BIODIVERSIDAD. Investigadores bolivianos instalaron cámaras entre los 4 y 20 metros de altura e hicieron registros reveladores.
En el bosque, la vida no solo se desarrolla en el suelo. Arriba, donde las copas de los árboles se conectan y forman una especie de techo natural, está la vida del dosel, esa que se activa al caer la noche. Esta capa superior funciona como una red de ramas, hojas y caminos invisibles, donde muchas especies viven, se alimentan y se desplazan, incluso, sin bajar nunca al suelo.
Tradicionalmente este espacio es poco explorado debido a los desafíos técnicos de trabajar en las alturas. Pero un equipo de investigadores bolivianos acaba de marcar un hito en la conservación, al presentar el primer estudio dedicado exclusivamente a la mastofauna de dosel en el Bosque Seco Chiquitano.
La investigación, titulada «Mamíferos de dosel en el Bosque Seco Chiquitano de Bolivia», revela una sorprendente biodiversidad que habita en las copas de los árboles, y fue producto del esfuerzo conjunto de la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC), el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado y la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, con el apoyo del gobierno de Canadá
El equipo de investigadores bolivianos se armó de cuerdas y líneas de vida, para instalar 12 cámaras trampa entre los 4 y 20 metros del suelo en el Centro de Estudios del Bosque Seco Tropical (CEBST) Alta Vista, en Concepción. Utilizando equipos de escalada y seleccionando puntos clave de interconectividad entre los árboles, lograron monitorear el dosel durante 67 días consecutivos, acumulando la información de 804 trampas-noche. El resultado fue contundente: se registraron 89 eventos fotográficos independientes que documentan al menos 11 especies de mamíferos, además de aves y reptiles.
Actividad nocturna
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es que la mayor parte de la actividad en el dosel del bosque, ocurre durante la noche. Los datos muestran un pico claro entre las 19:00 y las 04:00, mientras que durante el día la actividad es significativamente menor. Este patrón sugiere que muchas especies utilizan la oscuridad como una estrategia para desplazarse y alimentarse, evitando depredadores o aprovechando condiciones más favorables.
Entre las especies registradas, uno de los descubrimientos más importantes fue la presencia frecuente de la carachupita de cola lanuda (Glironia venusta), un pequeño marsupial extremadamente raro y del que existe muy poca información en Bolivia. De hecho, fue la especie con mayor frecuencia de registro en el dosel, lo que refuerza la hipótesis de que este hábitat es fundamental para su supervivencia.
Sus registros históricos en el país son escasos y dispersos, por lo que su aparición en este estudio no solo amplía su distribución, sino que aporta información clave sobre su comportamiento. Los últimos registros conocidos en Bolivia de este marsupial se registraron en una localidad sobre una carretera en la provincia Ñuflo de Chavez, en 1992, y del Parque Nacional Noel Kempff Mercado, en muestreos realizados en 1995, 1997 y 2005.
El monitoreo también permitió identificar especies emblemáticas del Bosque Chiquitano como el mono Martín (Sapajus apella), el mono león (Mico melanurus) y el maneche negro (Alouatta caraya), estos dos últimos catalogados como “casi amenazados” debido a la pérdida de hábitat. A esto se suma un nuevo registro para el área de estudio: el mono michi (Potos flavus), lo que amplía el inventario de especies conocidas en la zona. La presencia de aves como el águila coronada y de reptiles en los registros, refuerzan la idea de que el dosel no es un espacio marginal, sino un ecosistema complejo que sostiene múltiples formas de vida.

La conectividad es crítica
Más allá de las especies identificadas, el estudio pone en evidencia un aspecto crítico para la conservación: la conectividad del dosel. Las copas de los árboles funcionan como verdaderas “autopistas aéreas” que permiten el desplazamiento de los animales sin necesidad de descender al suelo. Cuando el bosque se fragmenta, estas conexiones se rompen, afectando directamente la movilidad, alimentación y reproducción de muchas especies que dependen exclusivamente de esta red aérea. En este sentido, la pérdida de continuidad del dosel puede tener impactos silenciosos pero profundos sobre la biodiversidad.
A pesar de la relevancia de los resultados, los investigadores advierten que el esfuerzo de muestreo fue relativamente bajo en comparación con la diversidad encontrada. Esto sugiere que el potencial del dosel del Bosque Seco Chiquitano podría ser aún mayor y que muchas especies siguen sin ser registradas, por lo se abre la puerta a futuras investigaciones y a nuevos registros de la biodiversidad.

