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Las energías renovables baten récords, pero las redes eléctricas no logran seguirles el paso

TRANSICIÓN. La capacidad renovable mundial alcanzó 5,15 teravatios en 2025, pero las redes y los sistemas de almacenamiento no crecen a la misma velocidad. Irena estima que modernizar la infraestructura eléctrica requerirá inversiones de un billón de dólares anuales hasta 2030.

La expansión de las energías renovables está batiendo récords, pero las redes eléctricas no avanzan al mismo ritmo. Mientras la capacidad instalada mundial alcanzó 5,15 teravatios al cierre de 2025, la infraestructura necesaria para transportar, almacenar y distribuir esa electricidad se ha convertido en uno de los principales obstáculos para acelerar la transición energética.

Un nuevo informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena) advierte que el mundo todavía puede alcanzar la meta de 11,2 teravatios de capacidad renovable en 2030, aunque deberá instalar un promedio de 1.200 gigavatios anuales entre 2026 y el final de la década. En 2025 se incorporaron 693 gigavatios.

El desafío no consiste solamente en instalar más paneles solares y aerogeneradores. Para integrar esa creciente producción, responder al aumento de la demanda y mantener sistemas eléctricos confiables, será necesario modernizar las redes, ampliar el almacenamiento y utilizar tecnologías capaces de equilibrar la oferta y el consumo en tiempo real.

“Las energías renovables aún pueden reducir la brecha hacia 2030, pero la eficiencia energética se está quedando atrás, la demanda de electricidad aumenta más rápido de lo previsto y la infraestructura de la red no ha podido seguir el ritmo”, advirtió Francesco La Camera, director general de Irena.

Un billón de dólares al año para las redes

Irena calcula que la inversión mundial en redes eléctricas deberá alcanzar un billón de dólares anuales entre 2026 y 2030, más del doble del nivel registrado en 2025. El organismo también plantea ampliar la capacidad de las baterías y otras tecnologías de almacenamiento, incorporar mayor flexibilidad al sistema eléctrico y aprovechar la digitalización y la inteligencia artificial para coordinar la demanda con un suministro cada vez más limpio y variable.

“La hoja de ruta de Irena lo deja claro: necesitamos acelerar el proceso, electrificar con mayor rapidez y construir los sistemas que lo respalden”, resumió La Camera.

La caída del costo de las baterías abre una oportunidad para avanzar en esa dirección. Entre 2024 y 2025, sus precios disminuyeron 30 %, mientras que desde 2010 acumularon una reducción del 95 %.

El almacenamiento permite conservar la electricidad producida durante las horas de mayor radiación solar o viento y utilizarla cuando estas fuentes no están disponibles. Su expansión resulta fundamental para garantizar la estabilidad de los sistemas eléctricos con una participación creciente de energías renovables.

La combinación de energía solar y almacenamiento ya representó alrededor de una cuarta parte de la capacidad solar a gran escala puesta en funcionamiento en el mundo durante 2025.

La solar impulsa el crecimiento

El informe, titulado Cumplimiento del Consenso de los EAU: seguimiento del progreso hacia la triplicación de la capacidad de energía renovable y la duplicación de la eficiencia energética para 2030, confirma que las fuentes renovables continúan siendo la opción más competitiva para generar nueva electricidad en la mayoría de los mercados.

La energía solar registra sucesivos récords de instalación y se consolida como la columna vertebral de la transición energética mundial. Irena proyecta que, para 2030, las incorporaciones anuales de capacidad solar dupliquen los niveles alcanzados en 2025.

La solar y la eólica podrían superar en conjunto la capacidad instalada de los combustibles fósiles antes de finalizar la década. Ambas fuentes representarían alrededor del 62 % de la capacidad eléctrica mundial en 2030, frente al 35 % registrado en 2025.

Sin embargo, el crecimiento de la capacidad instalada no garantiza, por sí solo, que las renovables alcancen la participación necesaria en la generación eléctrica. Como informó anteriormente Portal Verde, estas fuentes produjeron el 31,7 % de la electricidad mundial en 2024, pero deberían llegar al 78 % en 2035 para acompañar las metas globales de electrificación.

MÁS INFORMACIÓN: Renovables crecen a un ritmo histórico, pero aún están lejos del 78 % que se considera necesario para 2035

Cerrar esa brecha requerirá instalar más capacidad renovable, pero también asegurar que la electricidad generada pueda almacenarse, transportarse e incorporarse de manera confiable a los sistemas nacionales.

Electrificar el transporte, los edificios y la industria

El avance de las renovables forma parte de un reto más amplio: sustituir progresivamente el consumo directo de combustibles fósiles por electricidad limpia en el transporte, los edificios y la industria. La Presidencia de la COP31 propuso que la electricidad cubra el 35 % del consumo final de energía en 2035. Actualmente, su participación se sitúa alrededor del 23 %.

“Lograrlo exigirá una atención urgente a los edificios, el transporte y la industria, con el apoyo de redes y financiación resilientes”, afirmó Murat Kurum, presidente designado de la conferencia climática, que se celebrará en noviembre en Antalya, Turquía.

Un análisis paralelo de la Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que, utilizando tecnologías disponibles actualmente, la electricidad podría cubrir de manera rentable el 33 % del consumo energético final mundial en 2035.

Si los países importadores de combustibles aceleraran considerablemente la electrificación de sus economías, podrían reducir sus facturas energéticas en más de 400.000 millones de dólares para 2035, en comparación con los niveles de 2025.

Una expansión más rápida de los vehículos eléctricos y otras tecnologías permitiría que el mundo consumiera 18 millones de barriles de petróleo menos por día de lo previsto para ese año. La demanda mundial actual ronda los 102 millones de barriles diarios.

Menos emisiones y dependencia

La electrificación también permitiría reducir las emisiones procedentes del transporte, los edificios y la industria, sectores que en conjunto concentran más de la mitad de las emisiones de dióxido de carbono relacionadas con la energía.

En un escenario de electrificación acelerada, la AIE calcula que estas emisiones podrían disminuir 40 % hasta 2035, un ritmo compatible con los objetivos climáticos internacionales. El avance también reduciría la exposición de los países importadores a la volatilidad de los precios del petróleo y el gas, además de fortalecer su seguridad energética.

Los informes de Irena y la AIE muestran que las tecnologías renovables ya están disponibles, son cada vez más competitivas y pueden disminuir la dependencia de los combustibles fósiles. El desafío ahora es construir la infraestructura capaz de sostener su crecimiento.

Sin redes modernas, suficiente almacenamiento y mayores inversiones, una parte de la nueva capacidad solar y eólica podría encontrar dificultades para llegar hasta hogares, industrias y sistemas de transporte. El próximo paso de la transición energética no depende únicamente de producir más electricidad renovable, sino de contar con sistemas capaces de aprovecharla.

Fuente: IPS Noticias