PREVENCIÓN. El déficit de lluvias, la pérdida de humedad del suelo y el descenso de los embalses anticipan riesgos para la producción y los ecosistemas. Expertos reunidos en el Foro BCP advirtieron que el fenómeno climático encuentra a Bolivia en una situación económica vulnerable y plantearon fortalecer la prevención, el financiamiento y el acceso oportuno a información.
Bolivia comienza a mostrar señales de alerta frente al posible impacto de El Niño: déficit de lluvias, periodos secos de hasta 15 días, menor humedad del suelo, deterioro de la vegetación y una reducción progresiva del agua almacenada en los embalses. Este escenario puede intensificar la sequía, afectar la producción agropecuaria y los ecosistemas y generar nuevas presiones sobre una economía que ya se encuentra en recesión.
Si el fenómeno climático alcanza una intensidad severa, sus efectos podrían llevar la contracción de la economía boliviana hasta alrededor del 5%, debido a las pérdidas en la producción, las alteraciones en las cadenas de abastecimiento y sus consecuencias sobre el empleo, la inversión y las finanzas públicas
La advertencia fue planteada durante el Foro BCP “Bolivia frente a El Niño: perspectivas climáticas, impactos y estrategias de prevención para 2026–2027”, que reunió en Santa Cruz de la Sierra a especialistas, representantes del sector productivo y empresarial, autoridades, académicos, organizaciones sociales, indígenas y campesinas, organismos internacionales y medios de comunicación.
El encuentro mostró los escenarios climáticos previstos para los próximos meses frente a la capacidad económica e institucional que tiene el país para anticipar sus efectos. Una de sus principales conclusiones fue que la información, la prevención y la planificación serán determinantes para reducir los impactos sobre las personas, los sistemas productivos y las empresas.
Actualmente, la sequía ya afecta a seis departamentos, con más de 25 declarados en emergencia. Además, Santa Cruz está en alerta frente al riesgo de incendios.

Sequía, calor y menor disponibilidad de agua
Patricio Valderrama, de Geológica Consultores, explicó que Bolivia atraviesa el año más cálido registrado hasta ahora, con temperaturas muy superiores al promedio desde junio y por encima de las observadas en 2023.
De acuerdo con los escenarios presentados, el calentamiento del océano y la atmósfera asociado a El Niño está provocando cambios importantes en distintas regiones del mundo y puede modificar los patrones de temperatura y precipitaciones en Sudamérica.
Para Bolivia se proyecta una sequía severa, principalmente en las regiones andina y amazónica. En varios puntos, el déficit de lluvias se sitúa entre el 10% y el 20%, mientras los periodos secos se extienden entre ocho y 15 días, una duración que representa un riesgo para la agricultura y los ecosistemas.
La humedad del suelo se encuentra alrededor del percentil 30 y el índice de vegetación, conocido como NDVI, está entre un 10% y un 25% por debajo del promedio. A ello se suma que los embalses registran niveles de entre el 60% y el 70%, con una tendencia descendente que los acerca a umbrales de alerta.
Ante este panorama, los pronósticos incorporaron una nueva escala para reflejar condiciones de calor más intenso. Los escenarios anticipan temperaturas especialmente elevadas entre septiembre y mayo y muestran que los promedios históricos ya no representan de la misma manera las condiciones climáticas actuales.
Kevin Campos, director general ejecutivo del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), explicó las características del fenómeno, su posible evolución y los impactos diferenciados que puede generar en las regiones del país, con especial atención en el oriente boliviano.
Un impacto adicional sobre una economía debilitada
El economista y exministro de Desarrollo Sostenible Ramiro Cavero advirtió que El Niño encuentra a Bolivia en una situación de elevada vulnerabilidad económica. Según explicó, las previsiones apuntan actualmente a una caída de la economía cercana al 3,6%. Los efectos del fenómeno climático podrían restar entre 0,5 y 1,5 puntos adicionales al producto interno bruto (PIB), e incluso más si se presenta un escenario particularmente severo. Esto llevaría la contracción económica hasta alrededor del 5%.
El país enfrenta, además, un déficit fiscal cercano al 9% del PIB, escasez de divisas y combustibles, bajas reservas líquidas y una fuerte disminución de los ingresos generados por las exportaciones de gas.
Cavero señaló que el cambio registrado en el sector energético permite dimensionar parte del deterioro. Bolivia pasó de exportar alrededor de 6.000 millones de dólares en gas a aproximadamente 1.000 millones, mientras las importaciones de combustibles se acercan a los 3.000 millones de dólares anuales. En conjunto, esto representa un cambio estructural de alrededor de 8.000 millones de dólares en la balanza energética del país.
Impacto en la economía
Hugo Rodríguez, jefe de Asuntos Económicos de la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco), analizó cómo los eventos climáticos pueden trasladarse a la actividad económica y afectar la producción, las empresas, las cadenas de abastecimiento y el desempeño de diferentes sectores.
El riesgo no se limita a las pérdidas directas ocasionadas por sequías, inundaciones u otros eventos extremos. También puede expresarse en interrupciones logísticas, menor disponibilidad de materias primas, reducción de ingresos, incremento de costos y mayores dificultades para sostener el empleo y la inversión.
El reporte correspondiente al segundo trimestre de Credicorp, holding financiero al que pertenece el BCP, identifica a El Niño como uno de los principales factores de riesgo y fuentes de incertidumbre para lo que resta del año en Sudamérica. Diversas compañías también realizaron provisiones adicionales para afrontar sus posibles efectos.
Financiamiento para prevenir y no solo responder
Para Cavero, el acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional por 1.900 millones de dólares y la posibilidad de acceder a recursos adicionales del Fondo Latinoamericano de Reservas, el Banco Mundial y la CAF pueden abrir una oportunidad para estabilizar la economía, recuperar reservas y restablecer la confianza en el sistema financiero.
Sin embargo, señaló que el acceso a esos recursos estará acompañado por la necesidad de reducir el déficit fiscal. En ese escenario, será necesario generar condiciones para que la inversión y el sector privado puedan compensar el menor peso del gasto público.
Entre las medidas planteadas mencionó la reducción del gasto corriente y de las duplicidades dentro del Estado, una revisión de las empresas públicas, el pago de las deudas pendientes con proveedores privados y exportadores, la recuperación del crédito para el sector productivo y la creación de mejores condiciones para atraer inversión extranjera.
Fortalecer los sistemas de alerta
La posible llegada de El Niño vuelve más urgente la adopción de políticas específicas de prevención. Cavero propuso fortalecer las capacidades de gobernaciones y municipios, mejorar la difusión de información meteorológica entre productores y gobiernos locales y desarrollar mecanismos de financiamiento que permitan anticipar inversiones en sistemas de riego, almacenamiento de agua y cambios de cultivos, de acuerdo con los escenarios climáticos.
También planteó recuperar instrumentos de protección financiera frente a desastres, como el Fondo para la Prevención de Riesgos y Atención de Desastres (Forade), mediante un esquema que permita acumular recursos y disponer de ellos cuando se produzca una emergencia.
Una de las dificultades, indicó, es que las inversiones realizadas antes de un desastre suelen tener poca visibilidad política. Sin embargo, prevenir resulta considerablemente menos costoso que reparar posteriormente los daños y asumir las pérdidas económicas y sociales.
“El clima también tiene consecuencias económicas. Por eso, anticiparnos, contar con buena información y prepararnos a tiempo puede hacer una diferencia importante para las personas, los productores y las empresas. No se trata de generar alarma, sino de tomar mejores decisiones frente a los riesgos que podemos enfrentar”, señaló Christian Hausherr, gerente general del Banco de Crédito BCP.
Bolivia enfrenta así dos desafíos simultáneos: corregir los desequilibrios estructurales de su economía y prepararse para un fenómeno climático que puede profundizarlos. En este contexto, anticipar los riesgos, orientar recursos hacia la prevención y proteger la producción, el empleo y la inversión serán factores decisivos para reducir el costo económico y social de El Niño.
