BIODIVERSIDAD. Considerado desaparecido durante años, fue redescubierto en 2020, para convertirse en ganador del Uproar Conservation Challenge 2026.
Hace apenas unos años, el escarabajo tigre boliviano era poco más que un registro en archivos científicos. Descrito en 1999 por el entomólogo Rolf Huber, sus registros posteriores fueron tan escasos que durante más de dos décadas se llegó a temer su extinción. Pequeño y difícil de detectar en su entorno, parecía haberse perdido en el tiempo.
Los biólogos del Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado estaban preocupados por la falta de información y registros de la especie. Fue en 2020 cuando se volvió a saber de él, gracias al trabajo de los investigadores Fernando Guerra y Ariel Guerra, de la Colección Boliviana de Fauna, quienes lograron redescubrir la especie en el Bosque Seco Chiquitano, devolviéndola al radar científico y abriendo una nueva etapa para su estudio y conservación. Este 4 de abril, apenas seis años después, el “Pometon bolivianus” acaba de convertirse en campeón mundial de la conservación.
Con poco más de un centímetro de longitud, este diminuto depredador -perteneciente al orden Coleoptera- movilizó a cientos de bolivianos a través de las redes sociales y se coronó ganador del Uproar Conservation Challenge 2026, una competencia internacional que comenzó con 64 especies y se definió por votación pública.
Este resultado también demuestra lo que la sociedad puede lograr en pro de la biodiversiad. “El triunfo de hoy no es solo una victoria, es una historia que nos une a todos. Es la muestra de que cuando Bolivia se une por la vida, puede lograr cosas extraordinarias. Y también es un recordatorio: este es solo el comienzo”, afirmó Luzmila Arroyo, directora del Museo de Historia Natural “Noel Kempff Mercado”.

El valor de lo pequeño
El triunfo del escarabajo tigre rompe una lógica habitual en la conservación: la atención suele concentrarse en especies grandes y carismáticas. Esta vez, fue una especie pequeña -prácticamente invisible para la mayoría- la que logró captar el interés global.
“Para el escarabajo tigre (Pometon bolivianus), significa una segunda oportunidad. Ya no es solo un pequeño insecto desconocido, ahora tiene voz, tiene apoyo y, sobre todo, tiene esperanza. Gracias a este logro, su hogar podrá ser protegido y su futuro ya no dependerá del azar, sino del compromiso de quienes creen en su valor”, agregó Arroyo al evaluar el resultado
El certamen, impulsado por el Zoológico de Indianápolis junto a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), buscaba visibilizar especies poco conocidas, pero clave para los ecosistemas. En su recorrido hasta el título, el escarabajo boliviano superó a 64 especies, incluyendo competidores de alto perfil.
La competencia se hizo en cuatro grupos: hongos, invertebrados, plantas y vertebrados. En las fases finales compitió con especies como la vaquita marina (México), el langur rayado de Raffles (Asia) y un tulipán silvestre de Kirguistán, lo que refuerza el carácter inusual de su victoria.
Para la comunidad científica boliviana, el resultado tiene un significado profundo. “Es la prueba de que el trabajo constante, la investigación y la pasión por la ciencia sí dan resultados y demuestra que desde Bolivia se puede hacer ciencia de calidad, capaz de competir y destacar a nivel mundial, incluso frente a especies mucho más conocidas”, aseveró Arroyo.
Más que un premio
La competencia dejará efectos concretos: 10.000 dólares para proyectos de conservación en su hábitat, lo que también protegerá a cientos de otras especies de plantas, insectos y pequeños vertebrados que comparten su ecosistema. Además, significa mayor visibilidad internacional para la Chiquitania

El Pometon bolivianus, conocido como escarabajo tigre boliviano u ornamentado boliviano, es una especie endémica de la Chiquitania. Su presencia está estrechamente ligada al Bosque Seco Chiquitano, un ecosistema altamente vulnerable a incendios forestales y al cambio de uso de suelo.
Más allá de su tamaño, cumple un rol clave como indicador biológico: su presencia refleja la salud del suelo y del microclima. En términos simples, donde hay escarabajos tigre, hay equilibrio ambiental. Esto lo convierte en una “especie paraguas”, cuya existencia está conectada con muchas otras formas de vida en su hábitat.
El desafío después del triunfo
Arroyo fue más allá del triunfo y enfatizó que representa algo aún más grande. “Es un despertar. Miles de personas se unieron, votaron, compartieron y creyeron. Ya no se trata solo de proteger una especie, sino de entender que cada forma de vida importa. Al cuidar a este escarabajo, también estamos cuidando los bosques, los animales y el equilibrio natural de nuestro país”.
Una tarea esencial en un entorno, como el Bosque Seco Chiquitano, que enfrenta presiones constantes por los incendios forestales, la deforestación y la expansión de actividades que transforman los ecosistemas.
El escarabajo tigre, el pequeño gran campeón, puede marcar un nuevo rumbo, al atraer las miradas hacia la biodiversidad boliviana y demostrar la importancia de cada especie en estos ecosistemas, independientemente de su tamaño.
