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El Niño, el estrés hídrico y el calor extremo configuran un escenario de incendios más crítico que en 2024

El combate a los incendios continúa en 14 municipios del departamento. Foto: GAD

PREVENCIÓN. Santa Cruz está bajo alerta amarilla ante el riesgo de incendios forestales en el departamento. Es urgente fortalecer la prevención, la coordinación con los municipios y la dotación de equipamiento para combatirlos oportunamente.

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Santa Cruz está bajo alerta amarilla ante el riesgo de incendios forestales en el departamento. La llegada de un fenómeno de El Niño más intenso, con el pronóstico de temperaturas extremas, junto al creciente estrés hídrico y la acumulación de biomasa, configuran un escenario de alto riesgo para la generación de incendios forestales. Por ello, es urgente fortalecer la prevención, la coordinación con los municipios y la dotación de personal y equipamiento adecuado para combatirlos oportunamente y evitar que se repita una emergencia como la de 2024.

La declaratoria de alerta amarilla responde precisamente a ese panorama. La Gobernación de Santa Cruz decidió activar los protocolos de prevención luego de que un diagnóstico elaborado por el Sistema de Alerta Temprana de Incendios Forestales (SATIF) identificara una combinación de factores climáticos y ambientales que podrían derivar en condiciones incluso más complejas que las registradas el año pasado.

Los indicadores muestran que el riesgo ya comienza a reflejarse en el territorio. El boletín emitido este lunes por el SATIF reportó 410 focos de calor en el departamento, mientras que a nivel nacional se registran 455. Durante el fin de semana los focos de calor en el departamento marcaron los siguientes niveles: 580 el viernes, 793 el sábado y 410 el domingo. En lo que va de junio se acumularon 16.270 focos de calor, mientras que la evolución diaria registró dos picos importantes de actividad térmica: 1.623 focos el 5 de junio y 1.465 el 21 de junio. Desde el SATIF explicaron que aunque estos registros no corresponden necesariamente a incendios, sí representan anomalías térmicas detectadas por satélite que requieren una verificación inmediata para evitar que evolucionen hacia emergencias forestales.

La preocupación tiene como antecedente inmediato los devastadores incendios forestales registrados en 2024. Santa Cruz fue el departamento más afectado por los incendios forestales, con más de ocho millones de hectáreas dañadas por el fuego. A escala nacional, Bolivia cerró el año con más de 12,6 millones de hectáreas afectadas por quemas e incendios forestales, según datos oficiales citados por el World Resources Institute (WRI). El impacto alcanzó áreas protegidas, territorios indígenas y ecosistemas estratégicos como la Chiquitania, el Pantanal y la Amazonía, además de provocar una prolongada crisis por el humo y cuantiosas pérdidas para la biodiversidad, la producción y las comunidades rurales.

«Estamos en un estado departamental de alerta amarilla como parte de la prevención por todo lo que se avecina con el incremento de los focos de calor, las anomalías térmicas y las condiciones meteorológicas. Hemos realizado un diagnóstico donde identificamos bastante estrés hídrico y biomasa acumulada que este año pueden generar incendios de gran magnitud», explicó Ruth Untoja, responsable del SATIF.

¿Por qué este año es más crítico?

El diagnóstico elaborado por el SATIF identifica una combinación de factores que incrementan significativamente el riesgo de incendios forestales. El primero es el estrés hídrico. Aunque durante los primeros meses del año se registraron lluvias e incluso inundaciones en varias regiones, la deforestación redujo la capacidad del suelo para absorber e infiltrar el agua. Como consecuencia, gran parte de esa humedad no alimentó las reservas subterráneas y extensas zonas ingresan a la época seca con menor disponibilidad hídrica.

Las zonas de mayor preocupación se concentran en la Chiquitanía, la provincia Cordillera y los Valles, aunque la Gobernación advierte que prácticamente todo el departamento presenta algún nivel de amenaza. Entre los municipios con mayor estrés hídrico figuran San Ignacio de Velasco, San Matías, Puerto Suárez, San José de Chiquitos, Roboré, Concepción, Guarayos y Charagua.

Ese diagnóstico coincide con el comportamiento de los focos de calor. El boletín del SATIF de este 29 de junio, ubica a San Ignacio de Velasco como el municipio con mayor cantidad de registros, con 179 focos de calor, seguido por El Carmen Rivero Tórrez (84), San Rafael (62), San José de Chiquitos (43) y San Matías (20).

Acumulación de biomasa

Otro factor determinante es la acumulación de biomasa, es decir, el material vegetal que actúa como combustible para los incendios. Una parte corresponde a la vegetación que creció durante la temporada de lluvias y que, al secarse durante el invierno, facilita una propagación mucho más rápida del fuego.

A ello se suman las anomalías térmicas. Untoja explicó que durante 2024 se registraron incrementos de temperatura de entre 2,1 y 2,5 grados por encima del promedio, mientras que este año las proyecciones apuntan a que esos valores podrían alcanzar hasta 3,5 grados o incluso superarlos en algunas regiones. En la Chiquitanía esto se traduciría en temperaturas extremas durante el día, mientras que en los Valles se prevén heladas más intensas. Aunque parezcan fenómenos opuestos, ambos contribuyen a que se seque la vegetación y aumentan la facilidad con la que un pequeño fuego puede transformarse en un incendio forestal de gran magnitud.

«Estamos hablando de seguridad alimentaria, de recursos hídricos y de incendios forestales. En la Chiquitanía hay municipios que no tienen agua y eso hará mucho más complicado combatir los incendios», advirtió Untoja.

Una amenaza que trasciende Santa Cruz

La preocupación expresada por la Gobernación coincide con evaluaciones elaboradas por especialistas nacionales e internacionales. Un informe del World Resources Institute (WRI), difundido por Mongabay Latam, advierte que un evento intenso de El Niño podría incrementar el riesgo de incendios en gran parte de Sudamérica entre 2026 y 2027 debido a la combinación de temperaturas más elevadas y una reducción de las precipitaciones.

El análisis identifica a Bolivia entre los países con mayor exposición, junto con Brasil, Perú, Colombia y Venezuela. Según el economista ambiental boliviano Stasiek Czaplicki, los grandes incendios registrados en el país durante las últimas décadas han estado estrechamente relacionados con episodios intensos de El Niño y coincide con que la combinación de déficit hídrico y biomasa acumulada crea condiciones propicias para que 2026 registre un escenario más complejo que el de años anteriores.

El informe añade que el fenómeno llega en un momento especialmente delicado para Bolivia. Un análisis del ingeniero Luis Fernando Sánchez revela que más del 70 % de los municipios del país recibió menos lluvia de lo normal entre enero y abril de este año. Y en contrapartida, como se señaló anteriormente, donde sí hubo precipitaciones se produjo un importante crecimiento de vegetación que, al secarse durante la temporada seca, incrementa la cantidad de material combustible disponible para los incendios.

El WRI también advierte que El Niño no provoca directamente los incendios. Lo que hace es crear condiciones más cálidas y secas que reducen el umbral de ignición de la vegetación. Cuando ese fenómeno se combina con el cambio climático, la deforestación y el uso del fuego para habilitar nuevas áreas agrícolas, los ecosistemas se vuelven mucho más vulnerables al fuego.

Del monitoreo a la respuesta

Las autoridades insisten en que un foco de calor no equivale automáticamente a un incendio. Se trata de una anomalía térmica detectada por satélite que puede corresponder a un incendio incipiente, una quema, infraestructura o cualquier otro punto con alta temperatura.

Indiana Ascarrunz, directora departamental de Recursos Naturales de la Gobernación, explicó que precisamente por ello, uno de los objetivos de la alerta amarilla es movilizar a los municipios para que verifiquen oportunamente cada registro y así se pueda impedir que un pequeño fuego termine convirtiéndose en una emergencia forestal.

En lo que va de 2026, el SATIF registró 10 incendios en el departamento, cinco forestales y cinco de interfaz, estos últimos son aquellos donde el fuego amenaza viviendas, infraestructura u otras áreas de contacto entre el bosque y los asentamientos humanos. Todos fueron extinguidos, pero dejaron 2.613 hectáreas afectadas. Puerto Suárez concentra la mayor superficie quemada, con 2.236,42 hectáreas, seguido por El Carmen Rivero Tórrez (260,18 hectáreas) y San José de Chiquitos (116,41 hectáreas). Los demás eventos se registraron en Porongo, Santa Cruz de la Sierra, Warnes y San Juan de Yapacaní. La información forma parte de la plataforma Centinela, que permite consultar la ubicación, las coordenadas y la fecha de registro de cada incendio.

La declaratoria de alerta amarilla también busca que los municipios fortalezcan la vigilancia y actúen oportunamente frente a posibles quemas ilegales. En caso de confirmarse un chaqueo durante la pausa ambiental, corresponde a los gobiernos municipales intervenir y remitir la información a la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT). Desde la Gobernación también han enviado varios oficios a la ABT solicitando controles, aunque hasta el momento no han recibido respuesta.

Brigadas, coordinación y prevención

Ascarrunz anunció que durante los primeros días de julio se presentará el Plan Departamental de Prevención y Acción contra Incendios Forestales. El documento identificará los municipios y comunidades con mayor riesgo, establecerá puntos focales en cada comunidad -bomberos voluntarios capacitados para liderar la respuesta local- y definirá la estrategia operativa para enfrentar posibles emergencias.

Reconoció que fortalecer la capacidad de respuesta sigue siendo uno de los principales desafíos. Señaló que la Gobernación recibió una institución con limitaciones operativas y de equipamiento, por lo que actualmente gestiona el apoyo de organizaciones, fundaciones y del sector privado para contar con los vehículos, equipamiento, herramientas e insumos necesarios.

La meta es duplicar las brigadas desconcentradas, pasando de cinco a diez equipos permanentes distribuidos en las zonas más vulnerables. El objetivo es que estas brigadas tengan una base permanente en el territorio para reducir los tiempos de respuesta y coordinar directamente con los bomberos comunarios y municipales, en lugar de movilizarse únicamente cuando ya se ha declarado una emergencia.

Paralelamente, la Gobernación desarrolla un programa de capacitación para todos los municipios del departamento y fortalece sus unidades con el apoyo de organizaciones como FAN, Nativa y Fundesoc. El pasado fin de semana también se realizó un Encuentro Nacional de Bomberos para reforzar la preparación de los brigadistas de cara a la época más crítica del año.

Fortalecer capacidades locales

Ascarrunz explicó que el fortalecimiento del sistema dependerá también del trabajo conjunto con municipios, Gobierno nacional, cooperación internacional, organizaciones ambientales y el sector privado. Además, el plan contempla la identificación de puntos focales en cada comunidad, quienes serán los encargados de liderar la respuesta local y articular la movilización de recursos cuando se presente una emergencia. En ese marco, informó que ya se conformó una instancia de coordinación con la ABT, la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), la Cámara Forestal y la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz para articular las acciones de prevención y respuesta.

«Tenemos la esperanza de que desde la prevención podamos evitar catástrofes», afirmó Ascarrunz, al afirmar que los diferentes actores están convencidos de que esa es la mejor herramienta para evitar una nueva crisis. Recordó que los grandes incendios registrados en 2019 y 2024 tuvieron origen humano y llamó a evitar cualquier tipo de quema durante la temporada seca, tomando en cuenta que también está vigente una pausa ambiental.

«Pedimos, advertimos y hasta suplicamos a la población que no encienda fuego y que sea consciente con nuestros recursos naturales. Estos terminan siendo actos criminales contra nuestros recursos naturales», afirmó Ascarrunz.

La alerta amarilla representa un llamado urgente a la prevención para impedir que los focos de calor se conviertan en incendios de gran magnitud. Aunque El Niño, el estrés hídrico y las altas temperaturas crean condiciones más favorables para el fuego, el clima por sí solo no provoca los incendios: facilita su propagación cuando existe una fuente de ignición, generalmente asociada a la acción humana. En un contexto más crítico que el de 2024, la prevención, la coordinación interinstitucional y contar con los recursos adecuados, serán determinantes para evitar una nueva emergencia ambiental.

Los incendios de años anteriores pusieron en evidencia la falta de recursos para combatir los incendios.