LIDERAZGO. Mujeres lideran negocios exitosos. La red buscará fortalecer estas experiencias y enfrentar desafíos pendientes, como la informalidad, la falta de trazabilidad, las barreras normativas, el acceso a financiamiento y la limitada presencia femenina en los eslabones de mayor valor agregado.
Mujeres bolivianas están demostrando que la economía circular puede traducirse en soluciones ambientales, empleos y negocios viables: convierten residuos agropecuarios en energía y biofertilizantes, recuperan baterías en desuso para reincorporar el plomo a la producción y transforman descartes industriales, textiles y de la construcción en nuevos productos. Estas experiencias, que combinan innovación y sostenibilidad, dieron un nuevo paso con la conformación de la Red Nacional de Mujeres Empresarias y Emprendedoras en Economía Circular.
La articulación surge en un escenario en el que Bolivia ya cuenta con modelos empresariales capaces de recuperar materiales y devolverlos al ciclo productivo, pero todavía enfrenta obstáculos para consolidarlos y ampliar su impacto. La informalidad, la falta de trazabilidad, las barreras normativas, el limitado acceso a financiamiento y la escasa presencia femenina en los eslabones de mayor valor agregado figuran entre los principales desafíos.
La red buscará conectar a mujeres que desarrollan negocios circulares en distintas regiones del país, fortalecer sus capacidades técnicas y facilitar oportunidades de formación, colaboración y acceso a mercados. También se propone contribuir a que sus experiencias sean consideradas en la construcción de políticas públicas relacionadas con la economía circular y la sostenibilidad.
La creación de la red fue uno de los principales resultados del Primer Foro de Mujeres Empresarias y Emprendedoras en Economía Circular, realizado el 14 de agosto en Santa Cruz de la Sierra con la participación de más de 50 mujeres. El encuentro fue impulsado por la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA) y la Asociación Boliviana de Ex Becarios de Corea (BAAK), con Swisscontact y Regenera Soluciones como aliados estratégicos.
Las participantes firmaron un acta de compromiso para acompañar la consolidación de la red, que pretende facilitar contactos comerciales, formación, acceso a información técnica y oportunidades de colaboración. También se plantea fortalecer la capacidad de las mujeres para incidir en futuras políticas públicas relacionadas con sostenibilidad y economía circular.
Desafíos económicos y ambientales
Para Yuri Lim, representante de KOICA, Bolivia enfrenta importantes desafíos socioeconómicos y ambientales asociados con el modelo lineal de producción y consumo. Frente a esta realidad, sostuvo que la economía circular permite optimizar el uso de los recursos naturales y reducir los impactos ambientales en sectores como la agroindustria y la manufactura.
“El liderazgo femenino es un catalizador fundamental para lograr un verdadero cambio de paradigma. La participación de la mujer en la economía sostenible no solo promueve la equidad de oportunidades, sino que genera un impacto positivo directo en el bienestar de las familias y las comunidades bolivianas”, afirmó.
Swisscontact, que trabaja desde hace más de 20 años en gestión integral de residuos, economía circular y negocios verdes, acompañará el proceso de conformación y fortalecimiento de la nueva red. Ingrid Delgadillo, coordinadora de Monitoreo y Medición de Resultados de la organización, destacó la necesidad de que las iniciativas circulares sean sostenibles y generen mejores oportunidades económicas para las mujeres.
Ya hay avances
El foro permitió conocer diferentes modelos empresariales que demuestran que la economía circular puede resolver problemas ambientales y sociales sin dejar de ser económicamente viable.
Una de esas experiencias es Kim Eco, fundada por Kenia Marzana. La empresa comenzó revisando la composición de productos de uso cotidiano, como cuadernos y libretas, y encontró que muchos contenían plásticos no reciclables y materiales sometidos a procesos químicos. La respuesta fue rediseñarlos empleando papel semilla, bioplásticos y residuos industriales, textiles y de la construcción. El proceso exigió meses de pruebas para conservar la calidad y resistencia de los productos.
“Descubrimos que era un problema de diseño. Desarmamos totalmente el producto y nos preguntamos cómo podíamos hacer lo mismo, pero con materiales reciclados o de descarte”, relató Marzana, poniendo foco en uno de los elementos centrales de la economía circular: empezar desde el diseño.
La empresa también incorporó la trazabilidad como parte de su propuesta. Además de entregar productos corporativos, proporciona a sus clientes información sobre el impacto generado, que puede utilizarse en sus reportes ambientales, sociales y de gobernanza.
“No solamente vendemos productos, sino una historia con el producto”, resumió la emprendedora.

Dar acceso a energía
Otra experiencia es la de Uneco Energy, empresa fundada por la ingeniera electromecánica Valeria Rivero, que transforma residuos orgánicos del sector agropecuario en biogás y biofertilizantes.
Rivero explicó que su modelo surgió de experiencias personales relacionadas con las limitaciones en el acceso a energía y de comprender cómo esta carencia afecta la calidad de vida. Esa realidad le permitió diseñar soluciones sencillas y adaptadas a las necesidades de productores y comunidades, evitando desarrollar tecnologías complejas que resultaran difíciles de utilizar.
“A veces, como ingenieros, cometemos el error de generar una tecnología y querer hacer algo perfecto, pero las personas no siempre necesitan algo supertecnológico, sino una solución sencilla que realmente resuelva un problema”, señaló.
Uneco Energy lleva tres años desarrollando su proyecto y cuenta con 16 equipos instalados y en funcionamiento en Santa Cruz. Rivero remarcó, además, que el crecimiento de la empresa fue posible gracias a un trabajo colectivo que involucró a profesionales, aliados y familiares.
La tercera experiencia corresponde a Batebol, una industria que recupera el plomo de las baterías en desuso para incorporarlo nuevamente como materia prima. Gabriela Inturias, coordinadora de Proyectos Estratégicos de la empresa, relató que el modelo se originó hace 39 años, cuando un cargamento de baterías importadas sufrió daños y su fundador decidió recuperar sus componentes en lugar de desecharlos.
Con el tiempo, la empresa incorporó una planta recicladora y desarrolló un sistema para cerrar el ciclo de las baterías. En la actualidad, el plomo utilizado para fabricar sus productos proviene del reciclaje.
El modelo enfrenta, sin embargo, dificultades para asegurar el retorno de las baterías en desuso. Inturias explicó que la falta de trazabilidad, la informalidad y los trámites que deben realizarse en diferentes niveles territoriales complican la logística inversa.
Según los datos presentados por la empresa, BATEBOL llega a procesar aproximadamente el 50% de las baterías en desuso, mientras que el resto podría estar siendo reconstruido o trasladado a países vecinos para su reciclaje.
“Al Estado le pediríamos reglas claras para todos y una trazabilidad nacional. También necesitamos que el consumidor se pregunte adónde irá su batería usada y si llegará a una cadena formal que promueva el reciclaje responsable y la producción nacional”, manifestó Inturias.
Del trabajo precario al liderazgo
El foro también puso en evidencia que la presencia de mujeres no es igual en todos los eslabones de la economía circular. Muchas continúan concentradas en actividades de recolección y clasificación, que suelen generar menores ingresos y desarrollarse en condiciones precarias.
Inturias describió una realidad que se repite en distintas ciudades: mujeres que comenzaron recolectando materiales, cuyas hijas posteriormente instalaron pequeñas chatarrerías y cuyas nietas ahora utilizan las redes sociales para atraer clientes y ampliar el negocio.
Sin embargo, algunas todavía transportan baterías a pie, en carretillas o sobre la espalda, especialmente en ciudades como El Alto y Oruro. Frente a esta situación, planteó continuar con la capacitación y la educación ambiental, además de acompañar a estos emprendimientos para que puedan formalizarse y crecer.
El desafío de agregar valor
Delgadillo recordó que un mapeo de negocios verdes realizado por Swisscontact en 2020 encontró que el 57% de las iniciativas identificadas pertenecía al sector del reciclaje, pero las mujeres representaban solo el 27% de la participación registrada. Su presencia se concentraba principalmente en los primeros eslabones de la cadena.
Por ello, sostuvo que los proyectos no deberían limitarse a contar cuántas mujeres participan, sino medir cuántas avanzan hacia actividades con mayor valor agregado, acceden a cargos de decisión y mejoran sus ingresos.
“No podemos contar a las mujeres únicamente en los primeros eslabones, donde sabemos que los ingresos son bajos y existe mayor vulnerabilidad. Hay que medir cuántas avanzan hacia espacios con mayor valor agregado y generan empoderamiento económico”, afirmó.
Reglas, financiamiento y mercados
Las participantes coincidieron en que Bolivia cuenta con experiencias empresariales consolidadas, pero todavía enfrenta barreras normativas, dificultades de financiamiento, informalidad y mercados que no siempre reconocen el valor de los productos circulares.
Entre las acciones planteadas se encuentran el desarrollo de una política pública de economía circular, la incorporación de criterios de sostenibilidad en las compras públicas, la simplificación y articulación de los trámites, la construcción de una cartera de inversiones y el fortalecimiento de la trazabilidad de los residuos.
La nueva red buscará conectar iniciativas que hasta ahora avanzaron de manera dispersa y demostrar que las mujeres no solamente recolectan o transforman materiales: también diseñan tecnologías, dirigen empresas, generan empleos y construyen modelos capaces de convertir los residuos en nuevas oportunidades económicas.

