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El pez boliviano que respira por la piel y desafió a la extinción continúa en peligro

Primer registro fotográfico de Moema claudiae. Foto: cortesía Revista Nómadas/Heinz Arno Drawert/Thomas Litz

BIODIVERSIDAD. Tras dos décadas sin registro, Moema claudiae, un pez de la familia de los rivúlidos, fue redescubierto en 2024 y recategorizado de “Posiblemente Extinto” a “En Peligro Crítico”. La familia de los rivúlidos posee un ciclo evolutivo único por su adaptación anfibia, la cual les permite sobrevivir horas o semanas fuera del agua al transformar su respiración branquial en dérmica.

Brenda Villalba Sanchez / Mongabay

A los 12 años, el investigador de nacionalidad alemana Heinz Arno Drawert comenzó a estudiar a los rivúlidos (Rivulidae: Cyprinodontiformes) -pequeños peces que vivían en estanques temporales- en el acuario de su casa. La fascinación por esta familia de peces lo llevó a estudiar Ingeniería Ambiental y a realizar sus prácticas desde 2001 en el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado, en Bolivia, donde hoy se desempeña como investigador asociado.

En 2024, Drawert, junto al acuarista e ictiológo alemán Thomas Litz, marcaron un hito para la ciencia, la conservación y la ictiología boliviana al redescubrir al Moema claudiae, un pez que se creía extinto.

El investigador asociado Heinz Drawert, dentro de un humedal temporal en búsqueda de rivúlidos. Foto: cortesía Revista Nómadas

La investigación, publicada a finales de 2025, fue determinante para que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la comunidad científica boliviana actualizaran, en 2026, su estado de conservación. Este pequeño pez pasó de considerarse «Posiblemente Extinto» a «En Peligro Crítico», un ajuste que no se realizaba desde hacía dos décadas. Sin embargo, a dos años de su redescubrimiento, la especie continúa en riesgo debido a la degradación de su único hábitat conocido: los humedales temporales de los Llanos de Moxos, en la cuenca amazónica.

Los humedales son estructuras hídricas naturales fundamentales para el equilibrio ambiental, la regulación del agua y la supervivencia de especies adaptadas a condiciones extremas. Un informe publicado este año por la revista especializada Zootaxa identificó de forma sistemática las especies de peces en Bolivia, posicionando a la cuenca amazónica como una de las áreas de mayor biodiversidad íctica en el país, con un estimado de 943 especies, de las cuales solo 690 han sido identificadas taxonómicamente.

Moema claudiae siendo trasladado para su posterior registro y conservación en el Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado. Foto: cortesía Heinz Arno Drawert

Para Drawert, la conservación de Moema claudiae depende en gran medida de la protección de los humedales. Sin embargo, estas regiones se enfrentan a múltiples obstáculos, empezando por la ausencia de una estrategia pública de protección ambiental frente a amenazas como los incendios forestales, la expansión agrícola, la ganadería extensiva, la minería y la deforestación.

Marlene Quintanilla, ingeniera forestal y exdirectora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), quien no participó del estudio, refuerza esta idea mencionando que el marco jurídico en el país es aún débil. «Se puede decir que los humedales están huérfanos de protección legal a nivel nacional. Quizás se deba avanzar a escala departamental en regiones como Pando, Beni, Santa Cruz y Cochabamba”, dice la experta.

“En muchos casos se prioriza la producción económica, ya sea minera o hidrocarburífera, entonces siempre van a batallar con estos espacios», agrega Quintanilla.

El pez que dio un salto en el tiempo

Cuenta Heinz Drawert que la búsqueda del Moema claudiae comenzó en 2019, lo que dio como resultado varias expediciones sin éxito. Estas visitas a campo suelen representar un desafío logístico que requiere meses de planificación: mapear humedales, gestionar permisos, preparar equipo técnico y asegurar suministros en zonas remotas donde el acceso a información es nulo. Una sola expedición puede absorber hasta un año de gestión.

Humedal temporal en Llano de Moxos donde fue hallado Moema claudiae en 2024. Crédito: extraído de Nature Conservation

En 2024, el equipo decidió explorar una zona desconocida en el sur de Beni, como parte del proyecto «Rivúlidos de Bolivia«, del Museo de Historia Natural Noel Kempff Mercado. Dos días antes de concluir el viaje, a primera hora, Drawert y Litz usaron métodos de captura tradicionales. Al izar la red, no esperaban hallar al pez que la ciencia daba por desaparecido hacía más de dos décadas.

Este diminuto vertebrado, que no supera los 3.91 centímetros en los machos y los 3.27 centímetros en las hembras, fue registrado por primera vez en 1997 por el investigador Wilson Costa, quien lo describió científicamente y lo nombró en honor a su esposa. Sin embargo, Drawert comenta que apenas un año después del hallazgo, la localidad donde registraron la especie —ubicada a 60 kilómetros al norte de Ascensión de Guarayos— desapareció por completo debido a la degradación del hábitat causada por la expansión de la frontera agroindustrial.

En 2016, tras una década sin un solo registro, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo declaró como «Posiblemente Extinto».

Si en 2026, al cumplirse diez años de esa declaración, la especie no mostraba algún rastro, la UICN la declararía oficialmente extinta. Con su hábitat original destruido y sin nuevos avistamientos, todo apuntaba a que este pez microendémico de Bolivia no tenía posibilidades de supervivencia.

Sin embargo, en abril de 2024, tras una expedición de diez días y a 100 kilómetros del primer descubrimiento, los investigadores hallaron una población viva de Moema claudiae en medio de extensos campos de cultivo de granos —especialmente arroz— en la provincia de Marbán, Beni.

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