Daniela Justiniano Núñez
Cofundadora de Alas Chiquitanas Voluntarios
Que viva cada ciudadano boliviano, que pone el hombro soñando y trabajando, que resiste las dificultades y que siente con el alma, vive con esperanza y vibra con los colores, sabores y emociones de esta tierra que lo abraza.
Que viva la guardaparque silenciosa, custodiando Otuquis, viendo crecer a su hija mientras protege, en soledad y con valentía, el tesoro natural que nos pertenece a todos. Y que viva el guardaparque que ruge desde lo más profundo de la Amazonía boliviana hasta las serranías de donde brota el agua, defendiendo con coraje las maravillas vivas de nuestro patrimonio.
Que vivan los niños y niñas que cantan, que acarician los acordes del tesoro musical que aún resiste en las Misiones Jesuíticas de Chiquitos y Moxos, testigos de nuestra cultura viva, con esa música que sigue resonando en las iglesias, donde gracias a bolivianos y extranjeros que aman nuestra historia y arte se enfrentan cada día al olvido de las instituciones estatales.
Que vivan las mujeres y hombres que cosechan los frutos del monte indómito, de donde brota el aceite de cusi, el copaibo, el cacao y el asaí amazónico. Frutos que viajan remando contracorriente hasta llegar, sin ser reconocidos, a nuestras mesas citadinas.
Que vivan los emprendedores y artesanos que, con brazos abiertos, reciben a los que nos visitan desde otros rincones del mundo, intentando mostrarles lo que sí vale la pena de este país: sus rutas, sus paisajes, sus delicias, sus maravillas, guardadas celosamente por los nueve departamentos.
Que vivan los voluntarios y voluntarias que aman tanto su tierra que arriesgan su integridad física y su salud mental para no verla arder. Los que intentan salvar el bosque de las llamas, los que salvan animales con las cicatrices de un fuego que avanza sin piedad, volviendo cenizas su hogar y refugio, que son su voz para que no sean olvidados.
Que viva la gente de corazón de oro y voluntad inquebrantable, esa que llena los vacíos de un Estado ausente, indiferente e insensible.
Que vivan la solidaridad, la empatía, el coraje y el amor por esta tierra bendita de cada uno de los que hacemos patria.
Porque Bolivia no es solo una bandera, ni un aparato estatal que se engorda de discursos mientras abandona su deber. Bolivia es su gente. Son los sueños, la esperanza y la lucha diaria por un presente digno y futuro mejor.
Las páginas de la historia de Bolivia las escribimos entre todos y todas. No dependen de una cúpula que administra momentáneamente nuestros recursos, sino de cada decisión, cada acción y cada acto de valentía ciudadana. ¿El voto es importante? Claro que lo es, pero no perdamos de vista que el verdadero poder está en quienes construyen, día a día, lo que hay detrás de la rojo, amarillo y verde. Bolivia no se transforma desde arriba, se construye desde abajo, con las manos, el corazón y la conciencia de su gente.
Este 6 de agosto no rindo homenaje a un Estado que nos ha traicionado y olvidado, que responde con burocracia y corrupción al clamor de la gente, que pone traba, que no coopera, que no construye. Hoy rindo homenaje a cada boliviano y boliviana que defiende el bien común y nuestra Casa Grande.
A quienes no se callan. A quienes resisten. A quienes creen -todavía- que otro país sí es posible.
Que viva Bolivia, sí. Pero sobre todo, que viva su gente.
