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Del bosque al laboratorio: el aceite de piquí abre oportunidades para las comunidades amazónicas de Pando

CONSERVACIÓN. El conocimiento tradicional sobre el piquí comienza a convertirse en una alternativa económica para 23 familias. Una alianza entre la comunidad, ProAmazonía y un laboratorio boliviano permitió mejorar la calidad del aceite y desarrollar una pomada analgésica.

El aceite de piquí forma parte de la vida cotidiana en la comunidad de Empresiña, donde desde hace varias generaciones, las familias conocen este fruto amazónico y valoran sus propiedades para aliviar inflamaciones, cuidar la piel y tratar diferentes dolencias. Hoy ese conocimiento también les está dando la oportunidad de convertir este producto en un medio de vida, a través de su aprovechamiento sostenible.

«Nuestros abuelos ya utilizaban el aceite de piquí. Sabíamos que servía para inflamaciones, para la piel, para la tos y para muchas otras cosas», recuerda Genilda Bandeira Olmos, productora de la comunidad ubicada en el municipio de Filadelfia, en el departamento de Pando. Hoy el aceite encuentra oportunidades para llegar más lejos, a gracias a una alianza que conecta comunidades amazónicas, asistencia técnica e industria nacional.

El piquí (Caryocar brasiliense) es un árbol que puede alcanzar hasta diez metros de altura, produce frutos de pulpa anaranjada, que tienen reconocidas propiedades medicinales. Sus flores nocturnas son polinizadas por murciélagos, por lo que es un componente importante para el equilibrio ecológico del bosque. Originario del Cerrado brasileño, el piquí se extendió hacia la Amazonía de Bolivia, Paraguay y Argentina, donde hoy forma parte de los productos forestales no maderables, que pueden aprovecharse sin necesidad de talar árboles.

Producir en comunidad

Las familias lo elaboraban para consumo propio y usos medicinales tradicionales, aprovechando los conocimientos heredados sobre el fruto y sus propiedades. Sin embargo, cada una aplicaba sus propios métodos de extracción y conservación. No existían estándares compartidos de calidad, registros de costos de producción ni un mercado establecido que permitiera comercializar el aceite de forma sostenible.

Dentro de este proceso, 23 familias participan en el aprovechamiento sostenible del piquí, de las cuales 15 están lideradas por mujeres emprendedoras que hoy forman parte del proceso de fortalecimiento impulsado por el proyecto ProAmazonía, que trabaja junto a las comunidades amazónicas para fortalecer cadenas de valor sostenibles basadas en productos del bosque. Aunque tradicionalmente la recolección ha sido realizada principalmente por mujeres, se trata de una actividad comunitaria en la que también participan hombres, especialmente durante la cosecha y transporte.

Este es el fruto del piquí. El árbol puede alcanzar hasta 10 metros de altura. Foto: ProAmazonía

Hasta hace poco, las familias producían aceite para consumo propio y venta ocasional. Cada grupo familiar desarrollaba su propio proceso de extracción empírico, obteniendo resultados de distinta calidad y rendimiento. No existían criterios comunes para evaluar la calidad del aceite, calcular costos de producción o proyectar precios de venta; tampoco se conocía con claridad el potencial comercial ni las exigencias que podría requerir un comprador especializado.

El acompañamiento del proyecto permitió fortalecer esos procesos sin reemplazar el conocimiento local. Junto a las familias, se trabajó en protocolos de producción, criterios de calidad, análisis de costos, calidad de aceite y organización comunitaria, generando las condiciones necesarias para acceder a nuevos mercados sin perder la identidad del producto.

«ProAmazonía nos está ayudando a tener una visión más amplia sobre el aceite del piquí. Esperamos que esto ayude a nuestra economía y que otras comunidades también puedan beneficiarse», explica Genilda.

Una alianza para generar valor agregado

 Uno de los hitos importantes del proceso fue la articulación entre las comunidades y el Laboratorio A&E, empresa boliviana con más de 17 años de experiencia en investigación, formulación y desarrollo de productos cosméticos y farmacéuticos elaborados a partir de ingredientes naturales. Su trabajo se centra en transformar materias primas de origen vegetal en productos naturales con valor agregado que cumplen estándares de calidad para su comercialización a nivel nacional.

Para el laboratorio, el piquí representa una oportunidad de desarrollar una formulación innovadora basada en un ingrediente amazónico con propiedades tradicionalmente reconocidas por las comunidades y respaldadas por su potencial para aplicaciones cosméticas y analgésicas. De esta forma, las comunidades, pueden dejar de vender únicamente materia prima y convertirse en proveedoras de una cadena productiva. Además, implica una comprensión más cabal de las exigencias del mercado, mejorar la calidad de su producción y visualizar nuevas potencialidades.

Precisamente esa experiencia convirtió a A&E en un aliado estratégico para ProAmazonía, pues permitió construir una cadena de valor donde ambas partes están participando desde el desarrollo del producto. Mientras las comunidades fortalecían la calidad del aceite, A&E aportó con investigación y desarrollo para convertirlo en un producto con valor agregado: una crema analgésica, lo que abre las puertas a un proceso de comercialización mejorada.

El laboratorio comercializaba desde hace años la pomada analgésica Kuradol, un producto conocido en Bolivia. A partir del trabajo conjunto con ProAmazonía, y de la disponibilidad del aceite de piquí, decidió realizar una nueva formulación que incorpore este ingrediente. Como resultado, la línea de productos evolucionó: Kuradol pasó a denominarse Kuradol Forte, y nació Kuradol Bio, una nueva pomada analgésica elaborada con aceite de piquí.

Más que el desarrollo de un nuevo producto, esta alianza demuestra cómo el fortalecimiento de capacidades y la articulación entre comunidades, cooperación y sector privado, pueden desarrollar nuevos escenarios donde todos los actores generen valor.  Al mismo tiempo, la experiencia permitió continuar investigando el potencial y las propiedades del fruto, ampliando sus posibles aplicaciones, por ejemplo, en nuevas formulaciones cosméticas. Estos estudios podrían abrir nuevos caminos para ampliar la demanda del aceite amazónico y generar mayor valor agregado para las comunidades productoras.

En Empresinha el uso del aceite de piquí es tradicional. Hoy, junto a ProAmazonía y un laboratorio local, encuentra nuevos usos. Foto: ProAmazonía

Un bosque que vale más vivo

Conservar el bosque también genera alternativas de crecimiento económico, siempre y cuando las cadenas de valor sean sólidas y se establezcan este tipo de alianzas. Para los pobladores de Empresiña, el objetivo va mucho más allá de vender aceite: «Esperamos que esto ayude a mejorar la economía de nuestras familias, que no dependamos solamente de la castaña y que otras comunidades también puedan beneficiarse», explica Genilda.

Ese es el enfoque que impulsa ProAmazonía: fortalecer economías basadas en el bosque para que la biodiversidad deje de verse únicamente como un recurso natural y se convierta en una alternativa de desarrollo para las comunidades que la protegen.

El programa trabaja para vigorizar cadenas de valor de frutos amazónicos; y en este caso compaña todo el proceso: el manejo sostenible del recurso, el fortalecimiento organizativo, la transformación optimizada, la estandarización de calidad y la articulación con empresas que desarrollen nuevos mercados.

El proyecto ProAmazonía es implementado por la Cooperación Alemana a través de la GIZ, en coordinación con el Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente (MPDyMA), y es financiado por el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania (BMZ). Sus actividades se concentran en el departamento de Pando, el norte de La Paz y el oeste del Beni, trabajando directamente con comunidades indígenas y locales.