DESARROLLO. La ISO/UNDP 53001 plantea que las empresas identifiquen los impactos positivos y negativos de sus actividades, prioricen los ODS más vinculados con su negocio y concentren sus esfuerzos en resultados medibles.
Las empresas no tendrán que intentar responder a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) ni sumar proyectos aislados para mostrar su compromiso con la Agenda 2030. Una nueva norma internacional propone que identifiquen dónde generan sus principales impactos, definan prioridades y concentren sus esfuerzos en las áreas en las que pueden producir cambios relevantes y medibles.
La Organización Internacional de Normalización (ISO) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) lanzaron este 28 de septiembre la ISO/UNDP 53001, la primera norma internacional que establece requisitos para gestionar la contribución de las organizaciones a los ODS.
La presentación se realizó en París, durante la Reunión Anual de ISO, que se desarrolla hasta el 2 de octubre bajo el lema “Generar confianza en un mundo cambiante”. El encuentro, organizado por la Asociación Francesa de Normalización (AFNOR), reúne a líderes mundiales, responsables de políticas públicas y especialistas para analizar el papel de los estándares internacionales frente a los principales desafíos globales.
El PNUD eligió a ISO como su socio para el desarrollo de estándares internacionales en esta iniciativa. La alianza combina la experiencia del organismo de Naciones Unidas en desarrollo sostenible con el sistema global de normalización de ISO y su red de organismos nacionales.
Sostenibilidad desde la estrategia
Aunque puede ser aplicada por gobiernos, universidades, organizaciones sociales y otras instituciones, la norma pone especial atención en el papel de las empresas y la inversión privada. Su objetivo es que la sostenibilidad se incorpore en la estrategia, la gobernanza, las operaciones y la toma cotidiana de decisiones, en lugar de quedar limitada a programas independientes o reportes institucionales.
La propuesta busca que cada empresa determine cuáles son los ODS más relacionados con su actividad, su contexto, sus impactos y las expectativas de sus grupos de interés. A partir de esa selección, deberá fijar objetivos, asignar responsabilidades, recopilar datos y evaluar sus resultados a lo largo del tiempo.
Su lanzamiento coincide con un momento crítico para la Agenda 2030. A menos de cuatro años de que concluya el plazo acordado por los países, solo el 36% de las 139 metas con información disponible está encaminado o registra progresos moderados, según el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2026 de Naciones Unidas.
Casi la mitad avanza con demasiada lentitud y el 15% se encuentra por debajo de los niveles de 2015. La falta de financiamiento, los conflictos, la crisis climática, el aumento de la deuda y las desigualdades continúan frenando el cumplimiento de los objetivos.
Priorizar dónde pueden generar mayor impacto
La ISO/UNDP 53001 no plantea que todas las empresas trabajen en los 17 ODS ni que distribuyan sus recursos entre múltiples acciones. Su enfoque consiste en identificar dónde se encuentran los impactos más relevantes de cada organización y focalizar allí sus decisiones y esfuerzos.
Para una empresa agroindustrial, por ejemplo, las prioridades podrían estar relacionadas con el uso del agua, la conservación del suelo, las condiciones laborales, la producción responsable o la protección de los ecosistemas. En una entidad financiera podrían concentrarse en la inclusión financiera, la orientación de sus inversiones, la igualdad de oportunidades y la gestión de los riesgos ambientales y sociales.
La selección, sin embargo, no debería basarse solamente en los objetivos que una empresa considere favorables para su imagen. La norma pide evaluar tanto las contribuciones positivas como los efectos negativos que sus actividades pueden generar sobre las personas y el ambiente.
Esto implica observar a la organización en su conjunto. Una empresa que financia un proyecto ambiental, por ejemplo, también tendría que considerar sus emisiones, el consumo de recursos, las condiciones laborales y los impactos de su cadena de suministro.

Pasar de proyectos aislados a decisiones empresariales
Uno de los cambios que propone la nueva norma es incorporar la sostenibilidad en el funcionamiento habitual de las empresas. Los ODS deberían formar parte de la planificación, la evaluación de riesgos, las inversiones, las operaciones y las decisiones de la alta dirección.
El estándar utiliza el ciclo Planificar-Hacer-Verificar-Actuar. Bajo este modelo, las empresas deben identificar sus prioridades, establecer objetivos, ejecutar acciones, medir los resultados y ajustar sus decisiones para mejorar continuamente su desempeño.
“Los ODS han proporcionado una visión global compartida durante una década. Hoy, las organizaciones buscan formas concretas de traducir esa visión en acciones”, afirmó el secretario general de ISO, Sergio Mujica.
La norma también ofrece una referencia común para que inversionistas, gobiernos, instituciones de desarrollo y otros actores conozcan cómo las empresas llevan sus compromisos a la práctica y con qué resultados.
Al tratarse de un sistema de gestión basado en requisitos, proporciona una base para demostrar que la organización cumple los criterios establecidos y fortalecer la rendición de cuentas sobre sus acciones.
Una referencia para empresas de distintos tamaños
La ISO/UNDP 53001 puede ser aplicada por organizaciones de cualquier tamaño, sector y ubicación. Su flexibilidad permite que cada empresa defina sus prioridades de acuerdo con su actividad, sus capacidades y el entorno en el que opera.
También puede integrarse con otros sistemas de gestión, como la ISO 9001, de calidad, y la ISO 14001, de gestión ambiental. Las empresas que ya utilizan estas normas podrán incorporar los requisitos relacionados con los ODS en procesos existentes, reducir duplicidades y gestionar de manera más articulada sus riesgos y compromisos.
ISO y el PNUD prevén trabajar con otros actores del sistema multilateral en la elaboración de orientaciones específicas para diferentes sectores. El propósito es conectar las prioridades globales de desarrollo con las condiciones y los desafíos de cada industria y mercado.
El creciente papel de la inversión privada
La nueva norma surge en un escenario en el que los recursos públicos resultan insuficientes frente a la magnitud de las necesidades de desarrollo sostenible. ISO y el PNUD consideran que las empresas y la inversión privada tendrán un papel cada vez mayor en el financiamiento y la ejecución de las prioridades nacionales y globales.
Para el PNUD, la herramienta no se limita a mejorar los reportes empresariales. Busca influir en la manera en que las organizaciones operan, evalúan riesgos, asignan recursos y definen sus resultados.
“Al hacer que la sostenibilidad forme parte de la toma de decisiones cotidiana, la norma puede ayudar a acelerar el progreso hacia la Agenda 2030”, afirmó Marcos Neto, subsecretario general de Naciones Unidas y director de la Dirección de Apoyo a las Políticas y los Programas del PNUD.
El proceso se inició en 2024
La ISO/UNDP 53001 tiene como antecedente las directrices presentadas por ambas organizaciones en septiembre de 2024. Aquel documento ofrecía orientaciones para integrar los ODS en las decisiones institucionales. La nueva norma da un paso adicional al establecer requisitos para un sistema de gestión.
Su elaboración fue liderada por Danish Standards y requirió la colaboración de especialistas de diferentes países, sectores y perspectivas. El objetivo fue consensuar requisitos que pudieran ser aplicados por organizaciones de distintos tamaños, actividades y ubicaciones.
“Crear una norma que pudieran aplicar organizaciones de todos los tamaños, sectores y ubicaciones geográficas requirió una amplia colaboración entre expertos de todo el mundo”, afirmó Jens Heiede, director general de Danish Standards.
A través de la red de organismos nacionales de ISO, la norma podría contribuir a una mayor coherencia entre países y economías, al ofrecer un punto de referencia común para traducir las prioridades de desarrollo sostenible en acciones medibles.
Su adopción no será automática
El estándar ya está disponible internacionalmente, pero su publicación no implica su adopción automática en todos los países. Los organismos nacionales miembros de ISO podrán incorporarlo como referencia nacional.
Como ocurre con las normas ISO, su aplicación es voluntaria y no sustituye las obligaciones ambientales, sociales o laborales establecidas por las leyes de cada país.
La norma fue diseñada para mantener su utilidad después de 2030 y adaptarse a los futuros acuerdos internacionales que den continuidad a los actuales Objetivos de Desarrollo Sostenible. También será sometida a las revisiones periódicas que ISO realiza para actualizar sus estándares.
Su alcance dependerá ahora de cómo la utilicen las empresas: si se convierte en una herramienta para focalizar recursos, revisar impactos y modificar decisiones o si queda reducida a una nueva forma de presentar compromisos de sostenibilidad.
