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América Latina lidera la caída de poblaciones de fauna, pero la conservación puede revertir pérdidas

El jaguar cumple un papel clave en el equilibrio de los ecosistemas. En doce países de América Latina, incluido Bolivia, productores y comunidades aplican prácticas para proteger sus hábitats y favorecer la coexistencia con esta especie. Foto: © naturepl.com Gabriel Rojo WWF

BIODIVERSIDAD. El Informe Planeta Vivo 2026 estima una caída promedio del 95% en la abundancia de las poblaciones de fauna terrestre y de agua dulce entre 1970 y 2022. La pérdida de hábitats, la sobreexplotación y el cambio climático están entre las principales presiones. La acción sostenida puede revertir el declive.

América Latina y el Caribe es la región donde las poblaciones de vida silvestre estudiadas disminuyeron con mayor rapidez durante las últimas cinco décadas. El Informe Planeta Vivo 2026, presentado por WWF, estima una caída promedio del 95% entre 1970 y 2022, muy por encima del retroceso global del 73%. No obstante, también incorpora buenas señales con la recuperación de algunas poblaciones y transformaciones que comienzan a revertir las causas del deterioro, aunque con impactos incipientes.

El indicador regional se construyó con información de 4.737 poblaciones de 1.405 especies de vertebrados terrestres y de agua dulce. Incluye datos de México, Centroamérica, el Caribe y Sudamérica.

El 95% no significa que la región haya perdido esa proporción de todos sus animales o especies. Los investigadores siguieron a grupos de fauna de una misma especie en lugares determinados y compararon cómo cambió su número con el paso de los años. Algunas poblaciones crecieron o se mantuvieron estables, pero las reducciones registradas en otras marcaron una caída promedio del 95%.

A escala mundial, el índice analizó 35.803 tendencias poblacionales correspondientes a 5.790 especies de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios. El 43% de las poblaciones aumentó y el 7% permaneció estable, mientras que la otra mitad disminuyó. La magnitud de los descensos, sin embargo, superó ampliamente a la de las recuperaciones.

“Si bien 52 años de datos muestran que las poblaciones de vida silvestre monitoreadas han disminuido en promedio 73%, también demuestran que la naturaleza puede recuperarse cuando actuamos”, afirmó Rebecca Shaw, científica jefa de WWF. Agregó que los resultados muestran que «la recuperación es más que una esperanza».

El informe también identifica transformaciones que comienzan a modificar las causas del deterioro: la energía solar ya es la fuente más barata para nueva generación eléctrica en la mayoría de los países.

El agua dulce concentra el mayor descenso

Las poblaciones de agua dulce registraron el mayor descenso promedio, con un 85%, seguidas de las terrestres, con un 69%, y las marinas, con un 59%. La pérdida y degradación de los hábitats fue la amenaza más frecuente, seguida de la sobreexplotación, el cambio climático, la contaminación, las especies invasoras y las enfermedades.

En América Latina y el Caribe, entre las principales causas del declive aparecen la conversión de bosques, pastizales y humedales; la construcción de represas; la sobreexplotación de especies; el cambio climático y las enfermedades. Algunas amenazas se refuerzan entre sí: las alteraciones climáticas, por ejemplo, pueden aumentar la vulnerabilidad de los anfibios frente a determinadas infecciones.

La situación regional es más severa que la registrada en África, donde el índice cayó un 80%; Asia-Pacífico, con un 49%; América del Norte, con un 28%, y Europa y Asia Central, con un 23%.

Estas diferencias no deben interpretarse de manera aislada. En Europa y América del Norte, buena parte de la transformación de los ecosistemas ocurrió antes de 1970, año utilizado como referencia. Algunas poblaciones ya se encontraban entonces en niveles bajos y otras comenzaron posteriormente a estabilizarse o recuperarse gracias a medidas de conservación.

Roberto Troya, vicepresidente sénior de oficinas de país y director regional para Latinoamérica de WWF, calificó el dato como “profundamente preocupante” para una región que alberga seis países megadiversos y especies que no se encuentran en ningún otro lugar.

“Pero estos datos también nos muestran que nuestras acciones importan. El trabajo que hemos realizado junto con nuestros aliados ha contribuido a evitar pérdidas aún mayores de biodiversidad y a proteger ecosistemas y especies clave”, afirmó.

Recuperaciones que necesitaron décadas

El declive no es inevitable. Los casos reunidos por WWF muestran que la recuperación requiere medidas coordinadas y sostenidas durante años o décadas. Entre 2010 y 2025, la población mundial estimada de tigres aumentó de unos 3.200 a 5.700 ejemplares, un crecimiento superior al 70% y la primera inversión documentada de su prolongada tendencia descendente.

El avance fue resultado de planes nacionales, ampliación de áreas protegidas, profesionalización de guardaparques, acciones contra el tráfico transfronterizo y campañas para reducir la demanda. También participaron gobiernos, pueblos indígenas, comunidades locales, organizaciones y donantes. La recuperación sigue siendo frágil: los tigres ocupan menos del 8% de su territorio histórico y la especie continúa clasificada En Peligro.

La tortuga verde marina y el atún rojo son algunas de las poblaciones que han mostrado una recuperación. Foto. WWF

El atún rojo y la tortuga verde

Después de décadas de sobrepesca, el atún rojo del Atlántico y del Pacífico también llegó a niveles críticos. Su recuperación fue posible mediante cuotas, límites de tamaño, protección de áreas de desove, vigilancia portuaria, reformas en la pesca deportiva y compromisos asumidos por empresas, comerciantes y chefs.

La tortuga verde marina, por su parte, pasó en 2025 de la categoría En Peligro a Preocupación Menor en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

El cambio fue producto de medio siglo de trabajo coordinado en alrededor de 80 países. Las medidas incluyeron protección de huevos y hembras durante el desove, manejo de playas, controles sobre la iluminación, dispositivos para evitar capturas accidentales, vigilancia frente a la extracción ilegal y participación comunitaria. En los sitios monitoreados, las puestas anuales aumentaron de 419.000 en 2011 a cerca de 526.000 en 2024.

En África meridional, algunas poblaciones de elefantes también están estables o en crecimiento. El informe atribuye parte de estos resultados a marcos legales que reconocen la participación directa de las comunidades en el manejo de la fauna.

En África hay buenas noticias entre las poblaciones de elefantes. Foto: WWF

Jaguares y ballenas: soluciones desde América LatinaEl boletín regional que acompañó la presentación del informe incorporó experiencias desarrolladas en América Latina. Una de ellas corresponde a la conservación del jaguar. En la Amazonía peruana de Madre de Dios, el monitoreo mediante cámaras trampa permitió identificar 75 jaguares entre 2023 y 2024. Su presencia constituye un indicador de que el bosque todavía conserva las condiciones necesarias para sostenerlos y permite evaluar los resultados de las medidas de protección.

WWF también destacó el trabajo de productores y comunidades de Argentina, Belice, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay y Perú. Mediante mejores prácticas productivas, manejo sostenible de los territorios y medidas de coexistencia con la fauna, estas experiencias buscan demostrar que conservar y producir no tienen que ser objetivos contrapuestos.

Otra solución se aplica en el Canal de Panamá, donde la información científica permitió establecer una ruta de separación del tráfico marítimo de 60,2 millas náuticas y limitar la velocidad de las embarcaciones a diez nudos entre agosto y noviembre, meses de mayor presencia de ballenas jorobadas.

Según WWF, las medidas redujeron en un 93% la probabilidad de colisión entre ballenas y buques en dos años. La experiencia busca ampliarse mediante el Corredor Azul del Pacífico, una iniciativa que se extiende desde Alaska hasta la Patagonia y procura compatibilizar la protección de los cetáceos con el transporte marítimo.

No basta con salvar especies una por una

Las recuperaciones demuestran que la conservación funciona, pero WWF advierte que estos avances pueden perderse si no se modifican las causas estructurales de la degradación. “No podemos arreglar la pérdida de biodiversidad especie a especie”, sostiene el informe.

El sistema energético es el más avanzado en este proceso de transformación. La expansión de la energía solar muestra que un cambio puede acelerarse después de superar un punto de inflexión, aunque la transición todavía es lenta y desigual.

La alimentación y la agricultura muestran avances iniciales en producción positiva para la naturaleza, comercio y consumo sostenibles, dietas saludables y reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos. El sistema financiero se encuentra en una fase más temprana: necesita dejar de financiar actividades dañinas, incorporar la naturaleza y el clima como riesgos materiales y cerrar una brecha anual de financiación para la biodiversidad de 942.000 millones de dólares.

La participación local define los resultados

Las experiencias analizadas también muestran la importancia de quienes viven y trabajan en los territorios. Según WWF, los resultados son más sólidos cuando se reconocen los derechos y la autoridad de los pueblos indígenas y las comunidades locales.

Los casos analizados siguieron caminos distintos, pero compartieron elementos: metas claras, planes ajustables, capacidad de actuar en diferentes escalas y perseverancia durante años o décadas.

El mundo acordó detener y revertir la pérdida de biodiversidad para 2030, pero los compromisos y las acciones todavía no alcanzan la magnitud necesaria. La recuperación es posible, concluye el informe, pero requiere continuidad, financiamiento y coordinación antes de que la degradación atraviese umbrales después de los cuales restaurar la naturaleza resulte mucho más difícil o incluso imposible.