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La Tierra pierde su equilibrio y entra en números rojos al retener más calor que el que emite

CAMBIO CLIMÁTICO. El exceso se acumula en los océanos y equivale a 18 veces el consumo energético anual de la humanidad. Los océanos se calientan al doble de velocidad que hace dos décadas.

Lo impensable está ocurriendo y la ciencia se revela más inflexible que los negacionistas. Cada año, la Tierra recibe energía del sol y la devuelve al espacio. Cuando el sistema está en equilibrio, la cantidad que entra y sale, es aproximadamente la misma. Pero ese equilibrio se ha roto. El planeta retiene cada vez más calor, y la velocidad a la que lo hace no deja de aumentar.

Por primera vez, el informe anual sobre el Estado Mundial del Clima 2025 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) incluye el desequilibrio energético de la Tierra como uno de sus indicadores clave. Y la conclusión es clara: en 2025 alcanzó un nuevo máximo histórico.

«Las actividades humanas están alterando cada vez más el equilibrio natural y viviremos con estas consecuencias durante cientos y miles de años», advirtió Celeste Saulo, secretaria general de la OMM.

“En el día a día, nuestro clima se ha vuelto más extremo. En 2025, las olas de calor, los incendios forestales, la sequía, los ciclones tropicales, las tormentas y las inundaciones causaron miles de muertes, afectaron a millones de personas y provocaron pérdidas económicas de miles de millones”, dijo Saulo.

El océano, un termómetro silencioso

El exceso de energía que la Tierra retiene no se distribuye de manera uniforme. Apenas el 1% se queda en la atmósfera, el 5% se almacena en los continentes y otro 3% se utiliza para fundir hielo. Pero el resto, más del 91%, termina en los océanos.

Esa inmensa capacidad de absorción convierte al océano en un amortiguador que ha evitado un calentamiento aún más severo en tierra. Pero el precio es alto: el contenido de calor oceánico alcanzó un récord en 2025, superando el del año anterior. Y lo que es más preocupante, la tasa de calentamiento se ha más que duplicado desde 2005.

En las últimas dos décadas, el océano ha absorbido cada año el equivalente a 18 veces el consumo energético anual de toda la humanidad.

Un planeta en números rojos

El informe de la OMM, publicado con motivo del Día Meteorológico Mundial, confirma que los once años entre 2015 y 2025 han sido los más cálidos desde que hay registros. El año pasado fue el segundo o tercero más caluroso (dependiendo de la base de datos), con una temperatura media global de 1,43°C por encima de los niveles preindustriales.

El deshielo no da tregua. Los glaciares de referencia perdieron masa a un ritmo que sitúa 2025 entre los cinco peores años de la historia. El hielo marino del Ártico alcanzó su extensión máxima invernal más baja jamás registrada, y en la Antártida, la extensión mínima estival empató como la segunda más baja de la serie histórica.

El nivel del mar sigue subiendo. En 2025 se mantuvo en niveles récord, unos 11 centímetros por encima de 1993, y el ritmo de aumento se ha acelerado en la última década.

Olas de calor marinas, sequías e inundaciones

A pesar de las condiciones de La Niña -que suele enfriar temporalmente el planeta-, alrededor del 90% de la superficie oceánica sufrió al menos una ola de calor marina en 2025. Estos eventos no solo dañan los ecosistemas marinos, sino que alimentan tormentas tropicales y exacerban la pérdida de hielo en los polos.

En tierra, las consecuencias fueron devastadoras. Olas de calor, incendios forestales, sequías, ciclones e inundaciones causaron miles de muertes, afectaron a millones de personas y generaron pérdidas económicas multimillonarias.

El secretario general de la ONU, António Guterres, fue contundente: «El estado del clima mundial es una emergencia. El planeta Tierra está siendo empujado más allá de sus límites. Cada indicador climático clave está en rojo».

«La humanidad acaba de soportar los once años más calurosos de la historia. Cuando la historia se repite once veces, ya no es una coincidencia. Es un llamamiento a la acción», dijo Guterres.

Lo que viene

El informe incluye por primera vez un capítulo sobre clima y salud, que muestra cómo el aumento de las temperaturas, los cambios en las lluvias y la intensificación de los fenómenos extremos tienen repercusiones de gran alcance en la mortalidad, los medios de subsistencia, los ecosistemas y los sistemas de salud, y amplifican riesgos como las enfermedades transmitidas por vectores y por el agua, así como los factores de estrés para la salud mental, especialmente entre las poblaciones vulnerables.

El dengue se destaca como la enfermedad transmitida por mosquitos de más rápido crecimiento en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente la mitad de la población mundial está en riesgo y el número de casos reportados es actualmente el más alto jamás registrado.

El estrés por calor es un problema creciente. Más de un tercio de la fuerza laboral mundial (1.200 millones de personas) se enfrenta al riesgo de sufrir calor en el trabajo en algún momento del año, especialmente quienes trabajan en la agricultura y la construcción. Además de los efectos en la salud, esto conlleva pérdidas de productividad y de medios de subsistencia.

Apenas la mitad de los países cuentan con sistemas de alerta temprana adaptados a las necesidades sanitarias. Existe una necesidad urgente de integrar los datos meteorológicos y climáticos con los sistemas de información sanitaria para que los responsables de la toma de decisiones puedan pasar de una respuesta reactiva a una prevención proactiva que salve vidas.

«En esta era de guerras, el estrés climático también revela otra verdad: nuestra adicción a los combustibles fósiles está desestabilizando tanto el clima como la seguridad global», concluyó Guterres.

«El informe de hoy debería llevar una etiqueta de advertencia: el caos climático se acelera y la demora es mortal”, afirmó.