BIODIVERSIDAD. El animal se encontró a unos 2.000 metros de altura, muy por encima de su hábitat habitual.
Un guardaparque descubrió en la Reserva Biológica de la Cordillera de Sama el primer melero registrado en esta área protegida de Tarija, un hallazgo que desafía a revisar los mapas de distribución de la especie, revela nuevos corredores ecológicos y abre rutas de investigación, pero también expone el impacto de los incendios forestales.
El ejemplar, cuyo nombre científico es “Eira barbara”, era un macho adulto de unos 90 centímetros y estaba muerto cuando lo encontró el guardaparques Máximo Condori en el sector de Rincón de la Victoria, a unos 2.000 metros de altura, en un bioma altoandino frío y seco, inusual para este omnívoro.
Se presume que el animal pereció por los incendios forestales que se registraron en esa región de Tarija, los que afectaron 8.300 hectáreas en la reserva y 2.800 en su zona de amortiguación. No obstante, el hallazgo de Condori, que es parte del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP), movilizó a un equipo de especialistas, integrado por Fernando Guerra Serrudo (Museo Nacional de Historia Natural), Paola Nogales Ascarrunz (Fluidos Bolivia) y Enzo Aliaga Rossel (UMSA), los que confirmaron que se trata de un melero en base a la identificación por su pelaje negruzco, cabeza clara y garras robustas.
Nuevas hipótesis
Este trabajo permitió establecer nuevas hipótesis sobre el comportamiento del melero, que podría estar utilizando corredores ecológicos entre el bosque seco interandino y el bosque tucumano-boliviano que antes no se consideraban parte de su hábitat, según señala el estudio publicado recientemente en Mammalogy.
Los especialistas coinciden en que este registro es el punto de partida para iniciar estudios poblacionales y de adaptabilidad climática, con el fin de determinar si la especie está expandiendo su territorio y comprender la dinámica de la especie en la zona.
El melero, catalogado «Preocupación Menor» por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), pero en declive por pérdida de hábitat, rara vez supera los 1.200 m en Bolivia. Este caso, a 2.000 metros, plantea hipótesis de adaptabilidad climática o un desplazamiento forzado.
