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Gavi Alavi recibe el Premio Marie Curie: investiga cómo conservar agua, nutrientes y carbono en el altiplano

Gavi Alavi desarrolla sus investigaciones desde la UMSA. Recibirá el Premio Marie Curie.

CIENCIA. La ingeniera agrónoma, que hoy recibirá el premio de la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia, estudia la salud de los suelos andinos y su capacidad para sostener la producción de alimentos frente a la sequía y el cambio climático. Su trabajo combina el conocimiento de los agricultores, el monitoreo en campo y la modelación científica.

Karina Vargas Alba / Portal Verde

En los suelos del altiplano, el carbono es mucho más que un indicador relacionado con el cambio climático. Su presencia permite retener agua y nutrientes, sostiene la actividad de los microorganismos y crea mejores condiciones para el desarrollo de los cultivos. Comprender esa dinámica y encontrar formas de conservarla ha marcado el trabajo de la ingeniera agrónoma Gavi Alavi Murillo.

La investigadora recibirá el próximo 7 de octubre el Premio Marie Curie, instituido por la Academia Nacional de Ciencias de Bolivia para reconocer e incentivar el trabajo de las mujeres científicas del país. La distinción resume una trayectoria que comenzó con el estudio del agua y el clima, avanzó hacia la salud de los suelos y ahora se concentra en la dinámica del carbono orgánico en los ecosistemas andinos.

Alavi trabaja en el área de Clima y Manejo de Suelos del Instituto de Investigación y Desarrollo de Procesos Químicos (IIDEPROQ), dependiente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Este año concluyó un doctorado en Bélgica enfocado en el carbono orgánico de los suelos del altiplano.

Su trabajo parte de lo que las familias agricultoras conocen desde mucho antes de que pudiera explicarse en un laboratorio: cuando un suelo recibe estiércol o abono orgánico, conserva mejor la humedad y puede producir más.

“Los agricultores saben empíricamente que hay que poner estiércol porque así tendrán una mejor producción. La explicación científica es que están incorporando carbono, pero también todo un sistema de microorganismos que descomponen los componentes complejos y dejan los nutrientes disponibles para la vegetación”, explicó durante una entrevista con Portal Verde.

Junto al equipo del IIDEPROQ están desarrollando el monitoreo en diferentes zonas del altiplano.

El carbono como indicador de la salud del suelo

Para Alavi, hablar de carbono orgánico puede parecer excesivamente técnico, aunque en la práctica significa hablar de fertilidad y salud del suelo. Un suelo con mayor contenido de carbono orgánico tiene más capacidad para conservar nutrientes y retener humedad. Ambos elementos son esenciales para las plantas y cobran especial importancia en el altiplano, donde la disponibilidad de agua constituye una de las principales limitaciones para la agricultura.

“El carbono orgánico sería casi un sinónimo de fertilidad. Mientras podamos garantizar nutrientes y agua, podremos tener cultivos más productivos”, señaló.

Esta relación también conecta la producción de alimentos con las respuestas al cambio climático. Un suelo saludable puede ayudar a los agricultores a enfrentar periodos de escasez de agua, pero también almacenar carbono que, de otra manera, permanecería en la atmósfera.

Los suelos, sin embargo, no solo capturan carbono. También emiten dióxido de carbono como resultado de la actividad de sus microorganismos. Este es un proceso natural, pero puede alterarse cuando se rompe el equilibrio de los ecosistemas.

“Cuando ese equilibrio se pierde, el suelo puede comenzar solamente a emitir y perder carbono, sin realizar el proceso contrario de capturarlo”, explicó la investigadora.

Su tesis doctoral estudió esta dinámica en la cuenca Huanquisco, en el municipio paceño de Ancoraimes, un territorio donde conviven pequeños cultivos, pasturas nativas y bofedales. El equipo recolectó muestras en diferentes puntos de la cuenca y, debido al tiempo y al costo que implicaría extender estos análisis a todo el territorio, empleó herramientas de aprendizaje automático (‘machine learning’) para estimar el contenido de carbono en los distintos usos del suelo.

Gavi durante la defensa de su tesis doctoral en Leuven, Bélgica.

La investigación también incluyó el monitoreo de las emisiones de dióxido de carbono. Parte de esos resultados se encuentra en proceso de publicación y permitirá conocer mejor el comportamiento de los suelos característicos del altiplano, una región que, aunque suele asociarse con la aridez, cumple un papel importante en la producción de alimentos.

Conservar la humedad frente a El Niño

Antes de concentrarse en el carbono, Alavi ya había trabajado en la relación entre el agua, el clima y la agricultura. Estudió Ingeniería Agronómica en la UMSA y posteriormente obtuvo una beca para cursar una maestría en Recursos Hídricos en Bélgica.

Para su tesis utilizó información meteorológica de Viacha y Patacamaya, en La Paz, y de Río Mulatos, en Potosí. Analizó variables como las heladas, la precipitación y la temperatura, y desarrolló simulaciones para observar cómo podría comportarse el cultivo de quinua bajo escenarios climáticos proyectados para 2030 y 2050.

Años después, aquella experiencia vuelve a conectarse con su trabajo actual. Desde el IIDEPROQ participa en la implementación de parcelas experimentales para evaluar cómo diferentes insumos orgánicos y el uso de hidrogel pueden ayudar al suelo a conservar humedad durante más tiempo.

La investigación permitirá observar hasta qué punto pueden resistir los cultivos en condiciones de mayor sequedad. La presencia actual de El Niño, que puede agudizar la falta de lluvias y las temperaturas elevadas, convierte este periodo en un momento especialmente relevante para las mediciones.

“En estas regiones, el agua es una limitante importante para los cultivos. La idea es no perderla rápidamente, sino conservarla en el suelo durante el mayor tiempo posible”, explicó durante el diálogo con Portal Verde.

El trabajo con mujeres le ha permitido conocer en terreno la importancia de su aporte a la actividad agrícola.

Comprender lo que hacen los agricultores

Aunque su trabajo se apoya en laboratorios, modelos computacionales y análisis de datos, Alavi remarca que la ciencia no es una fuente de instrucciones que deben aplicarse de manera vertical en el campo. Su enfoque consiste en observar las prácticas de los agricultores, monitorear sus resultados y buscar una explicación científica para las decisiones e innovaciones que ellos aplican en sus parcelas.

“No vamos a decirles qué tienen que hacer. Aprendemos de ellos y tratamos de comprender lo que están haciendo. Muchas de esas cosas ya las han hecho”, afirmó.

La diferencia está, muchas veces, en los tiempos. Mientras los equipos científicos necesitan recolectar información, analizar muestras y comparar parámetros, las familias productoras deben decidir rápidamente qué sembrar, cuándo hacerlo o cómo responder a una sequía.

“El agricultor ya tiene que tomar una decisión mientras nosotros todavía analizamos los datos. Ellos van volando y nosotros vamos detrás, tratando de dar una explicación a lo que hacen”, señaló.

Su experiencia también incluye el trabajo con mujeres agricultoras y ganaderas de Sajama y Turco, a través del proyecto Lideresas de la organización Agua Sustentable. Ese contacto le permitió conocer cómo las productoras administran el agua, los suelos y el ganado en territorios expuestos a condiciones climáticas cada vez más exigentes.

Una historia familiar ligada a la agricultura

Gavi Alavi nació en El Alto, en una familia con raíces en el municipio de Calacoto, provincia Pacajes. Sus padres llegaron desde el área rural y se establecieron desde muy jóvenes en la ciudad, pero el vínculo familiar con la agricultura permaneció a través de sus abuelos.

Como hija mayor, fue la primera de la familia en ingresar a la universidad, un camino que después siguieron sus cinco hermanos. Todos estudiaron en la misma escuela pública de su barrio y accedieron a distintas carreras de la UMSA.

En su caso, los recuerdos de sus abuelos trabajando la tierra y el tiempo que pasaba con ellos, influyeron en su decisión de estudiar Ingeniería Agronómica. Al comenzar la carrera, su meta era convertirse en ingeniera y trabajar. La posibilidad de continuar con una maestría apareció gracias a una docente que le habló de los estudios de postgrado y que, años después, también fue su asesora local durante el doctorado.

Desde entonces, su campo de investigación se fue haciendo cada vez más específico. Primero se interesó por los suelos, el clima y el agua; luego concentró su trabajo en la fertilidad del suelo y finalmente llegó al carbono orgánico, uno de sus componentes esenciales.

Los bofedales, su siguiente prioridad

El reconocimiento de la Academia Nacional de Ciencias llega cuando Alavi comienza a orientar su investigación hacia los bofedales, ecosistemas que conoce desde la infancia.

Durante las vacaciones acompañaba a su abuela al campo y recuerda estos lugares como espacios verdes que permanecían incluso durante la época seca y ofrecían alimento para los animales. Algunos de aquellos lugares han desaparecido o perdido superficie debido a la sequía y a la falta de agua.

“En medio de toda esa aridez, los bofedales son como oasis en el desierto”, describió.

Hoy, además de su valor paisajístico, la investigadora reconoce en ellos una función decisiva: son reservorios naturales de agua y carbono y sostienen al ganado cuando disminuyen otras fuentes de alimento.

“Cuando era niña sabía que eran lugares hermosos. Ahora también sé que son ecosistemas importantes porque almacenan agua y carbono y, durante los periodos secos, se convierten en sitios de alimentación para el ganado”, sostuvo.

Por ello, su siguiente línea de trabajo buscará comprender mejor su funcionamiento y generar información que contribuya a conservarlos.

Para Alavi, el Premio Marie Curie reconoce los años dedicados a estudiar los sistemas productivos andinos, pero también representa un impulso para continuar. A sus 40 años, su recorrido científico vuelve a un ecosistema que la acompañó desde niña, esta vez para investigar cómo su agua, sus suelos y su carbono pueden ayudar al altiplano a enfrentar un clima cada vez más incierto.

Gavi Alavi ahora quiere conocer más a fondo lo que sucede en los bofedales, esos oasis que conoció junto a su abuela, y contribuir a su conservación.