CONSERVACIÓN. La fundadora de la Comunidad Inti Wara Yassi figura entre los 27 nominados al Premio Indianápolis 2027. De esta lista se escogerá a seis finalistas y, posteriormente, al ganador o ganadora del reconocimiento.
La historia comenzó con el rescate de una mona araña y una promesa: “No sé qué va a pasar, pero no te voy a abandonar”. Más de tres décadas después, ese compromiso coloca a Tania “Nena” Baltazar Lugones entre los 27 nominados al Premio Indianápolis 2027, considerado el mayor reconocimiento mundial a la conservación animal.
La fundadora y presidenta de la Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY) es, de acuerdo con los registros públicos del premio, la primera boliviana que figura entre los nominados al galardón, creado en 2004. Integra una selección de 27 conservacionistas de distintos continentes, de la cual comités especializados escogerán a seis finalistas y de entre ellos se elegirá al ganador o ganadora del Premio Indianápolis 2027.
El Zoológico de Indianápolis destacó su papel pionero en el rescate y la rehabilitación de fauna silvestre en Bolivia, así como su labor para transformar la atención de animales decomisados del tráfico y la caza furtiva en procesos de recuperación de especies y protección de sus hábitats.
La nominación vuelve a dirigir la mirada internacional hacia una trayectoria que comenzó cuando Baltazar era estudiante de Biología. Como contó Portal Verde en una nota publicada en febrero de 2025, encontró a una mona araña que permanecía en cautiverio y era víctima de maltrato. La rescató y comenzó a buscar un lugar donde pudiera vivir.
La primate se llamaba Nena, el mismo apodo con el que se conoce a Tania Baltazar. Cuando intentó dejarla en un zoológico, la mirada del animal cambió el rumbo de su vida. “Me miró como si me dijera: ‘No me dejes, no me abandones’. Y no pude resistirme. Entonces le dije: ‘Ya, no sé qué va a pasar, pero no te voy a abandonar’”, recordó Baltazar.
Aquel compromiso la llevó hasta Villa Tunari, donde en 1996, junto con Juan Carlos Antezana y Milenka Gutiérrez, puso en marcha el primer santuario de fauna silvestre de Bolivia. Así comenzó el trabajo de CIWY, que evolucionó desde el cuidado intuitivo de animales rescatados hasta la aplicación de protocolos científicos de rehabilitación y conservación.
Del rescate a la protección de los bosques
Durante más de tres décadas, CIWY ha atendido a miles de animales víctimas del tráfico ilegal, el cautiverio, el maltrato, la caza y los incendios forestales. También ha desarrollado programas de educación ambiental e investigación y ha avanzado en la protección de los ecosistemas donde puede recuperarse la fauna.
La organización sostiene actualmente los santuarios Ambue Ari, en Santa Cruz, y Jacj Cuisi, en La Paz. Entre ambos protegen alrededor de 1.300 hectáreas de bosque. Ambue Ari está especializado en grandes felinos, mientras que Jacj Cuisi recibe principalmente primates y pequeños mamíferos.
Esa experiencia alcanzó uno de sus mayores hitos en junio de 2026, con la reinserción de Yaguara en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado. La jaguar, rescatada durante los incendios de 2024, se convirtió en el primer gran felino rehabilitado y liberado en Bolivia. El proceso permitió desarrollar protocolos y capacidades para la rehabilitación, el traslado y el monitoreo satelital de grandes felinos, abriendo una posibilidad que hasta entonces no existía en el país.
“Después de tanto esfuerzo y trabajo logramos liberar a la primera jaguar rehabilitada en Bolivia. Es un gran éxito y un hito para nuestro país, porque marca una historia y dará la oportunidad a otros felinos que tienen la posibilidad de volver a la libertad”, destacó Baltazar después de la liberación.
Actualmente, los santuarios de CIWY albergan a unos 600 animales silvestres. La mayoría no puede regresar a la naturaleza debido a las secuelas físicas y psicológicas que dejó el cautiverio o porque perdió las habilidades necesarias para sobrevivir sin asistencia humana.
Por eso, aunque considera indispensable la labor de los centros de rescate, Nena Baltazar insiste en que el desafío de fondo es evitar que los animales sean retirados de sus hábitats. “La solución no es crear más centros de custodia; es frenar el tráfico, hacer cumplir las leyes, controlar y educar”, afirmó Baltazar en agosto de este año.

El camino hacia el premio
El Premio Indianápolis reconoce a personas que han conseguido avances relevantes en la protección de una especie o un grupo de especies. Por su dimensión y alcance internacional, es considerado el mayor galardón mundial de la conservación animal.
Baltazar comparte la nominación con especialistas que trabajan en la protección de gorilas, orangutanes, elefantes, cocodrilos, guepardos, tiburones, rayas, tortugas marinas, peces de agua dulce e invertebrados, entre otras especies.
Los 27 nominados representan la primera etapa del proceso. Comités especializados evaluarán sus trayectorias y seleccionarán a seis finalistas, quienes avanzarán a la fase definitiva del Premio Indianápolis 2027. Entre esos seis finalistas se escogerá al ganador o ganadora, que recibirá 300.000 dólares para fortalecer y ampliar un trabajo de conservación probado y de alto impacto; los otros finalistas recibirán 50.000 dólares cada uno.
El resultado será anunciado el 25 de septiembre de 2027, durante la ceremonia principal del premio en Indianápolis, Estados Unidos. Desde 2004, el Zoológico de Indianápolis ha destinado más de ocho millones de dólares a conservacionistas mediante este premio y otros programas de apoyo.
La nominación de Nena Baltazar incorpora a Bolivia en esa selección mundial y reconoce una trayectoria que comenzó con el rescate de una mona araña y se convirtió en un trabajo sostenido para proteger animales, conservar bosques y abrir posibilidades de retorno a la vida silvestre.

