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Cuando la universidad innova para incluir

Cecilia González Paredes, Ms.C.
Biotecnóloga y divulgadora científica

Lejos de reflectores y sin grandes presupuestos, estudiantes en la Universidad Privada Boliviana (UPB) demuestran que el talento nacional no necesita condiciones ideales para generar innovación con impacto social. La Silla Neurológica Inteligente, desarrollada por estudiantes y guía de profesores, merece ser contada como evidencia de lo que podríamos lograr con una política nacional coherente de desarrollo científico y tecnológico.

El proyecto nació de un proceso iterativo. Un prototipo anterior, aunque limitado, logró atraer nuevos financiadores. Ese esfuerzo abrió puertas: el embajador de Egipto en Bolivia realizó una donación que permitió llevar el desarrollo a su versión final, destinada a un menor con necesidades especiales en el Centro Virgen Niña – EPDB, obra social de la Iglesia Católica en El Alto.

La materia de Integración, que cursan estudiantes en últimos semestres buscando temas para sus trabajos de egreso, enmarca esta iniciativa. Bajo la dirección del Ph.D. Luis Salinas San Martín, Jefe de Carrera, y el Mgr. José Luis Vera, docente y jefe de laboratorios, los estudiantes aplicaron conocimientos teóricos a un problema real: mejorar la movilidad y calidad de vida de niños con parálisis.

Jazmín López Aruquipa lideró el proyecto, con colaboración de Santiago Gabriel Irusta Valverde y Rafael León, de Electromecánica, además de Tabata Pinto y Adriana Alvarez, de Electrocomunicación. Este equipo refleja el carácter interdisciplinario que requieren estos desarrollos.

Santiago destaca la oportunidad de construir tecnología innovadora y poco común en el mercado boliviano. Rafael enfatiza que su motor fue poner al servicio de la sociedad los conocimientos adquiridos en la universidad. Esa frase resume el propósito de cualquier formación en ingeniería: aplicar el saber técnico para resolver problemas reales.

La silla cuenta con sensor de voz y movimiento óptico, además de un sistema inteligente que previene accidentes. Si el niño indica que quiere avanzar ante gradas u obstáculos, la silla se frena automáticamente. La entrega del prototipo generó una reacción emotiva entre padres, la directora del hogar y asistentes. Ver la utilidad práctica tras meses de trabajo brindó satisfacción y motivación para seguir en proyectos de impacto social.

Los estudiantes coinciden en que es factible desarrollar e industrializar esta tecnología en Bolivia. El talento y conocimiento están presentes. Pero identifican obstáculos claros: la cadena de suministro y la importación de componentes. La dificultad para acceder a repuestos y materias primas de manera continua obliga a importar, incrementando costos y tiempos. Es una barrera estructural que limita escalar prototipos hacia productos comercializables.

Estas iniciativas no deberían depender exclusivamente del esfuerzo de universidades privadas o de la buena voluntad de docentes y estudiantes. Deberían ser parte de una estrategia nacional que reconozca el valor de la investigación aplicada y la vincule con políticas públicas de inclusión, salud y desarrollo tecnológico.

Bolivia tiene talento. Tiene universidades apostando por formación práctica. Tiene organizaciones sociales dispuestas a colaborar. Lo que falta es una política nacional coherente, sostenida y bien financiada de desarrollo científico y tecnológico.

Al final, la pregunta no es si Bolivia puede desarrollar tecnología. La evidencia muestra que sí puede. La pregunta es si estamos dispuestos a crear las condiciones para que eso ocurra de manera sistemática y escalable. La Silla Neurológica Inteligente es una muestra real de lo que se puede lograr. Nos muestra el camino. Ahora depende de todos nosotros decidir si lo seguimos o si dejamos que se apague por falta de políticas coherentes y mecanismos de financiamiento.