ECONOMÍA CIRCULAR. Más de 100 países ya impulsan estrategias nacionales para acelerar la transición hacia modelos productivos más sostenibles. Sin embargo, un nuevo informe advierte que una de las mayores oportunidades para fortalecer esa transformación sigue poco desarrollada y está en la naturaleza.
Portal Verde
La economía circular avanza en el mundo. En abril de 2026, más de un centenar de países ya contaban con hojas de ruta o estrategias nacionales para impulsar este modelo productivo, un crecimiento del 34% respecto a 2024. El objetivo es reducir residuos, aprovechar mejor los recursos y disminuir la dependencia de materiales y combustibles fósiles.
Sin embargo, mientras estas políticas ganan terreno, una de las mayores oportunidades para acelerar esa transición continúa recibiendo poca atención. No se trata de una nueva tecnología ni de un material recientemente descubierto. Se trata de recursos que forman parte de la naturaleza: madera, algodón, fibras naturales, papel, cuero, caucho y otros materiales biobasados que ya sostienen numerosas actividades económicas, pero cuyo potencial para integrarse plenamente a la economía circular sigue estando subutilizado.
Esta es una de las principales conclusiones del informe Circular por naturaleza: una agenda de políticas públicas para materiales biobasados en una economía circular, elaborado por la Fundación Ellen MacArthur para la Coalición de Economía Circular de América Latina y el Caribe.
El documento plantea una idea sencilla, pero con profundas implicaciones: la naturaleza no solo puede suministrar materiales renovables. También puede convertirse en uno de los principales motores de la economía circular si esos materiales mantienen su valor durante múltiples ciclos de uso antes de regresar de forma segura a los ecosistemas.
Más allá de sustituir materiales
El informe identifica una desconexión entre dos agendas que persiguen objetivos similares. Por un lado, la economía circular busca mantener el valor de productos y materiales durante el mayor tiempo posible mediante estrategias como la reparación, reutilización, remanufactura y reciclaje.
Por otro, la bioeconomía promueve la sustitución de materiales y combustibles fósiles por recursos biológicos renovables. Ambos enfoques buscan reducir emisiones y avanzar hacia modelos productivos más sostenibles. Sin embargo, rara vez se desarrollan de manera integrada.
Tras analizar 13 estrategias nacionales de economía circular y 18 marcos regulatorios relacionados con materiales biobasados, el informe concluye que las políticas públicas siguen abordando ambos temas por separado. Como consecuencia, se desaprovecha la posibilidad de construir sistemas que no solo utilicen recursos renovables, sino que además mantengan su valor durante más tiempo.
Una oportunidad escondida en la naturaleza
Los materiales biobasados participan en sectores tan diversos como la construcción, la industria textil, los envases, el mobiliario y numerosos bienes de consumo. Pese a ello, el informe señala que la economía circular ha concentrado buena parte de sus esfuerzos en materiales técnicos y finitos, como metales, minerales y plásticos, mientras los materiales provenientes de recursos biológicos renovables permanecen en un segundo plano.
Para los autores, esto representa una oportunidad poco aprovechada. La propuesta no consiste únicamente en reemplazar materiales fósiles por alternativas de origen biológico, sino en diseñar sistemas que permitan utilizar esos recursos una y otra vez, conservando su valor durante el mayor tiempo posible antes de devolverlos de manera segura a la naturaleza.
Cuando sustituir no cambia el modelo
Uno de los mensajes más contundentes del informe es que sustituir materiales fósiles por materiales biobasados no garantiza, por sí solo, una economía circular. Las políticas actuales suelen incentivar el uso de biomasa renovable y la sustitución de recursos fósiles. Sin embargo, prestan mucha menos atención a estrategias destinadas a prolongar la vida útil de esos materiales mediante la reparación, reutilización, remanufactura, aplicaciones secundarias o reciclaje.
Esta diferencia cambia por completo la lógica del sistema. Un producto elaborado con materiales biobasados puede reducir la dependencia de recursos fósiles y, aun así, seguir respondiendo a un modelo lineal basado en producir, consumir y desechar.
Para el informe, la verdadera transformación no depende únicamente del origen del material, sino de la capacidad para mantener su valor durante múltiples ciclos de uso.

Regenerar también forma parte del ciclo
El documento también cuestiona otra idea ampliamente difundida: que todo recurso biológico es automáticamente sostenible. Los recursos biológicos solo pueden considerarse renovables cuando los ecosistemas mantienen la capacidad de regenerarlos. Si la extracción supera esa capacidad natural de recuperación, esos recursos pueden comportarse, en la práctica, como recursos finitos.
Por ello, una mayor demanda de biomasa, sin criterios de regeneración, puede incrementar la presión sobre los ecosistemas, favorecer cambios en el uso del suelo y afectar la biodiversidad.
La economía circular aplicada a materiales biobasados exige, por tanto, dos condiciones inseparables: mantener los materiales en circulación durante más tiempo y asegurar que los ecosistemas conserven su capacidad para regenerarlos.
Cinco principios para mantener el valor
Como respuesta, el informe propone cinco principios para integrar plenamente los materiales biobasados dentro de la economía circular.
El primero consiste en obtener materiales a partir de sistemas regenerativos y materias primas secundarias. El segundo plantea diseñar productos libres de sustancias que dificulten su recuperación o su retorno seguro al ambiente.
A ellos se suman el diseño para la durabilidad y la reparación, la reutilización de materiales en aplicaciones sucesivas y la recuperación de materiales y nutrientes mediante reciclaje, compostaje o digestión anaeróbica.
Más que una lista de acciones, estos principios responden a una misma lógica: lograr que una unidad de biomasa genere el mayor valor posible antes de regresar al ciclo natural.
Una oportunidad que también es económica
El informe deja claro que esta discusión trasciende el ámbito ambiental. La transición hacia sistemas productivos positivos para la naturaleza podría generar oportunidades económicas valoradas en aproximadamente 10 billones de dólares anuales hacia 2030.
Integrar los materiales biobasados dentro de estrategias circulares puede impulsar la innovación, fortalecer cadenas de suministro, abrir nuevas fuentes de ingresos y favorecer modelos de negocio basados en la reparación, el reacondicionamiento, la reventa, el alquiler, el reciclaje y la valorización de materiales.
Además, identifica una oportunidad particular para los países productores de biomasa, que podrían avanzar desde la exportación de materias primas hacia actividades de mayor valor agregado, fortaleciendo industrias nacionales y creando empleo especializado.
Completar el ciclo en la naturaleza
La economía circular continúa expandiéndose y cada vez más países la incorporan dentro de sus políticas públicas. Sin embargo, el informe sostiene que esa transición seguirá siendo incompleta mientras los materiales provenientes de la naturaleza permanezcan al margen de las estrategias.
Durante años, la economía circular ha puesto el foco en cómo reducir residuos y reciclar más. El documento propone ampliar esa mirada.
El siguiente paso no consiste únicamente en sustituir materiales fósiles por recursos biológicos. El verdadero desafío es conseguir que esos materiales permanezcan en circulación durante el mayor tiempo posible, sin comprometer la capacidad de los ecosistemas para regenerarlos.
En esa combinación entre regeneración y circularidad podría encontrarse una de las mayores oportunidades para la siguiente etapa de la economía circular.

