de este proyecto es involucrar a docentes, familias y unidades educativas en un proceso formativo que promueva el hábito lector y la producción escrita”, sostiene Vargas.
Un concurso que deja algo más que ganadores
El valor del concurso “Pequeñas historias, grandes valores” está, finalmente, en lo que ocurre después de la competencia. Cerca de un centenar de estudiantes se animó a escribir. Diez cuentos fueron seleccionados para formar parte de un libro y tres autores recibieron los primeros lugares. El proceso permitió que la escritura dejara de ser solamente una actividad escolar para convertirse en una experiencia de creación, reconocimiento y publicación.
El libro “Raíces del Oriente, Cuentos que Siembran Valores” recoge ahora ese resultado. Sus páginas reúnen las voces de estudiantes de secundaria que encontraron en el cuento una manera de imaginar, transmitir valores y contar historias desde su propio entorno.
Más que enseñar a escribir un cuento, la experiencia logró que los estudiantes descubrieran que leer, escribir y contar también son formas de comprender el mundo y construir una voz propia.
