ECONOMÍA. La región crecerá apenas un 2,2% en 2026, mientras que la economía boliviana se contraerá un 2,8%. El BM plantea aprovechar una IA accesible y adaptada a necesidades locales, pero advierte que las brechas educativas, empresariales y digitales pueden concentrar sus beneficios y ampliar las desigualdades.
América Latina y el Caribe crecerá apenas un 2,2% en 2026, mientras Bolivia enfrentará una contracción del 2,8%, de acuerdo con las últimas proyecciones del Banco Mundial. En una región marcada por la baja productividad, la informalidad, las brechas educativas y la creciente exposición a fenómenos climáticos como El Niño, la inteligencia artificial aparece como una posible herramienta para impulsar la economía y acercar soluciones a agricultores, pequeñas empresas y servicios públicos.
Sin embargo, el organismo advierte que el acceso a la tecnología no garantiza resultados. Sin capacitación, mejores datos y capacidad para incorporar las herramientas digitales a los procesos productivos, los beneficios podrían quedar concentrados en un grupo reducido de empresas y profundizar las desigualdades existentes.
La oportunidad no estaría necesariamente en desarrollar costosos modelos tecnológicos, sino en promover lo que el Banco Mundial denomina «IA a pequeña escala»: aplicaciones sencillas, de bajo costo y adaptadas a problemas locales, con potencial para apoyar actividades como la agricultura, la educación, la telemedicina, la gestión de pequeñas empresas y la prestación de servicios públicos.
El planteamiento forma parte del nuevo Panorama económico de América Latina y el Caribe, publicado el 6 de octubre bajo el título Aprovechando la transición de la IA. El informe analiza la situación económica regional y las condiciones necesarias para que la inteligencia artificial contribuya al crecimiento, en lugar de reforzar las brechas productivas y laborales.
Bolivia se aleja del promedio regional
El Banco Mundial estima que el producto interno bruto regional crecerá un 2,2% este año, una tasa ligeramente inferior al 2,4% registrado en 2025. Para 2027 prevé una expansión del 2,4% y para 2028, del 2,6%. Aunque estas cifras muestran cierta capacidad para resistir los choques externos, el organismo considera que el desempeño continúa siendo modesto y refleja las restricciones actuales, no el verdadero potencial de América Latina y el Caribe.
La perspectiva para Bolivia es compleja. Después de una caída estimada del 1,6% en 2025, el Banco Mundial proyecta que la economía se contraerá un 2,8% en 2026 y un 1,4% en 2027. Recién en 2028 prevé un crecimiento del 0,6%.
El panorama regional está condicionado por la persistencia de la inflación, las tasas de interés elevadas, el endeudamiento y el reducido espacio fiscal, factores que restringen el crédito, la inversión privada y el gasto público. A ello se suman las vulnerabilidades climáticas como el impacto de El Niño. En este contexto, la región necesita encontrar nuevos motores de productividad y la inteligencia artificial es una oportunidad, aunque condicionada a la capacidad de los países para adoptarla y adaptarla.
Tener acceso no significa utilizarla productivamente
“La IA ya está aquí. La pregunta es si la región podrá utilizarla de manera productiva. Una herramienta poderosa es menos relevante si los trabajadores y las empresas carecen de la capacidad de actuar s obre la información que generan. Los gobiernos que inviertan ahora en habilidades y capacidades empresariales probablemente obtendrán beneficios reales”, afirmó el economista en jefe del BM para América Latina y el Caribe, Carlos Rodríguez-Castelan.
La inteligencia artificial ya se está extendiendo por América Latina y el Caribe. Alrededor del 17% de los adultos en edad de trabajar afirma utilizar herramientas de IA generativa, alrededor de la mitad de la proporción registrada en Estados Unidos y Canadá.
También aumenta su incorporación en las empresas. Sin embargo, el uso continúa siendo mayoritariamente superficial: se emplea para redactar textos, encontrar información o realizar tareas puntuales, pero pocas organizaciones la integran en sus procesos centrales de producción, gestión y toma de decisiones.
Para el Banco Mundial, el principal obstáculo no es necesariamente el costo de las herramientas o la falta de acceso. Las mayores limitaciones están relacionadas con la capacitación de los trabajadores, las capacidades gerenciales y la posibilidad de reorganizar los procesos empresariales alrededor de la nueva tecnología.
Una herramienta puede ser potente, pero tendrá un efecto limitado si una empresa no cuenta con personal capaz de utilizar la información que genera o no puede convertirla en mejores decisiones. Esta situación afecta especialmente a las pequeñas y medianas empresas, que representan una parte importante del tejido productivo regional, pero suelen disponer de menos recursos, conocimientos técnicos y capacidad para transformar sus procesos.
El informe propone crear servicios de extensión tecnológica que combinen asistencia técnica, capacitación y recursos para ayudar a las empresas a identificar dónde puede utilizarse la IA, reorganizar sus flujos de trabajo y aplicarla en sus operaciones.
Una IA adaptada a problemas locales
Frente a la carrera internacional por construir modelos cada vez más grandes y costosos, el Banco Mundial plantea que América Latina puede obtener beneficios mediante soluciones más acotadas y vinculadas con sus necesidades. La “IA a pequeña escala” comprende aplicaciones prácticas, económicas y limitadas a tareas específicas. Algunas pueden funcionar en entornos con pocos recursos e incluso llegar a millones de personas mediante teléfonos básicos.
Estas herramientas podrían acercar conocimientos especializados a pequeños productores agrícolas, emprendedores y trabajadores que normalmente tienen dificultades para acceder a asistencia técnica. También muestran posibilidades en educación, telemedicina y prestación de servicios públicos.
Para una pequeña empresa, por ejemplo, su valor no estaría únicamente en generar textos, sino en mejorar la gestión de inventarios, organizar la información de clientes, anticipar la demanda, reducir pérdidas o apoyar decisiones comerciales. En el ámbito agrícola, podría facilitar el acceso a orientación técnica y contribuir a tomar decisiones con información más precisa.
El concepto permite pensar la inteligencia artificial no solo como una tecnología asociada con grandes compañías, sino como una herramienta que puede resolver problemas cotidianos y ampliar el acceso a conocimientos escasos. Pero para que esa posibilidad se concrete se necesitan datos confiables, conectividad, infraestructura digital, capacitación y herramientas adaptadas a los idiomas y realidades institucionales de la región.
Los cambios no llegarán al mismo tiempo para todos
El impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo tampoco será uniforme. El Banco Mundial distingue varias etapas de transformación, que abarcan desde el trabajo realizado frente a una pantalla hasta las actividades manuales que podrían ser automatizadas mediante sistemas robóticos.
Alrededor del 8,4% de la fuerza laboral latinoamericana se encuentra en empleos altamente calificados e intensivos en conocimiento, donde la inteligencia artificial podría complementar las capacidades humanas y elevar la productividad. En contraste, un 9,5% realiza actividades cognitivas rutinarias más expuestas a la automatización inmediata. Son tareas administrativas o repetitivas que pueden ser asumidas total o parcialmente por sistemas de IA generativa.
Una segunda transformación alcanzaría paulatinamente al trabajo físico. El 26,8% de la fuerza laboral desarrolla labores manuales o transaccionales rutinarias en entornos estructurados, como determinadas funciones de ensamblaje y producción. Estos puestos podrían quedar más expuestos conforme disminuya el costo de la robótica.
El informe presta especial atención a casi una quinta parte de los trabajadores de la región que desarrolla actividades en entornos informales y poco estructurados, como la venta ambulante o el trabajo doméstico. Estos empleos no serían inmunes a la tecnología: están protegidos temporalmente porque los bajos salarios hacen que automatizarlos todavía resulte poco rentable.
En total, el 78,1% de la fuerza laboral regional se desempeña en la denominada economía tangible, donde los algoritmos necesitan interactuar con máquinas, espacios físicos y personas. Por ello, el impacto de la automatización puede tardar más en llegar, pero no debe ser ignorado.
Capacitar antes de que ocurra el desplazamiento
El Banco Mundial recomienda anticiparse a los cambios y reemplazar los programas generales de capacitación por intervenciones dirigidas a los trabajadores y empresas con mayor exposición. Entre las opciones menciona la ampliación de carreras técnicas y programas de educación superior de ciclo corto, que pueden facilitar la reconversión hacia actividades con mayor demanda y menor riesgo de automatización.
También identifica áreas en las que las capacidades humanas mantendrán una ventaja más duradera, como los trabajos que requieren empatía, vínculos comunitarios, destrezas sensoriomotoras complejas o capacidad para actuar en entornos poco predecibles. Allí se encuentran ocupaciones como enfermería, enseñanza, mecánica o plomería.
El organismo considera que financiar de manera anticipada la reconversión laboral y la protección social será menos costoso que responder después al desempleo, la pérdida de ingresos y el aumento de la pobreza.
Los gobiernos también deberán fortalecer sus sistemas de información, mejorar la interoperabilidad de sus bases de datos y establecer marcos sólidos de ciberseguridad. Sin esas condiciones, la inteligencia artificial no podrá mejorar de manera significativa los servicios públicos.
El desafío regional no consiste únicamente en acceder a una tecnología que ya está disponible. Consiste en desarrollar las capacidades para utilizarla en la producción, la gestión pública y la solución de problemas concretos.
En una América Latina que continúa creciendo por debajo de su potencial -y en una Bolivia que enfrenta nuevas contracciones-, la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta para elevar la productividad y democratizar conocimientos. Pero, sin formación, acompañamiento a las pequeñas empresas y políticas que anticipen los cambios laborales, también puede reforzar las mismas desigualdades que promete ayudar a superar.
