Cecilia González Paredes
Biotecnóloga y divulgadora científica
En Francia, muchas universidades enfrentan una caída en matrículas no por falta de interés, sino por una combinación de factores estructurales: el desplome de la natalidad desde 2010, que reduce el número de jóvenes en edad universitaria; la saturación de titulados en áreas humanísticas y sociales frente a un mercado laboral que no genera suficientes empleos cualificados; y una creciente percepción de que los títulos tradicionales no garantizan un ingreso económico estable.
Francia vive una paradoja: tienen a su generación más educada (54% de jóvenes con título universitario en 2025), pero con tasas de desempleo juvenil que alcanzan el 24% entre los diplomas. El sistema produce unos 400.000 graduados al año, mientras la economía crea apenas 150.000 puestos que requieren ese nivel de formación, dejando 250.000 jóvenes subempleados estructuralmente. A esto se suma que, tras el pico demográfico de 2010, las universidades enfrentarán desde 2029 una caída pronunciada de estudiantes: se proyecta una reducción del 8% en matrículas para 2035 y del 20% hacia 2042.
Mientras Europa reacciona lentamente, China ejecutó entre 2021 y 2025 la mayor reestructuración universitaria de las últimas décadas: eliminó o suspendió 12.200 programas de grado (más del 30% de su oferta) y creó 10.200 nuevos, orientados a inteligencia artificial, robótica, semiconductores, fabricación inteligente y tecnologías de neutralidad carbónica.
Las carreras más afectadas fueron artes, humanidades, idiomas extranjeros y administración tradicional, consideradas saturadas o desconectadas de las necesidades del mercado laboral. Pero no se trata solo de cerrar: por cada programa que desaparece, surgen otros que combinan competencias humanísticas con tecnología, creando perfiles híbridos.
Dos motores explican esta reforma: la inteligencia artificial, que está transformando la forma de producir, analizar y diseñar; y el desempleo juvenil, que superó el 21% en 2023 y mantiene a millones de graduados sin empleo acorde a su formación. China no espera a que el mercado destruya el valor de ciertas titulaciones: se adelanta, revisa y transforma.
En Bolivia, el panorama es distinto pero igualmente preocupante. Las carreras universitarias no se actualizan constantemente; muchas mantienen planes de estudio diseñados hace décadas, sin conexión con las demandas tecnológicas ni productivas del país. Los maestros continúan recibiendo sueldos que no incentivan la mejora en la calidad de enseñanza, lo que perpetúa un modelo educativo desconectado de la innovación.
Se registra además una baja en el número de estudiantes que concluyen carreras en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Este vacío en la formación de profesionales capaces de desarrollar soluciones locales se conecta directamente con la falta de políticas que apoyen no solo la educación STEM, sino también la generación de iniciativas y startups en estas áreas.
Bolivia carece de un marco institucional y regulatorio para el desarrollo tecnológico: no hay ley de protección de datos personales, ni política de ciberseguridad, ni lineamientos específicos para IA. La migración de talento, el alto costo del internet y la ausencia de infraestructura crítica como centros de datos de gran escala limitan aún más el ecosistema innovador.
La lección de China es clara: cuando una estructura educativa deja de responder a la realidad, no se la protege por costumbre; se revisa, se reorganiza y se transforma. Francia, a pesar de su crisis de matrículas y sobreeducación, sigue debatiendo sin actuar con la velocidad que el cambio tecnológico exige.
Bolivia, mientras tanto, corre el riesgo de quedar rezagada si no articula una política de Estado que vincule educación STEM, investigación aplicada, apoyo a startups tecnológicas y desarrollo de tecnología propia. Sin profesionales formados en áreas estratégicas y sin un ecosistema que los retenga y potencie, el país seguirá importando soluciones en lugar de desarrollar las propias, perpetuando la dependencia tecnológica y la fuga de cerebros.
