Cecilia González Paredes
Biotecnologa y divulgadora cientifica
Una semana más acaba de pasar y estamos en la misma situación de incertidumbre, con menos alimento, menos oxígeno en hospitales, menos gasolina y hasta los bancos de sangre andan pidiendo donadores.
Siete días en los que hemos visto recrudecer la violencia de un lado y la inoperancia del otro. Al medio, el ciudadano promedio, los que trabajan, estudian, respetan la propiedad pública, los que pagan impuestos y que irónicamente contribuimos al sueldo de los dos bandos que se enfrentan.
Esta semana hemos escuchado desde discursos irracionales y cargados de desprecio, hasta la misma cantaleta de que están abiertos al diálogo. No se necesita ser un premio Nobel en ciencia para entender que un sordo no puede comunicarse con un ciego.
Si bien muchos continuamos con nuestras labores y haciendo cálculos magníficos para que alcance el alimento y el dinero se pueda estirar para pagar los super inflados precios, creo que un común sentir en la mayoría es el desprecio y repudio. Para los que nos tienen rehenes y no han tenido el mínimo de humanidad para dejar pasar ambulancias u oxígeno, y también para los que supuestamente gobiernan pero solo quieren escuchar a los que nos tienen rehenes.
No es un secreto que los muchos años de destrozar la educación básica y convertirla en un cántaro vacío lleno discursos e ideología, sería reforzado por el analfabetismo que aún persiste en la gente mayor. Tampoco es casualidad que el discurso de racismo unidireccional que utilizan, es un patrón en cualquier país, entre la población que solo accede a una educación deficiente..
Me ha tocado trabajar y estudiar con bolivianos de toda índole, con hispanoamericanos de distintos países, con norteamericanos, asiáticos, europeos y hasta africanos. De todos los colores, de muchas profesiones religiosas. Siempre fue viable trabajar con ellos, a pesar de hablar en distintos idiomas, de tener distintas comidas o preferencias en muchos detalles.
Quizás esta es la principal razón por la que durante algún tiempo he buscado, y lo he logrado, el volver a la educación. Si bien no básica, los proyectos que se arman y se desarrollarán, sí apuntan a este tipo de educación. Porque es inaudito, que en un país tan grande y lleno de oportunidades desde la naturaleza, tenga que seguir clavado en los corazones de unos cuantos, ideas retrógradas y cargadas de un sentimiento negativo.
También volver a las aulas, es una acción que me empuja a seguir estudiando, quizás ya no enfrascarme tanto en la ciencia y a tomar otros autores, ser curiosa en otras disciplinas. Así, llegué a revisar algo más de un pensador más contemporáneo que dejó una huella en la manera como aplicamos el método científico en la actualidad.
Karl Popper propuso un cambio en la pregunta fundamental de la política: en lugar de buscar al líder perfecto o los caudillos, sugirió enfocarnos en cómo diseñar mejores instituciones para limitar el daño que los malos o incompetentes pueden causar. Esto dentro de un sistema democrático que siempre ha dejado un hueco muy grande en cuanto a los votantes. Sócrates, que fue condenado por ser preguntón, llegó a señalar el error de permitir que todos votasen.
Justamente, la población carente de una educación adecuada, es la que fácilmente se deja manipular, amenazar y convencer de regalar su voto, según el capricho de algún dirigente o cabeza de su comunidad.
Escuchaba una declaración en sentido de que si el actual gobernante ganó con más del 55 %, se debía a que muchos votaron por su vicepresidente. ¡Ole! ¿Realmente pensaron que el vicepresidente era un jugador de peso en el gobierno? Claramente, ese grupo de gente se dejó engañar por desconocer cómo funciona el sistema de gobierno en el país, son parte de los que hoy protestan y exigen su capricho. Mientras la mayoría, tenemos que callar, no vaya a ser que las organizaciones de derechos humano nos acusen de ser violentos y discriminadores.
Para evitar gobernantes tibios que dan preferencia a los que nos tienen rehenes, es menester ir forjando futuros profesionales que más que votar por una figura voten por la construcción de instituciones y poderes independientes, capaces de detener, sancionar y penalizar a cualquiera que amenace la convivencia civilizada y pacífica con la que los ciudadanos deben conducirse.
