MEDIO AMBIENTE. Un informe advierte que la expansión de la Copa Mundial 2026 a 48 selecciones, 104 partidos y 16 ciudades en tres países podría generar una huella de carbono sin precedentes, impulsada principalmente por el aumento de los desplazamientos aéreos.
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La Copa Mundial de Fútbol comienza en pocas horas y será la más grande de la historia, reuniendo por primera vez a 48 selecciones y pasando de 64 a 104 partidos. Este alcance sin precedentes, también podría convertir a esta copa en la de mayor impacto ambiental de la historia. Así lo advierte un informe elaborado por investigadores de las universidades de Loughborough, Bristol y Manchester, que analiza la relación entre el fútbol profesional, el cambio climático y las dinámicas económicas que impulsan el crecimiento del deporte a nivel global.
La preocupación también ha sido recogida por otros análisis independientes. Un estudio citado por Yale Climate Connections estima que el torneo podría generar alrededor de 9 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero, una cifra cercana al doble de la asociada a las Copas del Mundo celebradas entre 2010 y 2022. Según sus autores, esa huella climática sería comparable a las emisiones anuales de unos seis millones de automóviles.
Los investigadores sostienen que la creciente expansión comercial del fútbol de élite está incrementando su huella de carbono y limitando la efectividad de las iniciativas de sostenibilidad impulsadas por clubes y organismos rectores. El problema no se limita a los desplazamientos de aficionados o a la gestión de los estadios, sino que responde a un modelo basado en el crecimiento continuo de competiciones, ingresos y consumo de recursos.
Punto de inflexión
El Mundial de 2026 marcará un punto de inflexión. Por primera vez participarán 48 selecciones, frente a las 32 que disputaron la edición de Catar 2022. Además, el número de partidos aumentará de 64 a 104 encuentros. A ello se suma una geografía inédita: el torneo se desarrollará en 16 ciudades distribuidas entre Estados Unidos, Canadá y México, sobre un territorio conjunto de aproximadamente 21,8 millones de kilómetros cuadrados.
A diferencia de Catar, donde la competición se concentró en un espacio relativamente reducido, este Mundial requerirá desplazamientos constantes entre ciudades separadas por miles de kilómetros. Para los autores, esta dependencia del transporte aéreo será uno de los principales factores detrás del incremento de emisiones asociado al torneo.
«Venimos de un Mundial como el de Qatar que se jugó todo en la misma ciudad. Todo se jugó en Doha (…) Este será un Mundial de avión con distancias muy largas y con muchos problemas», afirmó Sergio Levinsky, periodista y sociólogo especializado en fútbol internacional, citado por Yale Climate Connections.
Más allá de los viajes
El informe plantea que la huella climática del fútbol moderno no puede entenderse únicamente a partir de los viajes o las operaciones logísticas. Los investigadores sostienen que el deporte ha estado históricamente vinculado al desarrollo de industrias intensivas en carbono y que su expansión global ha acompañado procesos de industrialización, transporte y crecimiento económico desde finales del siglo XIX.
El informe señala que la globalización acelerada del fútbol desde la década de 1990 reforzó una lógica de crecimiento permanente que dificulta la reducción de emisiones. A su juicio, la expansión de torneos internacionales y el aumento constante de partidos reflejan una dinámica similar a la observada en otros sectores económicos donde el crecimiento sigue siendo la principal prioridad.
El estudio cuestiona el argumento de que la ampliación de las competiciones responde únicamente a criterios deportivos o de inclusión. Los investigadores consideran que detrás de estas decisiones también existe una lógica de acumulación de capital que favorece a patrocinadores, cadenas de televisión y otros actores económicos vinculados a la industria del deporte.
El papel de los combustibles fósiles
Uno de los aspectos centrales del informe es la relación entre el fútbol de élite y la industria de los combustibles fósiles. Los autores sostienen que el deporte se ha convertido en una plataforma clave para que empresas petroleras y Estados productores de petróleo y gas fortalezcan su presencia e influencia global mediante patrocinios, inversiones y la organización de grandes eventos deportivos.
En ese contexto, mencionan el acuerdo de patrocinio entre la FIFA y la petrolera saudí Aramco, así como la adjudicación del Mundial de 2034 a Arabia Saudí. Para los investigadores, estos vínculos forman parte de una estrategia más amplia de sportswashing, un concepto utilizado para describir cómo gobiernos y empresas utilizan el deporte para fortalecer su imagen pública y normalizar su presencia en ámbitos culturales de gran alcance.
El doctor Oscar Berglund, profesor titular de Política Pública y Social Internacional de la Universidad de Bristol, sostiene que «la FIFA ha convertido el fútbol masculino de élite en el principal objetivo del sportswashing de los Estados petroleros».
Un deporte cada vez más expuesto al cambio climático
El informe recuerda que el fútbol ya está experimentando los efectos del cambio climático. Olas de calor más intensas, inundaciones, sequías y alteraciones en los calendarios deportivos representan riesgos crecientes para clubes, jugadores y aficionados.
Como parte de la investigación, los autores entrevistaron a responsables de sostenibilidad de clubes europeos. Según sus conclusiones, muchas iniciativas ambientales encuentran dificultades para avanzar cuando se percibe que podrían afectar aspectos estratégicos del negocio, como los contratos de retransmisión o la programación de partidos.
Varios de los profesionales consultados señalaron que las decisiones relacionadas con la sostenibilidad suelen evaluarse principalmente desde una perspectiva de costos, mientras que los impactos económicos futuros del cambio climático continúan recibiendo menos atención.

La respuesta de la FIFA
Frente a estas críticas, la FIFA aseguró que el Mundial 2026 contará con una estrategia integral de sostenibilidad orientada a medir y reducir emisiones, promover el uso de energías renovables, mejorar la gestión de residuos y fomentar opciones de transporte más sostenibles.
Entre las iniciativas anunciadas figuran el abastecimiento con electricidad renovable en instalaciones oficiales de Houston, el uso de estadios con certificaciones ambientales y programas de reciclaje y compostaje en varias ciudades sede. En Seattle, por ejemplo, el estadio Lumen Field desvía entre el 90% y el 95% de sus residuos mediante sistemas de reciclaje y compostaje, mientras que el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta opera con energía renovable y cuenta con más de 4.000 paneles solares.
No obstante, especialistas consultados por Yale Climate Connections advierten que el principal desafío esdeterminar si estas medidas son suficientes para compensar el impacto asociado a un torneo de una escala sin precedentes.
Las propuestas
El informe concluye con una serie de recomendaciones dirigidas a los organismos rectores del fútbol. Entre ellas figuran detener la expansión de competiciones internacionales, restringir la publicidad y el patrocinio de empresas vinculadas a los combustibles fósiles, limitar la propiedad de clubes por parte de actores relacionados con esta industria y reforzar el papel de los responsables de sostenibilidad dentro de las organizaciones deportivas.
Los autores también proponen crear fondos destinados a la adaptación climática del fútbol de base y otorgar una mayor participación a los aficionados en los procesos de toma de decisiones relacionados con la sostenibilidad.
Aunque el informe es crítico con el rumbo actual del fútbol de élite, sus autores sostienen que el deporte posee una influencia social única. La FIFA estimó que el Mundial de Catar 2022 alcanzó a alrededor de 5.000 millones de personas en todo el mundo, una muestra de la enorme capacidad de influencia cultural que tiene el fútbol.
Para los investigadores, ese alcance podría convertirlo en un aliado clave para impulsar cambios positivos, siempre que se adopten medidas que permitan compatibilizar el crecimiento del deporte con los desafíos ambientales de las próximas décadas.
«El fútbol es una fuerza cultural poderosa, con millones de aficionados y jugadores. El fútbol puede, y debe, usar su influencia para mitigar el cambio climático», afirmó Mark Doidge, profesor de Sociología del Deporte de la Universidad de Loughborough.
Fuente: Elaboración propia con base en el informe «Football and Climate Change: A Preview of the 2026 FIFA World Cup» y reportes de Yale Climate Connections.
