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Tecnología que impulsa el ahorro para facilitar el acceso al crédito y a nuevos mercados de los pequeños productores agrícolas

AGRICULTURA. Un programa impulsado por Innovatech busca que los pequeños productores fortalezcan el hábito del ahorro, construyan un historial financiero que facilite su acceso al crédito y conecten su producción con mercados de mayor valor.

Karina Vargas Alba

Francisco Vitacagua es un pequeño productor agrícola que hoy, junto a su familia, está incursionando en la producción de café. Llegó desde Potosí cuando apenas tenía 14 años y ya suma más de 40 años viviendo en la comunidad de Santa Fe, en el municipio de Porongo. A través de los años, junto con el crecimiento de su familia, fue experimentando con nuevos cultivos, pero el financiamiento siempre ha sido una barrera, pues solo puede disponer de los ahorros que “tiene en el bolsillo”.

Esa es la realidad de cientos de pequeños productores agrícolas del país, para quienes acceder a un crédito sigue siendo uno de los principales obstáculos para hacer crecer su actividad. La estacionalidad de sus ingresos, la falta de un historial financiero y las dificultades para demostrar capacidad de pago hacen que muchos permanezcan al margen del sistema financiero formal, limitando sus posibilidades de invertir en maquinaria, sistemas de riego, infraestructura o mejoras productivas.

Con el propósito de responder a ese desafío, un programa impulsado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Fundación Sparkassenstiftung e Innovatech, con el apoyo de la Fundación Trabajo Empresa (FTE) comenzó a implementar en Bolivia una estrategia que combina tecnología, educación financiera, sostenibilidad productiva y acceso a mercados para fortalecer las capacidades de los pequeños productores.

La iniciativa reunió a organizaciones de productores de Santa Cruz, Tarija y Porongo en talleres sobre resiliencia productiva, buenas prácticas agrícolas y finanzas rurales. Sin embargo, el objetivo va más allá de la capacitación: busca acercar soluciones tecnológicas que permitan a los agricultores fortalecer su inclusión financiera y ampliar sus oportunidades comerciales.

«Buscamos empresas de tecnología que puedan llevar estos servicios a los productores. En Bolivia elegimos a Sommos para el componente de ahorro y a Coolltiva para el de comercialización», explicó Adrián Rodríguez, integrante del programa Innovatech, que identifica emprendimientos tecnológicos con potencial para resolver problemas concretos del sector agrícola y adaptarlos a la realidad de los pequeños productores.

Rodríguez señaló que la apuesta por este segmento responde al papel que desempeña en la producción de alimentos y destacó que el objetivo es fortalecer sus capacidades mediante herramientas que cada agricultor pueda incorporar de acuerdo con su realidad y sus necesidades.

Durante los encuentros, los productores también trabajaron en conjunto para identificar oportunidades de mejora.

El ahorro como primer paso

Para el componente financiero, la startup boliviana Sommos, que recientemente creó su división Sommos Agro, adaptó para el sector agrícola un modelo digital de ahorro con el que ya trabajaba entre emprendedores y trabajadores independientes. Inspirado en la lógica del tradicional pasanaqu, el sistema fue ajustado a los ingresos que responden a los ciclos agrícolas.

«Lo que buscamos con el ahorro es que las personas puedan demostrar que sí tienen capacidad de pago. Si una persona logra ahorrar de forma constante, también está demostrando que puede asumir una cuota de crédito», explicó Diego Rojas, CEO de Sommos.

Sobre esta plataforma se desarrollaron productos como Meta Ahorro, junto al Banco de Crédito (BCP), y Pro Ahorro, que pronto se lanzará en alianza con IDEPRO IFD. Ambos permiten que cada productor establezca una meta de ahorro, defina el monto y la periodicidad de sus aportes y reciba recordatorios automáticos que le ayuden a cumplir su objetivo.

La plataforma permite que cada productor diseñe un plan de ahorro de acuerdo con sus posibilidades. Mediante recordatorios automáticos, acompaña el cumplimiento de esa meta y, al completar un ahorro mínimo de 400 bolivianos en seis meses, el usuario accede a una rentabilidad con una tasa de interés preferencial de entre el 4% y el 6%, según la entidad financiera.

Además de la aplicación móvil, la herramienta incorpora un canal de atención mediante WhatsApp, pensado en los productores menos familiarizados con otras plataformas digitales.

Diego Rojas, de Sommos, junto a Francisco Vitacagua, uno de los productores que llegaron a la reunión en Porongo.

Consolidar un hábito

Según Rojas, el proyecto se encuentra en una primera etapa orientada a consolidar el hábito del ahorro y generar información sobre el comportamiento financiero de los usuarios. En una segunda fase, ese historial podrá convertirse en un elemento adicional para que las entidades financieras evalúen solicitudes de crédito de productores cuyos ingresos dependen de los ciclos agrícolas.

El modelo desarrollado por Sommos nació en Bolivia, inspirado en el tradicional pasanaqu, y, tras validar su funcionamiento, inició un proceso de expansión hacia otros mercados de América Latina. Actualmente, la empresa opera en Bolivia, Perú y México, y prevé ampliar su presencia a Guatemala. Con Sommos Agro, la startup adaptó esta tecnología a las necesidades específicas del sector agrícola, incorporando planes de ahorro acordes con los ciclos de producción y herramientas de acompañamiento que buscan fortalecer la planificación financiera de las familias rurales.

El programa ya comenzó a desplegarse en distintas regiones de Bolivia. Tras las actividades desarrolladas en Porongo, donde se presentó la solución de ahorro desarrollada por Sommos Agro, la iniciativa continuó en Tarija con la plataforma Cooltiva y talleres sobre agroecología y buenas prácticas agrícolas. Anteriormente también había trabajado con productores de Patacamaya, en La Paz, compartiendo experiencias relacionadas con el uso de bioinsumos y la adaptación de los sistemas productivos.

Según Rojas, el proyecto se encuentra en una primera etapa orientada a consolidar el hábito del ahorro y generar información sobre el comportamiento financiero de los usuarios. En una segunda fase, ese historial podrá convertirse en un elemento adicional para que las entidades financieras evalúen solicitudes de crédito de productores cuyos ingresos dependen de los ciclos agrícolas.

El programa ya comenzó a desplegarse en distintas regiones de Bolivia. Tras las actividades desarrolladas en Porongo, donde se presentó la solución de ahorro desarrollada por Sommos Agro, la iniciativa continuó en Tarija con la presentación de Cooltiva y talleres sobre agroecología y buenas prácticas agrícolas. Anteriormente también había trabajado con productores de Patacamaya, en La Paz, compartiendo experiencias relacionadas con el uso de bioinsumos y la adaptación de los sistemas productivos.

Del crédito al mercado

La estrategia impulsada por Innovatech incorpora un segundo componente orientado a mejorar la comercialización de los pequeños productores. Para ello trabaja con Cooltiva, una startup boliviana que conecta a los agricultores con compradores del canal HORECA -hoteles, restaurantes y cafeterías-, facilitando el acceso a mercados de mayor valor y reduciendo la intermediación.

Rodríguez explicó que Innovatech identificó en Cooltiva una solución tecnológica capaz de responder a otra necesidad estructural del sector: acercar la oferta de los pequeños productores a compradores institucionales y generar nuevas oportunidades de negocio.

Las herramientas digitales forman parte de una estrategia más amplia que también incorporó capacitación en agroecología, manejo sostenible del suelo, bioinsumos, conservación del agua y adaptación al cambio climático, bajo la coordinación de la Fundación Trabajo Empresa (FTE).

Esta fue el encuentro con los productores en Tarija.

El desafío de la sostenibilidad

Durante los encuentros, los productores analizaron casos prácticos relacionados con la erosión, las quemas, el monocultivo y el uso excesivo de fertilizantes químicos, identificando alternativas para mejorar la productividad sin comprometer la salud de los suelos.

Rodríguez destacó que, tras trabajar con productores de países como México, Panamá, Bangladesh y Bolivia, los desafíos son muy similares: fortalecer la resiliencia frente al cambio climático, mejorar la gestión financiera y facilitar el acceso a herramientas que les permitan crecer de manera sostenible.

Esa combinación de ahorro, acceso a nuevos mercados y producción sostenible es la que busca Serafín Tarrazona, otro productor de Porongo. Además de fortalecer su capacidad de ahorro, espera mejorar sus ingresos y dejar atrás una realidad que confirman sus compañeros: «vendemos barato y compramos caro».

Pero para Tarrazona el futuro del campo no depende únicamente de vender mejor; también depende de conservar los recursos que hacen posible la producción. Por eso insiste en la importancia de cuidar la calidad de los suelos y proteger el agua, elementos esenciales para sostener las cosechas y garantizar la provisión de alimentos.