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De los flamencos a la paraba frente roja: más de 700.000 hectáreas protegidas para conservar las aves en Bolivia

Este es el Chorlo Dorado Americano (Pluvialis dominica). Foto: Rodrigo Soria

CONSERVACIÓN. Nueve proyectos desarrollados en cinco departamentos impulsaron la creación y consolidación de áreas protegidas, el monitoreo de especies amenazadas y la elaboración de herramientas para gestionar estos territorios. Las acciones, realizadas con comunidades y gobiernos locales, podrían alcanzar el millón de hectáreas.

Proteger las nacientes de los ríos de las que dependen comunidades indígenas del Beni, resguardar un sitio que alberga el 12% de la población mundial de la paraba frente roja y monitorear humedales que reúnen importantes concentraciones de flamencos, impulsando alianzas entre comunidades y municipios, son algunas de las acciones desarrolladas durante los últimos tres años por Conserva Aves en Bolivia.

El programa impulsó nueve proyectos en Beni, Potosí, La Paz, Oruro y Santa Cruz, junto con organizaciones locales, comunidades indígenas y campesinas y 20 gobiernos aliados. En este proceso más de 700.000 hectáreas fueron declaradas áreas protegidas subnacionales y otros proyectos en curso podrían elevar esta superficie hasta aproximarse al millón de hectáreas.

“Hasta hace unos días eran un poco más de 450.000 hectáreas y ahora tenemos la buena noticia de que esa cifra se ha elevado. Uno de los proyectos liderados por Faunagua en el Iténez ha concluido y está legalmente establecido. Con ello, la suma de hectáreas declaradas supera las 700.000”, explicó Rodrigo Soria, director ejecutivo de la Asociación Armonía, durante el cierre de la etapa de implementación de Conserva Aves 2023-2026.

La creación legal de estas áreas, sin embargo, constituye solamente el primer paso. Los proyectos también avanzaron en la elaboración y aprobación de planes de manejo, estrategias de sostenibilidad financiera, acciones de monitoreo de la biodiversidad y mecanismos de participación local. Estas herramientas buscan que los territorios protegidos puedan funcionar y sostenerse en el tiempo.

Proteger el agua y la vida en el TIM

En el Territorio Indígena Multiétnico (TIM), en Beni, la conservación está estrechamente relacionada con la protección de las fuentes de agua, los bosques y las formas de vida de los pueblos indígenas. El territorio tiene cerca de 600.000 hectáreas y más de 4.000 habitantes pertenecientes a cinco pueblos: mojeño ignaciano, mojeño trinitario, yuracaré, chimán y movima. Muchas de sus comunidades están asentadas a orillas de los ríos y dependen directamente de estos sistemas para su subsistencia.

En este contexto se creó el área de conservación Loma Santa, una decisión vinculada con la necesidad de proteger las nacientes y asegurar el agua para las comunidades.

“Nosotros hemos visto como gobierno la necesidad de proteger las nacientes de los ríos. La mayoría de las comunidades indígenas que conforman el Territorio Indígena Multiétnico están ubicadas sobre la vía de los ríos. Por eso hemos creado el área de conservación Loma Santa”, explicó Severiano Matene, líder indígena del TIM.

La protección del territorio permite cuidar los bosques y la biodiversidad, pero también preservar la vida y las culturas de los cinco pueblos que lo habitan. “El agua es el medio de vida de los territorios indígenas y de las comunidades que habitan el TIM. Con eso también estaríamos protegiendo la forma de vida de los cinco pueblos indígenas”, señaló Matene.

Poopó y Uru Uru, refugios para miles de flamencos

Otra de las acciones se desarrolla en los lagos Poopó y Uru Uru, en Oruro. Este complejo de humedales altoandinos, reconocido internacionalmente como sitio Ramsar, es un espacio estratégico para los flamencos y otras aves acuáticas.

El proyecto, ejecutado por el Centro de Estudios en Biología Teórica y Aplicada (BIOTA), busca que el territorio sea reconocido como un área protegida de carácter nacional, con una superficie aproximada de un millón de hectáreas.

El trabajo incluyó monitoreos mensuales para conocer la presencia y variación de las poblaciones de aves. De acuerdo con Omar Rocha, director ejecutivo de BIOTA, estos ambientes albergan regularmente alrededor de 50.000 flamencos de tres especies y, en un registro extraordinario, se llegaron a contabilizar 250.000 ejemplares desde la isla de Panza.

El dato muestra la importancia de los humedales para la alimentación, el descanso y la supervivencia de estas aves, especialmente en un sistema expuesto a transformaciones ambientales.

“Eso significa que este sitio, este humedal, es estratégico para la conservación de aves acuáticas y, sobre todo, para las tres especies de flamencos altoandinos”, sostuvo Rocha.

En Toro Toro se trabaja para la conservación de la Paraba Frente Roja (Ara rubrogenys). Foto: Steffen Reichle

Un sitio clave para la paraba frente roja

BIOTA también trabaja en la subcentral de Cuñurani, en el municipio de Torotoro, Potosí, donde se impulsa la creación de una reserva municipal de aproximadamente 10.000 hectáreas. El área comprende cuatro comunidades y protege el cañón de Jala Jala, identificado como un sitio relevante para la paraba frente roja, una especie catalogada En Peligro Crítico.

El monitoreo reproductivo realizado durante un ciclo anual permitió dimensionar la importancia del lugar para su conservación. “Se ha determinado que este sitio, esta área protegida, alberga el 12% de la población mundial de la paraba frente roja”, informó Rocha.

La protección del cañón representa, por tanto, una acción directa sobre uno de los hábitats fundamentales para una especie endémica de Bolivia cuya población se encuentra amenazada.

Otra de las aves que se ha logrado preservar con estos proyectos es la Garza Pecho Castaño (Agamia agami). Foto: Steffen Reichle – Faunagua

Serranía de Sunsas avanza de la declaratoria a la gestión

En Santa Cruz, uno de los principales resultados fue la creación de la Reserva Municipal de Vida Silvestre Serranía de Sunsas, que comprende 86.905,01 hectáreas del municipio de San Matías. La reserva busca proteger el Bosque Seco Chiquitano y los ecosistemas de transición hacia el Pantanal, una zona de alto valor para la biodiversidad.

En este territorio, el proceso avanzó más allá de la declaratoria legal. Se elaboraron un plan de manejo y un Plan Estratégico Financiero, se desarrollaron acciones de monitoreo de la biodiversidad -particularmente de aves- y se consolidó un comité de gestión como espacio de participación y gobernanza.

La pava mutún (Crax fasciolata) fue identificada como una especie emblemática de la reserva y como símbolo de la riqueza natural que se busca conservar.

El proyecto tuvo como socio local a la Fundación CERAI e involucró a autoridades municipales y comunidades indígenas del territorio, además de articularse con una iniciativa de The Pew Charitable Trusts.

El cóndor andino (Vultur gryphus) también ha encontrado un espacio seguro. Foto: Teodoro Camacho

Áreas protegidas con planes para sostenerse

La experiencia de Sunsas refleja uno de los ejes centrales del programa: evitar que las áreas protegidas se queden únicamente con una declaratoria legal y dotarlas de instrumentos que orienten su funcionamiento.

Los planes de manejo permiten definir las acciones que se desarrollarán en cada territorio, establecer responsabilidades y ordenar el uso y la protección de sus recursos. Las estrategias de sostenibilidad financiera, por su parte, buscan identificar los recursos y mecanismos necesarios para mantener estas acciones a largo plazo.

“En muchos casos se declararon áreas protegidas y se quedaron ahí. Conserva Aves marca una diferencia porque no solamente ha impulsado a los proyectos a alcanzar la declaratoria legal, sino también la elaboración y aprobación de sus correspondientes planes de manejo y estrategias de sostenibilidad financiera”, afirmó Soria.

Estos instrumentos, añadió, permiten que las áreas sean operativas y trazan una ruta para el trabajo que deberán continuar las organizaciones, las autoridades y las comunidades de cada territorio.

Nueve proyectos en cinco departamentos

Conserva Aves es una iniciativa regional orientada a proteger a largo plazo las aves, la biodiversidad y las funciones que cumplen los ecosistemas mediante la creación y consolidación de áreas protegidas subnacionales. En Bolivia fue implementada por la Asociación Armonía y la Fundación para el Desarrollo del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (FUNDESNAP), junto con organizaciones locales, gobiernos municipales y comunidades.

Los nueve proyectos fueron seleccionados considerando territorios prioritarios para la conservación de aves amenazadas, endémicas y migratorias, así como la distribución de las especies y el uso que hacen de sus hábitats. Las acciones abarcaron áreas protegidas municipales, departamentales y de territorios indígenas, además de corredores ecológicos y otras figuras de conservación.

El enfoque parte de que la protección de los hábitats de las aves también permite conservar ecosistemas completos y los beneficios que estos brindan a la población. Esto adquiere especial importancia para las más de 80 especies migratorias que cada año atraviesan Bolivia y conectan sus ecosistemas con rutas que se extienden por todo el continente.

La iniciativa regional tiene la meta de contribuir a la protección de al menos dos millones de hectáreas en nueve países de América Latina. Su primera etapa contó con una inversión de 12 millones de dólares del Bezos Earth Fund para acciones en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, canalizadas mediante American Bird Conservancy, National Audubon Society, BirdLife International, Birds Canada y la Red de Fondos Ambientales de Latinoamérica y el Caribe.

El desafío de dar continuidad a las acciones

La conclusión de la etapa 2023-2026 abre ahora el desafío de fortalecer la gestión de las áreas creadas, asegurar su sostenibilidad financiera y acompañar los procesos que aún están en desarrollo.

Para Sergio Eguino, director ejecutivo de FUNDESNAP, las nuevas metas deben apuntar tanto a ampliar la superficie destinada a la conservación como a mejorar la efectividad del manejo de los territorios que ya cuentan con reconocimiento y legitimidad local.

“La legitimidad ya la tienen. Ahora tenemos que soñar más allá: con otras áreas y con mejorar la efectividad del manejo y la manera de hacer sostenibles estas áreas”, señaló.

Armonía, FUNDESNAP y sus aliados indicaron que continuarán buscando mecanismos para acompañar estos procesos. La permanencia de las áreas dependerá, en buena medida, de que cuenten con gestión, recursos y participación sostenida de las comunidades y autoridades que hicieron posible su creación.

Lo más importante es la conservación de estas áreas, que permiten preservar los entornos para aves como la Rollandia microptera. Foto: Alex Gimenes

Fuente: Asociación Armonía