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Paqueterías en auge

​Cecilia González Paredes
Biotecnóloga y divulgadora científica

Hoy tomo distancia radicalmente de los temas que normalmente llaman mi atención. No es para menos. En los últimos meses he descubierto un mundo paralelo comercial. Las ventas en línea y el servicio de paquetería.

Más de una vez hemos pasado por el Palacio de Telecomunicaciones y hemos visto la cantidad de vendedores que aparecen a ciertas horas. Eran las horas de las entregas de las ventas en línea, ya sea por el servicio de Marketplace en Facebook o de los en vivo de TikTok.

A la fecha, he contado más de 10 negocios de paquetería y todos tienen paquetes aguardando ser recogidos. Algunos ya aplican una penalidad si el cliente no retira su compra en cinco o siete días. El servicio resuelve un problema concreto: vendedores y compradores coordinan sin depender de una entrega puerta a puerta y cada quien recoge cuando puede. Para quien vende, la actividad también puede convertirse en una fuente de ingreso y en una forma de autoempleo.

Pero conviene mirar qué hay detrás de este auge. La tasa de desocupación urbana no describe por sí sola la calidad del trabajo. El INE registró 3,2 % de desocupación urbana en el primer trimestre de 2026; en ese periodo, 84,2 % de los ocupados tenía empleo informal, frente a 82,6 % un año antes.

La paquetería aparece en ese paisaje: ingeniosa, útil, pero frágil. Muchas personas se rebuscan en actividades por cuenta propia, con ingresos variables y poca protección. Ese es el trasfondo que no siempre aparece en la estadística del desempleo. Y no es un detalle menor.

¿Seguirá creciendo? Probablemente, mientras vender por redes y recoger en puntos accesibles resulte más barato y práctico que sostener un local o una distribución formal. La expansión dependerá del poder adquisitivo, la confianza, los costos de transporte y la capacidad de los pequeños negocios para sostenerse. También podría aumentar la competencia y la presión por cobrar menos. Las transmisiones en vivo vuelven la compra un espectáculo y dejan poco espacio para pensar.

También preocupan las estafas: ofertas a precios demasiado bajos, pagos anticipados y productos que nunca llegan. El comercio en redes no está automáticamente liberado de impuestos. La normativa boliviana incluye las ventas por redes sociales dentro del comercio electrónico y establece obligaciones de facturación para quienes venden de manera comercial. Una venta ocasional entre particulares no equivale a un negocio habitual. Sin embargo, la informalidad es tal que difícilmente el brazo largo de impuestos internos puede llegar a este tipo de negocios.

Las paqueterías son una respuesta creativa a una economía que empuja a muchas personas a inventarse el trabajo. Facilitan ventas y generan ingresos, pero no deberíamos confundir su proliferación con una solución al desempleo ni con empleo de calidad. Su impacto financiero es limitado frente al de trabajos estables, con salarios, derechos, seguridad social y capacidad de dinamizar otros sectores. Son una salida práctica, pero no reemplazan el empleo formal.

La cifra de empleo informal y el desempleo urbano corresponden al primer trimestre de 2026, según datos del INE difundidos en su Encuesta Continua de Empleo. La normativa del SIN incluye las ventas en redes sociales dentro del comercio electrónico y establece reglas de facturación para quienes realizan ventas comerciales.

La pregunta no es si este mundo paralelo comercial desaparecerá mañana. Mientras falten oportunidades, seguirá encontrando espacio. ¿Por qué tantas personas deben construir su sustento en los márgenes, entre paquetes olvidados, ventas inciertas y riesgos de estafa?

Lo ideal siempre será generar verdaderos empleos, no obligar a la gente a multiplicar actividades precarias para llegar a fin de mes. Las paqueterías pueden ser parte de una economía más amplia; no deberían sustituir la que todavía no hemos sabido construir.