BIODIVERSIDAD. El Gymnocalycium chacoense fue registrado nuevamente durante una expedición científica en el Cerro San Miguel. Esto refuerza la necesidad de preservar uno de los ecosistemas más singulares del país.
Entre los farallones rocosos del Cerro San Miguel, ubicado en el municipio de Charagua Iyambae, dentro del Sitio Ramsar Palmar de las Islas y del Parque Nacional y ANMI Kaa-Iya del Gran Chaco, crece una planta que no puede encontrarse en ningún otro lugar del planeta. Se trata del Gymnocalycium chacoense, un cactus endémico cuya distribución natural se limita exclusivamente a este sector del este del Chaco cruceño, en la zona de transición hacia la Chiquitanía.
La presencia de la especie fue confirmada durante las evaluaciones de campo realizadas en 2025 como parte de la actualización del Plan de Manejo del Parque Nacional y ANMI Kaa-Iya del Gran Chaco. Los investigadores localizaron ejemplares en su hábitat natural, sobre afloramientos rocosos situados a aproximadamente 790 metros sobre el nivel del mar, en un entorno que permanece prácticamente sin intervención humana.
El nuevo registro reviste especial importancia porque el Gymnocalycium chacoense está catalogado como En Peligro (EN) por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Su reducida distribución lo convierte en una de las especies de flora más vulnerables y, al mismo tiempo, en uno de los patrimonios naturales más exclusivos de Bolivia.

Un ecosistema fundamental
El Kaa-Iya alberga una de las mayores extensiones continuas y mejor conservadas de bosque seco tropical del mundo, un ecosistema fundamental para la biodiversidad, la regulación climática y el bienestar de las comunidades locales. Dentro de este paisaje, los cerros y serranías desempeñan un papel clave al servir de refugio para especies vegetales altamente especializadas, adaptadas a condiciones extremas de suelo, altas temperaturas y escasa disponibilidad de agua.
En estos ambientes prospera la denominada vegetación saxícola, es decir, plantas capaces de crecer directamente sobre superficies rocosas. Muchas de ellas presentan distribuciones muy restringidas y un alto grado de especialización, lo que convierte al Cerro San Miguel en un sitio de enorme interés científico y con potencial para futuros descubrimientos sobre la biodiversidad del Gran Chaco.
El Gymnocalycium chacoense fue descrito por primera vez en 1999 por el botánico aficionado austriaco Helmut Amerhauser y publicado en la revista científica Gymnocalycium. Más de dos décadas después, las nuevas expediciones confirmaron que la especie continúa habitando el mismo lugar donde fue descubierta originalmente, un indicador del buen estado de conservación de este ecosistema y del valor de mantener protegidos estos ambientes.
«Para el área protegida Kaa-Iya y para el SERNAP es muy importante demostrar, a través de estudios y evaluaciones científicas, el valor del área protegida, con la finalidad de fortalecer la protección de la biodiversidad, de los paisajes y de los valores culturales que alberga», destacó Jorge Banegas Franco, director a.i. del Parque Nacional y ANMI Kaa-Iya.

Gestión del área protegida
Los responsables del estudio señalan que este tipo de registros fortalece el conocimiento científico sobre la biodiversidad del Gran Chaco y aporta información clave para la gestión del área protegida. Al mismo tiempo, evidencia la importancia de conservar los cerros y serranías del Kaa-Iya, donde sobreviven especies únicas cuya permanencia depende directamente de la protección de estos ecosistemas.
Las evaluaciones fueron realizadas por el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado, con la participación del personal del Parque Nacional y ANMI Kaa-Iya, en el marco de la actualización de su Plan de Manejo. El trabajo contó con el acompañamiento técnico de la Fundación CERAI y el apoyo financiero de The Pew Charitable Trusts.
Proteger el Kaa-Iya -conocido como el «Amo del Monte»- significa conservar uno de los bosques secos tropicales mejor preservados del planeta, pero también garantizar la supervivencia del Gymnocalycium chacoense y de otras especies que solo encuentran refugio en este rincón del Gran Chaco boliviano. Cada nuevo registro científico confirma que aún existen tesoros naturales por conocer y razones de sobra para protegerlos.
Foto principal: Alexander Parada, investigador Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado
