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El planeta está sobregirado, pero los gobiernos aún no preparan sus economías para la escasez de recursos

RECURSOS. La humanidad consume los recursos naturales un 73% más rápido de lo que los ecosistemas pueden regenerarse. Sin embargo, los límites ecológicos todavía no son considerados un riesgo estructural para la estabilidad económica, alimentaria y energética.

La humanidad agotó el 30 de julio el presupuesto de recursos y servicios ecológicos que la Tierra puede regenerar durante todo 2026. Sin embargo, el déficit no se encuentra solamente en los bosques, los suelos, el agua, las poblaciones de peces o la capacidad del planeta para absorber carbono: también está en la planificación de los gobiernos.

Un análisis de Global Footprint Network y Greenings concluye que ninguna de las estrategias nacionales examinadas reconoce y enfrenta suficientemente los riesgos económicos asociados al sobregiro ecológico. Aunque la disponibilidad de recursos sostiene la producción, el empleo, las finanzas públicas y el abastecimiento de alimentos y energía, la mayoría de los documentos estudiados continúa tratando la sostenibilidad como un asunto secundario y no como una condición para el funcionamiento de las economías.

“El sobregiro no es una preocupación ambiental lejana. Ya está produciendo impactos económicos”, afirma David Lin, uno de los autores principales del estudio y científico jefe de Global Footprint Network.

El mayor sobregiro registrado

El Día del Sobregiro de la Tierra marca el momento en que la demanda anual de la humanidad sobre la naturaleza supera lo que los ecosistemas pueden regenerar durante ese mismo año. Actualmente, los recursos y servicios ecológicos son utilizados un 73% más rápido de lo que el planeta puede reponerlos. Esto equivale a consumir los recursos de 1,73 Tierras.

El sobregiro se produce, entre otros factores, porque los vehículos, las centrales eléctricas y las industrias emiten más dióxido de carbono del que la biosfera puede absorber; se consume más agua dulce de la que se repone; se talan más árboles de los que pueden volver a crecer y se capturan más peces de los que las poblaciones naturales pueden reproducir.

Esto no significa que los recursos hayan desaparecido después del 30 de julio, sino que la humanidad comienza a cubrir su demanda reduciendo el capital natural acumulado y generando residuos -principalmente dióxido de carbono- por encima de la capacidad anual de absorción del planeta.

La fecha se ha mantenido dentro de un rango relativamente estrecho durante más de 15 años, pero el déficit de cada gestión se suma a la deuda ecológica acumulada y profundiza la degradación de los ecosistemas.

Una fecha posterior que no representa una mejora

El Día del Sobregiro de 2026 llegó seis días después de la fecha informada en 2025, pero este desplazamiento no responde a una reducción de la presión sobre la Tierra. Una revisión al alza de la capacidad de los océanos para absorber carbono, acompañada por otros ajustes menores, desplazó la fecha ocho días hacia adelante. En sentido contrario, el crecimiento real del sobregiro durante el último año la adelantó dos días. El resultado neto fue una fecha seis días posterior.

Global Footprint Network precisa que, al comparar los resultados mediante una misma base de datos y metodología, el nivel de sobregiro de 2026 es el mayor registrado.

Las Cuentas Nacionales de Huella Ecológica y Biocapacidad incorporan cada año nuevos datos y revisiones metodológicas. Por ello, las fechas anunciadas en distintas gestiones no deben compararse sin considerar esos ajustes.

El punto ciego de la planificación económica

El informe «¿Preparados para lo predecible? El sobregiro y el fracaso de los países a la hora de alistarse» revisó documentos que expresan las principales prioridades económicas y estratégicas de distintos gobiernos.

Evaluó dos aspectos. El primero fue si las estrategias reconocen que las economías dependen de recursos físicos limitados, sus consecuencias económicas y la importancia del sobregiro frente a otras prioridades nacionales.

El segundo analizó si ese reconocimiento se traduce en políticas vinculantes, financiamiento, instituciones responsables, mecanismos de control y avances hacia modelos productivos menos dependientes de materiales escasos, combustibles fósiles y procesos que deterioran los ecosistemas.

Los resultados muestran que ninguna de las estrategias examinadas se acerca a una respuesta integral. Incluso cuando la sostenibilidad aparece en los discursos públicos, no se refleja de manera consistente en las decisiones que orientan la producción, la infraestructura, el gasto público o las inversiones de largo plazo.

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China se acerca más, pero continúa lejos

El plan quinquenal de China obtuvo la evaluación más alta. El informe destaca que incorpora el concepto de “civilización ecológica”, reconoce límites a la expansión física e incluye objetivos, mecanismos de seguimiento e instrumentos de implementación. No obstante, continúa lejos de ofrecer una respuesta proporcional a la magnitud del sobregiro. Entre sus contradicciones, mantiene metas de crecimiento y estrategias productivas intensivas en recursos.

La Unión Europea también obtuvo una evaluación inferior a la que podría esperarse por su trayectoria en reportes y compromisos de sostenibilidad. Para los autores, esto evidencia una brecha entre las declaraciones ambientales y la planificación económica efectiva.

El estudio advierte, además, que la dependencia no se limita a los recursos obtenidos dentro de las fronteras. Las economías utilizan alimentos, energía, materias primas y servicios ecológicos procedentes de otros territorios. Una crisis distante puede, por tanto, interrumpir las cadenas de suministro, elevar los precios y comprometer sectores productivos enteros.

Los efectos pueden traducirse en inflación, inseguridad alimentaria y energética, presión sobre las finanzas públicas, pérdida de competitividad y mayores posibilidades de conflicto.

Una evaluación inicial

Los autores presentan la investigación como una prueba de concepto y no como una clasificación definitiva del desempeño ambiental o la exposición al riesgo de cada país. El estudio seleccionó entre uno y cuatro documentos por nación, priorizando planes de desarrollo y estrategias económicas, presupuestarias, industriales, de seguridad o sostenibilidad que expresaran las principales prioridades gubernamentales.

Los textos fueron evaluados mediante una rúbrica común aplicada por cuatro modelos de lenguaje de gran escala. Los resultados fueron contrastados entre sí y verificados con los documentos de política pública utilizados como fuente.

Aunque las evaluaciones mostraron un alto nivel de coincidencia, un grupo reducido de documentos no puede abarcar todas las políticas de un país y la propia rúbrica puede contener sesgos. Por ello, los resultados califican las estrategias examinadas y no toda la gestión de sus gobiernos.

Prepararse para lo predecible

El informe sostiene que la seguridad de los recursos debería ocupar un lugar central en la planificación económica, al mismo nivel que otros riesgos capaces de afectar la estabilidad fiscal, la producción, el empleo y el abastecimiento.

Recomienda que cada país establezca un grupo de trabajo o una comisión parlamentaria plural para identificar sus dependencias de recursos, calcular su exposición financiera y diseñar medidas de resiliencia antes de una nueva crisis. El análisis debería considerar tanto los recursos consumidos por la población como aquellos necesarios para sostener la producción, las exportaciones y la infraestructura.

Global Footprint Network también identifica soluciones en cinco ámbitos: ciudades, energía, alimentos, población y planeta. Por ejemplo, estima que reducir a la mitad las emisiones de dióxido de carbono provenientes de la quema de combustibles fósiles permitiría retrasar tres meses el Día del Sobregiro.

El desafío es terminar con el sobregiro mediante decisiones deliberadas y no como consecuencia de una crisis. Para ello, los gobiernos deben reconocer que la naturaleza no es un componente secundario de la economía, sino la base física que permite su funcionamiento.