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Jhonatan, Valeria y Mary Luz: el mundial de robótica en el horizonte y la tecnología como proyecto de vida

TECNOLOGÍA. Los tres estudiantes representarán a Bolivia en el FIRST Global Challenge 2026. Mientras construyen el robot con el que competirán en Corea del Sur, buscan completar el financiamiento para el viaje y proyectan aplicar sus conocimientos a la agricultura, la salud, el medioambiente y la formación de otros jóvenes.

Karina Vargas Alba

Clasificar fue apenas el primer paso. Desde principios de agosto, Jhonatan Yucra, Mary Luz Laura Canaviri y Valeria Vargas Llanquipacha se preparan para construir el robot que representará a Bolivia en el FIRST Global Challenge 2026, que reunirá a delegaciones de más de 190 países del 7 al 10 de octubre en Incheon, Corea del Sur.

Ya tienen un lugar asegurado en el mundial, pero, junto con los organizadores locales, todavía buscan completar el financiamiento para cubrir los pasajes y la inscripción. Esta semana tendrán la entrevista para obtener sus visas, mientras avanzan con una preparación que combina encuentros virtuales y reuniones presenciales en Sucre.

La competencia es su meta inmediata, pero la tecnología está en sus proyectos de vida. Mary Luz quiere acercar la robótica a estudiantes de áreas rurales y desarrollar soluciones para la agricultura; Jhonatan imagina proyectos que respondan a las necesidades de las comunidades productoras y del sector salud; y Valeria quiere explorar la robótica y la inteligencia artificial para enfrentar problemas sociales y ambientales.

Los tres llegaron desde diferentes lugares y con recorridos distintos. Mary Luz tiene 17 años, cursa la promoción en el colegio Mariscal Santa Cruz y vive en Achacachi, La Paz. Jhonatan, también de 17, procede de Redención Pampa, en el municipio chuquisaqueño de Mojocoya. Valeria tiene 15 años, estudia cuarto de secundaria en el colegio Montessori y vive en Sucre.

Hasta la competencia nacional, realizada del 6 al 12 de julio, no habían trabajado juntos. Ahora tendrán que combinar sus conocimientos de programación y mecánica, distribuir responsabilidades, corregir fallas y aprender a tomar decisiones bajo presión. También tendrán que formar alianzas con delegaciones de otros países, una capacidad que resultó decisiva para su clasificación.

Fortalezas individuales para formar un equipo

Este año, FIRST Bolivia cambió su modalidad de selección. En lugar de recibir equipos previamente conformados, evaluó individualmente a estudiantes de 14 a 18 años en programación, mecánica, liderazgo, creatividad, resiliencia y resolución de problemas.

La convocatoria, presentada bajo el lema “No necesitas conocimientos previos”, buscaba capacidades que no siempre pueden desarrollarse por falta de laboratorios, equipos o acompañamiento especializado. También pretendía comprobar directamente qué podían hacer los estudiantes, luego de detectar que en versiones anteriores algunos robots llegaban construidos con una intervención excesiva de profesores o tutores.

FIRST Bolivia es organizado por la Fundación NAPP y la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación (AGETIC), con el apoyo de Unicef. Además de conformar la selección nacional, promueve el aprendizaje de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas entre jóvenes de áreas urbanas y rurales.

Más de 300 estudiantes participaron en la fase virtual. Durante cuatro semanas recibieron capacitación y cumplieron tareas de programación, mecánica y habilidades blandas, como comunicación, liderazgo y manejo de la presión. Los mejores de cada departamento -un hombre y una mujer- avanzaron a la etapa nacional, junto con algunos postulantes que sobresalieron en áreas específicas. En total, 22 jóvenes llegaron a Sucre para siete días de capacitación, evaluaciones y pruebas.

Allí fueron distribuidos al azar en equipos con estudiantes de otros departamentos. Cada grupo recibió un kit similar al utilizado en el mundial y tuvo cerca de tres días para construir un robot, un proceso que en una competencia internacional puede extenderse durante tres meses.

“Si ya sabías robótica, podías aplicar esos conocimientos; y, si no, te capacitaban. Construíamos el robot delante de los ingenieros. Fue mucho más práctico”, explicó Mary Luz.

La experiencia los obligó a organizarse con personas que acababan de conocer, convertir rápidamente sus ideas en mecanismos y responder a problemas técnicos. “Los tres queríamos ganar y todos teníamos ideas. Como el tiempo nos estaba pisando, teníamos que convertirlas rápidamente en realidad”, recordó Jhonatan.

Las alianzas y la estrategia fueron la clave para que estos tres jóvenes ganaran la competencia.

Dos robots que se complementaron

La prueba final simuló parte de la dinámica del mundial. Los robots debían recoger pelotas que representaban brotes de fuego y lanzarlas hacia objetivos que cumplían la función de extintores.

El equipo de Jhonatan y Valeria había desarrollado un buen mecanismo de lanzamiento, pero tenía dificultades para recoger y almacenar las pelotas. El grupo de Mary Luz presentaba la fortaleza contraria: podía recolectarlas y transportarlas con eficiencia, pero necesitaba un sistema para lanzarlas.

Ambos grupos decidieron formar una alianza. El robot de Mary Luz recogía y entregaba las pelotas, mientras el de Jhonatan y Valeria las recibía y lanzaba. Juntos alcanzaron 111 puntos y rompieron el récord de la competencia.

“Nuestro robot iba y se posicionaba directamente para el lanzamiento. El robot del equipo de Mary Luz nos pasaba las pelotas y así entraban todas. Pudimos complementarnos”, relató Valeria.

La alianza también ayudó a enfrentar la falla de uno de los servomotores del equipo de Jhonatan. Con poco tiempo para reaccionar, los estudiantes reorganizaron sus tareas y buscaron una solución inmediata.

“Nos dimos cuenta de que estábamos siendo muy competitivos en una competencia que exigía estrategia y colaboración. No era solamente una participación individual; teníamos que aprender a trabajar mediante alianzas”, señaló Jhonatan.

Ese aprendizaje será fundamental en Incheon, donde las delegaciones deberán competir y, al mismo tiempo, identificar las fortalezas de otros robots para construir estrategias conjuntas.

Tecnología frente a los incendios

La edición 2026 del FIRST Global Challenge se desarrollará bajo el tema “Igniting Innovation” -“Encendiendo la innovación”- y estará enfocada en la prevención, mitigación y recuperación frente a los incendios forestales.

Los equipos construirán robots con un kit estandarizado para responder a un entorno simulado. Además, deberán examinar los problemas relacionados con los incendios en sus países y explorar soluciones que incorporen datos, automatización e investigación científica.

Para los representantes bolivianos, el desafío es cercano. “En Bolivia hay regiones donde los incendios se expanden y llegan a quemar grandes hectáreas. Siento que la competencia encaja muy bien con el país porque, mediante la robótica, podemos proponer soluciones a problemas reales”, sostuvo Jhonatan.

Valeria también identifica al cambio climático y los incendios entre los problemas que le gustaría abordar. Para ella, la robótica no debe quedar limitada a una competencia, sino convertirse en una herramienta para responder a desafíos sociales y ambientales.

Mary Luz Laura era la única mujer en el grupo de robótica de su colegio. Eso no la frenó y hoy se alista para viajar a Corea del Sur.

Mary Luz: abrir camino desde Achacachi

Mary Luz participa en FIRST desde 2023 y en 2024 integró el equipo boliviano que compitió en Atenas, Grecia. Esa experiencia puede ayudar a sus compañeros a anticipar las exigencias del mundial y relacionarse con otras delegaciones.

Su recorrido comenzó en Achacachi, donde la robótica todavía tiene una presencia limitada. En sus primeras competencias era la única mujer, pero decidió continuar. “Me gusta enfrentarme a retos y decidí participar, aunque fuera la única mujer. Si ellos podían hacerlo, ¿por qué yo no?”, recordó.

Con el tiempo, otras estudiantes de su colegio comenzaron a interesarse en esta área. Ahora Mary Luz quiere acompañar a jóvenes de las provincias y ofrecerles la orientación que ella no tuvo al comenzar.

También piensa en desarrollar tecnología para la agricultura. Aunque su madre es profesora y su padre trabaja como chofer, observa de cerca los problemas que enfrentan las familias productoras de Achacachi, donde cultivos como papa, quinua, trigo y oca están expuestos a sequías, heladas y cambios repentinos del clima.

Esta fue la tercera vez que Valeria Vargas participó en la competencia. La robótica y la inteligencia artificial están en su futuro laboral.

Valeria: llegar después de tres intentos

Valeria se interesa por la programación y la robótica desde los 10 años. En 2024 obtuvo el tercer lugar departamental, pero no avanzó a la etapa nacional. Volvió a presentarse en 2025 sin alcanzar la clasificación y este año encontró en la evaluación individual una nueva oportunidad.

“Después de mucho esfuerzo y de muchos intentos pude llegar al mundial”, resumió.

No pertenece a un grupo permanente de robótica y ha buscado por cuenta propia las competencias en las que participa. Ahora considera que representar al país es un orgullo y una responsabilidad.

También destaca que, por primera vez, el equipo boliviano está integrado por más mujeres que hombres. A futuro, quiere estudiar robótica o una carrera relacionada con inteligencia artificial y utilizar esas herramientas frente a la desigualdad, el cambio climático y otros desafíos.

Jhonatan Yucra vive en Redención Pampa, un municipio de Chuquisaca. En el futuro quiere aplicar la tecnología a la producción agrícola y a la salud.

Jhonatan: soluciones para su comunidad

Jhonatan vive en Redención Pampa, una comunidad productora de trigo donde la robótica todavía ocupa un espacio reducido. Conoció la competencia gracias a un profesor que motivaba a sus estudiantes a participar en actividades tecnológicas.

Las capacitaciones le permitieron comprender mejor la conexión de los componentes, la función de los mecanismos y la programación de un robot. La fase nacional también puso a prueba su capacidad para comunicarse, mantener la calma y buscar soluciones bajo presión.

Aunque todavía no ha definido qué carrera estudiará, quiere mantenerse ligado a la tecnología y aplicar lo aprendido en su comunidad. La producción agrícola le muestra un campo de trabajo, mientras la experiencia de sus padres, quienes trabajan en centros de salud de comunidades cercanas, le permite imaginar aplicaciones en la atención sanitaria.

“Voy a buscar soluciones para mi comunidad y crear proyectos que puedan ayudar a otros lugares donde necesiten este tipo de tecnología”, afirmó.

Bolivia quiere volver al podio

La selección tiene el desafío de repetir destacadas actuaciones de Bolivia. El país estuvo entre los 20 mejores equipos en Estados Unidos en 2017, obtuvo un reconocimiento a la ingeniería en Dubái en 2019 y alcanzó el tercer lugar mundial en Singapur en 2023 y Panamá en 2025.

Esos antecedentes elevan las expectativas, pero también les marcan a Mary Luz, Jhonatan y Valeria que Bolivia y ellos pueden competir de igual a igual con los mejores.

Antes tendrán que construir su robot, combinar sus capacidades y conseguir los recursos necesarios para llegar a Corea del Sur. El resultado de octubre se medirá en puntos y posiciones, pero sus proyectos miran más lejos: hacia las aulas rurales, las comunidades productoras y los problemas sociales y ambientales que esperan ayudar a enfrentar mediante la tecnología.