EVALUACIÓN. La iniciativa de Cainco y Fundares adapta una metodología desarrollada en Perú, con el respaldo de la organización alemana BGA. Incluye autodiagnóstico y auditoría para verificar avances y orientar mejoras.
Usar menos agua y energía, aprovechar mejor las materias primas y reducir desperdicios puede mejorar el desempeño ambiental de una empresa y disminuir sus costos. Reconocer esas prácticas y orientar su mejora es el propósito del Sello de Ecoeficiencia Empresarial, presentado este jueves 22 de octubre en Santa Cruz de la Sierra y entregado por primera vez a Batebol y Empacar.
Ambas empresas recibieron el reconocimiento durante el Foro de Economía Circular 2026, organizado por la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco) y la Fundación para el Reciclaje, Energía y Sostenibilidad (Fundares). Empacar obtuvo el nivel Plata, dentro de un esquema que contempla las categorías bronce, plata y oro, según el desempeño verificado.
El modelo fue desarrollado por la Cámara de Comercio de Lima y adaptado a Bolivia por Cainco y Fundares, en el marco del proyecto Ecosistema al Cubo. La iniciativa conecta capacidades de Alemania, Perú y Bolivia, con la participación de la Federación Alemana de Mayoristas, Comercio Exterior y Servicios (BGA, por su sigla en alemán).
Julio Silva, director ejecutivo de Fundares, explicó que el sello reconoce buenas prácticas ambientales vinculadas con una gestión más eficiente. “Lo importante es esto, destacar esas buenas prácticas y mostrar que siempre hay opciones para seguir mejorando”, señaló.

Del autodiagnóstico a la verificación
El proceso comienza con un autodiagnóstico que permite identificar y ordenar las prácticas de la empresa. Después, una auditoría contrasta lo declarado con documentos, datos y visitas a las instalaciones. Las cámaras empresariales participan en la validación y puntuación de las evidencias.
“Si yo digo que algo hago bien, alguien tiene que venir y auditar y verificar que realmente lo estoy haciendo bien para tener este reconocimiento y posteriormente avanzar”, explicó Silva.
Los niveles responden a un proceso gradual: las empresas parten de condiciones distintas y cada categoría permite reconocer avances e identificar aspectos pendientes. Incluso el ingreso al nivel bronce exige cumplir criterios y demostrar las prácticas adoptadas.
“Los niveles muestran que hay aspectos por seguir trabajando, es una hoja de ruta hacia la mejora continua”, precisó Silva. El sello también puede preparar a las organizaciones para procesos posteriores de certificación, como los vinculados con las normas ISO.
Demostrar resultados y llegar a los proveedores
Durante la presentación, Marcus Venke, representante de la BGA, destacó la importancia de hacer visibles las mejoras que muchas empresas mantienen dentro de sus instalaciones.
“En mercados que piden cada vez más responsabilidad y transparencia, hacer las cosas bien importa, y poder demostrarlo también”, sostuvo.
Contar con evidencias ordenadas puede ayudar a mostrar el desempeño ante compradores, aliados y potenciales financiadores. Silva vinculó esa posibilidad con las exigencias ambientales que pueden incorporar las relaciones comerciales y las líneas de crédito.
La propuesta busca, además, llegar a la cadena de suministro. Algunas empresas ya expresaron interés en utilizar la herramienta para acompañar a sus proveedores en el uso eficiente del agua, la energía y los materiales.
Ese trabajo supone conocer sus condiciones, detectar brechas y fortalecer capacidades, especialmente entre pequeñas y medianas empresas. Tras la primera entrega a Batebol y Empacar, Cainco y Fundares buscan sumar organizaciones y extender estas prácticas a sus redes de producción y abastecimiento.
