CONSERVACIÓN. Rescatada cuando era una cachorra que huía de los incendios forestales de 2024, recuperó la libertad tras casi dos años de rehabilitación. Su caso marca la primera liberación de un jaguar rehabilitado en Bolivia y abre un nuevo camino para la conservación de fauna silvestre.
Karina Vargas Alba
Yaguara volvió a la selva, el lugar del que nunca debió salir. La jaguar, rescatada cuando era apenas una cachorra en medio de los incendios forestales que devastaron Santa Cruz en agosto de 2024, recuperó este viernes la libertad en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado. Detrás de ese momento hay casi dos años de cuidados, aprendizajes y esfuerzos para que pudiera volver a ser lo que siempre estuvo destinada a ser: una jaguar en estado silvestre.
Su liberación marca un hito para la conservación de fauna silvestre en Bolivia. Es la primera vez que un jaguar rehabilitado regresa a la naturaleza tras un proceso diseñado específicamente para devolverle las habilidades necesarias para sobrevivir por sí solo. Detrás de ese logro hubo especialistas, instituciones públicas, organizaciones de conservación y una infraestructura desarrollada prácticamente desde cero para abrir un camino que hasta ahora no existía en el país.
«Fue un día lleno de emociones increíbles. Después de tanto esfuerzo y trabajo logramos liberar a la primera jaguar rehabilitada en Bolivia. Es un gran éxito y un hito para nuestro país, porque marca una historia y dará la oportunidad a otros felinos que tienen la posibilidad de volver a la libertad», destacó Tania «Nena» Baltazar, presidenta de la Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY).
«Ahora ya contamos con protocolos para la rehabilitación y con herramientas para el monitoreo mediante collar satelital», agregó. El proceso deja capacidades instaladas para la conservación de fauna silvestre en Bolivia.
La liberación se realizó en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado tras una compleja operación logística que incluyó transporte terrestre, aéreo y fluvial. Días antes, un equipo técnico de avanzada se desplazó al área protegida para preparar todos los detalles. Posteriormente, el 4 de junio, Yaguara fue trasladada por el «Equipo Jaguar», desde el Parque Ambue Ari hasta Guarayos y luego hasta la Base Naval Ramón Darío Gutiérrez. Desde allí continuó su viaje por río hasta el lugar elegido para dejarla la libertad.
En la operación participó personal y voluntarios de CIWY, del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP), la Dirección General de Biodiversidad y Áreas Protegidas, la Gobernación de Santa Cruz a través de DIRENA, Fundesnap, la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano (FCBC), la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) Fuerza Aérea Naval y un comité técnico-científico interinstitucional que acompañó todo el proceso. A esto se suma el apoyo que recibieron desde que decidieron rehabilitar a Yaguara, la Fundación Brigitte Bardot y BISA Seguros.

La cachorra que escapó del fuego
La historia de Yaguara comenzó cuando apenas tenía ocho meses y llegó exhausta y deshidratada, a una estancia ganadera en la zona de Nueva Jerusalén, en el municipio de Ascensión de Guarayos. Estaba junto a otra cría, presuntamente su hermano, que no pudo ser rescatado.
Al día siguiente, gracias a la rápida coordinación entre la gente de la estancia y las autoridades, la pequeña felina fue conducida al Santuario Ambue Ari, administrado por la Comunidad Inti Wara Yassi, y ubicado a 48 kilómetros de la propiedad. Así llegó Yaguara al refugio que la albergó hasta el 4 de junio.
El equipo veterinario la atendió de inmediato: análisis clínicos, hidratación urgente y observación conductual, marcaron las primeras semanas. Desde el primer momento, una característica llamó la atención de todos: Yaguara seguía siendo completamente silvestre. A pesar del trauma y el miedo, conservaba intacto su instinto natural, algo poco común entre los felinos que llegan a los centros de rescate.
Su rescate y recuperación marcaron el inicio de un proceso diferente. El equipo asumió que no era suficiente mantenerla con vida, el verdadero reto era lograr que algún día pudiera regresar a la naturaleza sin depender de las personas. CIWY inició un trabajo inédito en Bolivia, que hoy también deja aprendizajes y protocolos.

Aprender a ser jaguar otra vez
Durante casi dos años, Yaguara fue preparada para preservar y recuperar las habilidades que necesita para sobrevivir sola en su hábitat. Para ello se habilitó un recinto de aproximadamente 10.000 metros cuadrados diseñado para reproducir las condiciones de su entorno natural. El espacio incluía vegetación, zonas de refugio y hasta una laguna artificial construida para que pudiera desarrollar habilidades en el agua, una capacidad importante para los grandes felinos que habitan ecosistemas amazónicos.
Pero quizás el aspecto más complejo del proceso fue prepararla para cazar. A través de pasos de fauna especialmente diseñados ingresaban animales que le permitían ejercitar conductas esenciales para su supervivencia. Los especialistas monitoreaban cada avance mediante cámaras trampa, evaluando su comportamiento sin intervenir directamente.
El objetivo era claro: que siguiera siendo una jaguar silvestre. Por eso, el contacto humano se redujo al mínimo indispensable. «Cero contacto», así lo resume el equipo que acompañó el proceso. Cada decisión estuvo orientada a evitar cualquier apego a las personas y a garantizar que mantuviera intactos los comportamientos necesarios para sobrevivir en libertad.
A través de cámaras trampa, los especialistas monitorearon su evolución y verificaron que desarrollara habilidades clave como la caza y la exploración del entorno, explicó Ana Lucía Encinas, parte del equipo de CIWY. Solo cuando confirmaron que estaba lista para sobrevivir por sí sola, se elaboraron los informes técnicos que se presentaron ante las autoridades para solicitar la liberación.
Un aprendizaje para Bolivia
La rehabilitación de Yaguara también obligó a desarrollar capacidades que hasta ahora no existían en el país. Cuando comenzó el proyecto, Bolivia no contaba con experiencia en procesos de rehabilitación y liberación de jaguares. Fue necesario recurrir a especialistas internacionales, diseñar metodologías de trabajo, desarrollar protocolos y generar evidencia técnica que respaldara cada etapa del proceso.
Más allá de la historia individual de Yaguara, el proyecto deja infraestructura especial, procedimientos técnicos, experiencia acumulada y herramientas que podrán utilizarse en futuros casos de fauna silvestre con posibilidades reales de regresar a su hábitat natural.
La experiencia también demostró que la rehabilitación puede convertirse en una herramienta efectiva para la conservación cuando existen las condiciones adecuadas y un trabajo coordinado entre instituciones, especialistas y organizaciones de protección animal.
«Este es un gran paso para la conservación en Bolivia porque se está dando la oportunidad de que más animales puedan volver a su hábitat natural, contribuyendo al cuidado de muchas especies en peligro. Aquí hemos creado una infraestructura que va a perdurar, hay protocolos y experiencia que se han desarrollado con el apoyo de expertos internacionales», afirmó Encinas.

Una historia de éxito que no debería repetirse
Detrás de la liberación de Yaguara existe una paradoja. Su historia representa una de las noticias más alentadoras para la conservación de fauna silvestre en Bolivia en los últimos años. Pero al mismo tiempo es el resultado de algo que nunca debió ocurrir. Los incendios forestales, la pérdida de hábitat, el tráfico de fauna silvestre y otras presiones sobre los ecosistemas continúan sacando a miles de animales de sus espacios naturales.
La rehabilitación de un gran felino requiere años de trabajo, infraestructura especializada, apoyo económico, seguimiento técnico y una compleja coordinación institucional. Es un esfuerzo enorme que demuestra el compromiso de los centros de rescate y rehabilitación con los animales que llegan a sus manos.
Por ello, quienes celebran hoy la liberación coinciden en que siempre será mejor que los animales permanezcan en libertad y que nunca necesiten ser rescatados.
En estos momentos, Bolivia se acerca a los meses de incendios forestales. La historia de esta jaguar es un recordatorio de que proteger los bosques significa proteger también a las especies que los habitan y los procesos ecológicos que sostienen la vida, tomando en cuenta que también hay un marco legal que protege a esta especie emblemática del país.
Hoy Yaguara vuelve a correr libre por la selva que la vio nacer. Y aunque ya no está en un refugio, seguirá presente como un símbolo de la lucha contra el tráfico de fauna silvestre y la necesidad de proteger la biodiversidad boliviana, recordándoles a quienes llegan al Aeropuerto Internacional de Viru Viru que los jaguares pertenecen al bosque.
Su historia es una historia de éxito. Pero el verdadero éxito será que ningún otro jaguar tenga que recorrer el mismo camino para volver a casa.

Fotos: CIWY
