RECONOCIMIENTO. Llega al encuentro mundial de la FAO tras una década de trabajo con frutos amazónicos. La organización destaca el aporte de su asociación en la apertura de mercados y de generación de ingresos para las familias de su comunidad, vinculando la producción con la conservación del bosque.
Karina Vargas Alba
Lirio Lima Segovia lidera el trabajo de producción de asaí en su comunidad. En 2015 retornó a Trinchera, una población situada a 57 kilómetros de Cobija, y comenzó a impulsar la transformación de frutos del bosque que se consumían en los hogares amazónicos y que hoy generan ingresos para las familias de la zona.
Hoy, a las 08.00 de Bolivia, esta lideresa amazónica estará en Roma -Italia- como una de las 100 mujeres reconocidas como heroínas a nivel mundial por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) por su contribución a los sistemas agroalimentarios y el desarrollo rural.
La iniciativa, impulsada en el marco del Año Internacional de la Agricultora 2026, distingue a mujeres de distintos eslabones de los sistemas agroalimentarios. La FAO destaca su trabajo para ampliar el acceso a mercados, preservar conocimientos tradicionales e indígenas, proteger los recursos naturales y crear oportunidades de empleo y capacitación en comunidades rurales. La convocatoria recibió 609 candidaturas de 131 Estados miembros.
Oportunidades económicas para las mujeres
En el perfil de Lima, la FAO resalta su labor en la recolección, el procesamiento y la comercialización sostenible de frutos nativos amazónicos, en particular el asaí. También reconoce que su liderazgo ha abierto oportunidades económicas para las mujeres rurales y ha fortalecido una actividad ligada a la conservación de los bosques, el agua y la biodiversidad.
“Es una gran alegría, una gran satisfacción, pero también una gran responsabilidad representar a Bolivia”, dijo Lima. Espera que el reconocimiento anime a otras mujeres de comunidades rurales y haga visible un trabajo que, según señala, muchas veces no recibe suficiente atención.

Un legado familiar
Mientras terminaba el trámite para obtener su pasaporte y alistaba su viaje desde La Paz, Lirio contó a Portal Verde que creció en una familia vinculada al liderazgo rural y a la conservación. Su padre, Manuel Lima Bismar, fue dirigente de la Federación de Campesinos de Pando; su madre, Shirley Segovia, también ejerció liderazgo en las Bartolinas y fue representante de esa organización a nivel nacional. Desde niña, Lirio vio a sus padres trabajar por la tierra y la comunidad.
“Siempre he estado de cerca con la conservación. Desde niña vi cómo mis padres trabajaban por la tierra”, expresó.
Ese vínculo se convirtió en una decisión propia cuando regresó a Trinchera después de terminar sus estudios en la ciudad. Junto con impulsar la transformación, su trabajo la llevó a asumir un papel público sin buscarlo. Dice que siempre fue tímida y que no le atraía estar al frente de grupos numerosos, como ocurría con sus padres. No obstante, tras diez años de experiencia, reconocer que aprendió a desenvolverse con otras personas y a continuar el camino comunitario.
Un camino lento pero seguro
En 2016, Lirio y otras tres personas iniciaron el emprendimiento. La comunidad les cedió un espacio de dos por dos metros en la sede comunal y aportó para comprar una despulpadora y los utensilios básicos. Más adelante, con recursos de una convocatoria de Acceso en Pando y una contraparte de la comunidad, construyeron allí una pequeña infraestructura.
La Asociación de Recolectores, Productores y Transformadores de Frutos Amazónicos, conocida como ALFA, obtuvo su personería jurídica en 2018. En 2019 consiguió, mediante el Gobierno municipal de Porvenir, una infraestructura del Fondo Indígena, entregada en 2020. Después sumó congeladores, maquinaria y otros equipos con apoyo de distintas iniciativas e instituciones -entre ellas FAO, Conservación Amazónica y CIPCA-, además de sus propios aportes.
La asociación tiene diez socios y comercializa sus productos bajo marca Trinchera, el nombre de la comunidad donde hoy viven 25 familias, aproximadamente unas 90 personas. Aunque no todas son socias de la asociación, trabajan como recolectores y le venden los frutos; estos también llegan de otras comunidades. Lirio cuenta que en en Pando hay nueve asociaciones afiliadas a una federación departamental de productores de asaí.

Frutos de temporada y mercados por consolidar
Lo que comenzó como una actividad de temporada, va camino a convertirse en un trabajo permanente. Durante la cosecha del asaí, que suele extenderse entre abril y agosto, la planta puede procesar alrededor de una tonelada y media de fruta al día y obtener entre 600 y 800 kilos de pulpa. Este año, la cosecha se prolongó hasta septiembre. Por estos días ya están cosechando la palma real y se sumará el majo hasta noviembre, junto con el copoazú y el mango, entre otros frutos.
El objetivo de la asociación es mantener la planta activa durante los doce meses del año. Sin embargo, la disponibilidad de fruta no basta: también necesita mercados que sostengan la demanda. El asaí y el copoazú tienen mayor salida; productos como la palma real todavía encuentran un mercado más reducido. A eso se suman los costos de electricidad y de compra de materia prima.
Trinchera vende sus productos a clientes nacionales como la Empresa Boliviana de Alimentos (EBA) o Natur, además de «Pedacitos de Cielo» y otros emprendimientos de Pando. La asociación obtuvo registros sanitarios para la pulpa de asaí y, posteriormente, para la palma real, el copoazú y el majo, lo que le permite comercializar esos productos en el país.
La pandemia y la reactivación
La pandemia del Covid-19 interrumpió la producción durante un año. La asociación logró retomar el trabajo con el capital que había reunido de sus ventas y con una mayor capacidad de almacenamiento: su cámara permite acopiar hasta cinco toneladas. Antes debían producir, vender y recuperar el dinero para empezar de nuevo; ahora pueden sostener lotes mayores, aunque el desafío sigue siendo asegurar compradores y mantener la actividad.
Para Lima, el emprendimiento parte de una enseñanza de los antiguos dirigentes de Trinchera: aprender a vivir de lo que ofrece el bosque sin destruirlo. El procesamiento de frutos brinda una alternativa económica en la comunidad y permite que las mujeres participen en el trabajo de la planta, además de sus tareas en el hogar.
También busca ofrecer opciones para que los habitantes no tengan que migrar a la ciudad en busca de oportunidades que quizá no encuentren. “Le ha dado esa seguridad a nuestra gente”, dice Lima sobre el trabajo. La comercialización de frutos silvestres, reitera, abre una vía para que las familias aporten a sus hogares sin abandonar la comunidad.
Ese vínculo entre conservación y medios de vida está en el centro del reconocimiento de la FAO. La organización destaca que el trabajo de mujeres como Lirio fortalece empresas comunitarias y muestra cómo los frutos del bosque pueden generar beneficios sociales y económicos mientras se protege el ecosistema.
Un primer viaje y nuevas experiencias
Lima partió a Roma con la expectativa de conocer a las demás mujeres reconocidas, compartir experiencias y aprender. Hasta ahora había viajado por Pando y otros departamentos de Bolivia, pero nunca había salido del país.
“Ojalá se pueda por lo menos compartir, que ellas puedan compartir sus experiencias, aprender cosas nuevas. Yo siempre digo que de uno nunca acaba de aprender”, señaló.
Para ella, el reconocimiento es individual en la ceremonia, pero representa el trabajo de las mujeres y las comunidades que sostuvieron el emprendimiento desde sus inicios.
La ceremonia se podrá seguir en este enlace. La lista oficial de las Heroínas de la FAO reúne a ocho mujeres sudamericanas: además de Lima, están Luena Pataxó, de Brasil; Cecilia Guineo, de Chile; Luz Haro Guanga, de Ecuador; Alba Pettengill, de Paraguay; Rita Parcco Pumapillo, de Perú; María Laura Rodríguez González, de Uruguay; y María Cantalicia Torres de Torres, de Venezuela.

Luz Haro es una lideresa rural ecuatoriana, lleva más de tres décadas promoviendo los derechos y el liderazgo de las mujeres rurales, indígenas y campesinas. Fundó la Asociación de Mujeres de Gobiernos Parroquiales Rurales de Ecuador y es secretaria ejecutiva de la Red de Mujeres Rurales de América Latina y el Caribe. La FAO destaca su trabajo para ampliar la participación de las mujeres en la vida económica, social y política, y fortalecer la seguridad alimentaria y la resiliencia rural.

Cecilia Guineo, de Chile, es agricultora huilliche de Chiloé y guardiana de semillas. Conserva variedades tradicionales de papa, ajo chilote, quinua y plantas medicinales, junto con saberes transmitidos por su pueblo. Su trabajo muestra cómo la agrobiodiversidad también sostiene la identidad y la seguridad alimentaria.

María Laura Rodríguez González, de Uruguay, es apicultora y promotora del emprendimiento rural. Además de impulsar la participación de las mujeres en la apicultura, enseña a comunidades y escolares sobre la importancia de las abejas y la polinización para la producción de alimentos.
Las trayectorias de Luz Haro, Cecilia Guineo y María Laura Rodríguez, junto con la de Lirio Lima, muestran cómo el trabajo de las mujeres fortalece sus comunidades y contribuye a la seguridad alimentaria desde distintos frentes. En conjunto, reflejan la diversidad de aportes que la FAO reconoce en las mujeres rurales.
