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Caballos como aliados terapéuticos: la experiencia que impulsa la UMSA en La Paz

TERAPIA. El vínculo con los animales, su movimiento y hasta las diferencias de temperamento se incorporan al acompañamiento de niños con autismo o dificultades de aprendizaje, jóvenes con problemas emocionales y adultos mayores. El centro universitario también articula el trabajo de distintas especialidades.

Choco baja la cabeza cuando un niño se aproxima. Lo mira, se acerca y responde a su presencia. Para algunos pequeños con dificultades en el lenguaje, ese primer encuentro puede despertar el intento de comunicarse y hacer que una de las primeras palabras que busquen pronunciar sea, precisamente, el nombre del caballo: “Choco”.

La escena forma parte del trabajo que desarrolla el Centro de Equinoterapia de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en La Paz, una experiencia que incorpora a los caballos como aliados en procesos terapéuticos dirigidos a niños, adolescentes, jóvenes y adultos mayores.

“Como es un ser vivo, tiene sus reacciones: te mira, se acerca a ti, te huele. Precisamente ese vínculo se convierte en parte del trabajo terapéutico”, explica Doris Cruz, coordinadora del centro, dependiente de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.

La interacción con el animal se complementa con el movimiento rítmico y tridimensional que produce al caminar, su calor corporal y actividades que incluyen palabras, juegos o música. El equipo selecciona los recursos de acuerdo con las características y los objetivos definidos para cada persona.

El centro atiende a niños con autismo, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), síndrome de Down, retraso del lenguaje, dificultades de aprendizaje o hipotonía muscular, una condición de bajo tono muscular que puede afectar el movimiento y la postura.

La experiencia también se dirige a adolescentes y jóvenes que atraviesan problemas de ansiedad, depresión o conducta, así como situaciones familiares complejas. Cuando el caso lo requiere, se conforma un equipo multidisciplinario con profesionales de áreas como Psicología, Terapia Ocupacional y Fisioterapia. Los objetivos del proceso también son comunicados a las madres y los padres.

El temperamento también forma parte de la terapia

Choco, Petiso, Capricho y Fiona son los cuatro caballos que participan en las sesiones. Cada uno tiene un temperamento diferente y, por esa razón, es incorporado a distintos tipos de intervención.

Choco tiene un paso lento, es paciente y está acostumbrado a trabajar en medio de música, pelotas y otros estímulos. Estas características permiten que acompañe principalmente a niños, entre ellos pequeños con autismo.

Petiso, en cambio, es joven y enérgico. Trabaja especialmente con adolescentes que presentan dificultades de conducta. Cuando el caballo se inquieta, ellos deben aprender a detenerlo y manejar su energía, como parte de un ejercicio que también demanda atención y autocontrol.

Capricho participa en intervenciones relacionadas con ansiedad, depresión, adicciones y dependencia. Fiona tiene un temperamento fuerte y acompaña principalmente a personas que ya avanzaron en su proceso. La interacción exige que aprendan a regular sus propias reacciones para conseguir que el animal responda.

De esta manera, la elección del caballo no es indistinta: su comportamiento se toma en cuenta según las necesidades y el momento que atraviesa cada usuario.

En el lugar se realizan diferentes terapias de acuerdo al tipo de dolencia.

Una experiencia que no siempre requiere montar

El trabajo con caballos tampoco implica necesariamente subir sobre ellos. La UMSA ofrece una Experiencia Vivencial Terapéutica para personas que no pueden montar. Los adultos mayores, por ejemplo, pueden acercarse a los animales, alimentarlos, acariciarlos o cepillarlos, además de participar en actividades de arteterapia y danzaterapia.

También se desarrollan sesiones individuales de Equinoterapia Especializada, con una duración de 45 minutos, y actividades grupales preparadas de acuerdo con las características de los participantes.

La iniciativa funciona, además, como un espacio de formación para universitarios de diferentes carreras. Los estudiantes participan mediante voluntariados, pasantías y modalidades de titulación, reciben capacitación y se integran al equipo encargado de las sesiones.

Cruz resume el enfoque en tres cuidados fundamentales: “respeto al usuario, al caballo y al equipo”. El bienestar de los animales es parte de los protocolos que orientan el funcionamiento del centro, junto con las pautas establecidas para la atención de las personas.

Antes de interrumpir sus actividades, este espacio llegó a atender a cerca de 300 usuarios al mes. Su reapertura se produjo después de un proceso de evaluación y reorganización que incluyó requisitos financieros, jurídicos y de infraestructura, además de la elaboración de un reglamento interno con protocolos de atención y bienestar equino.

Con el retorno de Choco, Petiso, Capricho y Fiona a las sesiones, la experiencia vuelve a mostrar las posibilidades de integrar la interacción con animales, el trabajo multidisciplinario y la formación universitaria en el acompañamiento de personas con distintas necesidades.

Las sesiones tienen costos desde 25 bolivianos. El Centro de Equinoterapia está ubicado en el Campus Universitario de la UMSA, entre las calles 28 y 29 de Cota Cota, en La Paz. Para consultas y mayor información está habilitado el número de WhatsApp 70156378.