ENTREVISTA. Jordi Surkin, de WWF Bolivia, plantea que el financiamiento es fundamental para impulsar cambios en la producción de alimentos y aprovechar las oportunidades de un desarrollo con menor impacto ambiental. Advierte que el riesgo climático también afecta a las instituciones financieras.
Karina Vargas Alba
El informe Planeta Vivo 2026 dejó en evidencia la pérdida de biodiversidad y la necesidad de transformar los sistemas financiero, energético y alimentario. La gran pérdida de fauna silvestre está marcada por la disminución y degradación de sus hábitats, un fenómeno al que Bolivia no es ajena y hoy tiene el desafío de vincular la conservación con la actividad productiva, en un proceso donde el financiamiento verde debe tener un rol protagónico.
En esta entrevista con Portal Verde, el director de Conservación de WWF Bolivia, Jordi Surkin, analiza dónde están las oportunidades, los avances y qué se requiere para cambiar la forma en que se genera energía, se producen los alimentos y se define el financiamiento.
En un contexto de crisis económica, Surkin destaca el potencial de las finanzas verdes para impulsar una producción más sostenible y atraer nuevas inversiones al país. Reconoce avances en la ganadería y oportunidades en el turismo de naturaleza, para el que se prepara una estrategia nacional. Concretar esas posibilidades, advierte, requiere fortalecer capacidades, asegurar recursos y aplicar las normas.
— A partir de los cambios que plantea el informe, ¿cómo ve la situación de Bolivia?
Podríamos ver a Bolivia en uno de esos puntos de inflexión de los que habla el informe. Con la crisis económica en la que está el país, o se cambia el rumbo de sistemas claves como el alimenticio y el financiero, o vamos a seguir en lo mismo de siempre: perdiendo biodiversidad, no siendo muy competitivos. Y no sé si vamos a mejorar mucho económicamente. Si logramos cambiar los tres sectores fundamentales, tendríamos un país transitando hacia una mayor estabilidad y con mucho menor impacto ambiental.
— ¿Por qué el sistema financiero es fundamental para impulsar esos cambios en la producción?
El agro es el segundo sector que recibe más recursos del sector financiero. Entonces, nada de esto funcionaría sin las finanzas, por ello, incidir en el sector financiero es fundamental. No es solo la banca, también están las administradoras de fondos de inversión, y nosotros hemos trabajado con una que tiene su propia política de libre de deforestación y conversión, y un plan de trabajo para impulsarla.
Lo que hemos visto es que la conversación cambia cuando participan las instituciones financieras porque ellas ponen el dinero, no solamente cuando los criterios ambientales están en la mesa. Es fundamental enverdecer el sistema para impulsar este cambio.
— ¿Qué supondría «enverdecer» el sistema financiero?
Tener una taxonomía verde, fortalecer la responsabilidad ambiental y social dentro del banco, incluyendo ser más transparentes, fortalecer las capacidades de las instituciones financieras. Muchas veces el problema es que tal vez ellos quieren reducir su impacto, pero no entienden cómo. La deforestación no es algo que el sector financiero entienda muy claramente porque no es parte de su día a día.
Hay que capacitarlos en deforestación, cambio climático y por qué debería preocuparles a ellos. Y no solo por ser sensibles en términos ambientales, sino porque afecta sus propias ganancias. Un agricultor afectado por el cambio climático es un agricultor que quizás no va a poder pagar su crédito. Y donde se sigue deforestando, probablemente los efectos del cambio climático van a magnificarse. Por lo tanto, de nuevo, quizás hay un riesgo para la banca, y un riesgo es pérdidas para un banco.
— ¿Qué condiciones hacen falta para que el financiamiento impulse actividades más sostenibles?
En el sistema financiero, la sostenibilidad es muy incipiente y muy débil. Hay mucho más que se puede avanzar y eso podría ser positivo para el país, en el sentido de que permitiría acceder a nuevas inversiones, a nuevas fuentes de financiamiento que son fundamentales en un momento donde no hay dólares. Después, evidentemente, normativas que creen la posibilidad de que la banca incentive proyectos más verdes. Por ejemplo, si tanto se han subsidiado los hidrocarburos, ¿por qué no subsidiar acciones de desarrollo verde o limpio?
— ¿Qué actividades identificaría como verdes?
El turismo de naturaleza, una producción de alimentos libre de deforestación y de conversión de suelos. Otra cosa importante a considerar es el tema de la infraestructura, va a haber una inyección fuerte de dinero para infraestructura y es necesario hacerla con criterios verdes. La mayoría de la deforestación está cerca de una carretera, un camino o un río; hemos empezado a trabajar con el Gobierno en la necesidad de seguir fortaleciendo capacidades en este tema.
— En la producción de alimentos, ¿qué avances se están registrando?
Vemos señales positivas, sobre todo en el sector de carne, pero también un mejoramiento en el sector de soya. En la mesa de carne sostenible (que reúne a diversos actores de esta cadena productiva) ya han concertado criterios de sostenibilidad y yo diría que hay un convencimiento de ir hacia una producción más sostenible. Ellos tienen bastante incorporado el tema de sostenibilidad, pero ven temas fundamentales que hay que resolver, como la trazabilidad, para poder avanzar. En soya ha sido un poco más lento.
— ¿Hay disposición de los productores a incorporar prácticas regenerativas?
Hay un creciente interés, pero también hay todo un tema cultural. Hay productores que están trabajando con estos criterios y pueden mostrar que están ganando más dinero que su vecino, sus vacas no son tan grandes ni gordas, pero producen mayor volumen de carne por hectárea. Ahora, es evidente que cambiar a un sistema regenerativo requiere inversión y esfuerzo. No es fácil y es más complicado para los pequeños productores, pero no son los principales causantes de la deforestación.
Otra cosa en la que sí estamos teniendo bastante éxito es en la relación entre ganaderos y naturaleza, en resolver los conflictos con el jaguar. En varios casos hemos logrado reducir el daño a cero o casi cero, pasamos de perder 40 cabezas al año a cerca de cero. Eso con medidas de gestión y cierta infraestructura adaptada al jaguar.
— En el sistema energético, ¿qué oportunidades tiene Bolivia?
Bolivia tiene una enorme capacidad de producción de energías renovables, mucho más allá del consumo esperado en el país. Eso nos daría la posibilidad de ser un proveedor de energía para la región, de manera sostenible, reduciendo el impacto de los hidrocarburos. Podríamos vender electricidad a otros países, instalando capacidad de transmisión, ya que la de producción está muy por encima del consumo local esperado.
— También menciona el turismo de naturaleza como una oportunidad económica. ¿Por qué?
Hay algunas buenas señales, actualmente se está trabajando en una estrategia nacional de turismo de naturaleza y estamos apoyando al Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP). Evidentemente, el turismo no se va a armar de un día para el otro, pero si hay una apuesta en esa dirección ya es una buena señal. Es un desarrollo que se basa en mantener la naturaleza y, al mismo tiempo, puede tener efectos multiplicadores muy grandes. Mucho más grandes que el de los sectores económicos más importantes hasta ahora en Bolivia.
— ¿Qué zonas tienen potencial y qué hace falta para consolidarlas como destinos?
Recién están terminando la estrategia y eso nos va a dar una mirada, pero también hay que tener claro que se va a concentrar en ciertos destinos, por mucho que haya otros lugares superbonitos en el país. Una de las áreas con mayor potencial es el Amboró, porque hay varios millones de personas que viven alrededor del área protegida, muy cerca, y tiene varios sitios con cierta infraestructura. A estos se suman otros conocidos, como Madidi o Eduardo Avaroa. Cotapata, cerca de la ciudad de La Paz y El Alto; Manuripi, en Pando; Sama, que está cerca de Tarija; y TunariE, en Cochabamba.
Los que están cerca de grandes áreas urbanas tienen más potencial porque están cerca de la gente y con más fácil acceso. Además, para consolidar destinos turísticos se requieren muchas cosas: infraestructura, servicios y gente. El SERNAP requiere personal; en el Amboró tienen ocho sitios turísticos y solo pueden cobrar la entrada en dos. Entonces, esperamos que el Financiamiento de Proyectos para la Permanencia (PFP por su sigla en inglés) ayude a empezar a resolver eso.
— ¿Cómo puede contribuir el PFP al financiamiento de la conservación?
Básicamente, lo que busca es asegurar el financiamiento del sistema con una inyección de fondos de diversas fuentes, pero al mismo tiempo apoyando para que el Gobierno y el SERNAP desarrollen mecanismos propios que permitan ir aumentando sus contribuciones al sistema a lo largo del tiempo. Funciona con un monto grande de fondos externos en su etapa inicial. Eso, con el tiempo, va reduciéndose y la contribución del Gobierno va aumentando, de manera de lograr la sostenibilidad.
— Con esas oportunidades y dificultades, ¿qué hace falta para avanzar en el cuidado de la biodiversidad?
Por eso es tan importante cambiar estos sistemas. Porque, si no, las amenazas de siempre —deforestación, conversión de tierras, incendios, aumento del efecto del cambio climático— se van a seguir acelerando. Hay dos cosas que son las más importantes, pero no quiere decir que las otras no lo sean. Hay que mantener lo que tenemos, por ejemplo, las 24 áreas protegidas nacionales; y reducir o eliminar la causa de la pérdida, es decir, la expansión agropecuaria.
El reto es implementar las leyes y la regulación. Si miramos las leyes bolivianas en el papel, deberíamos ser un país superverde, pero está faltando la voluntad y la capacidad de asegurar su implementación. Nuestras leyes no son el problema, eso no quiere decir que no haya cosas que mejorar, que falten. Además, hay un tema de capacidad; nuestro país es muy grande, muy extenso, con lugares muy aislados, difíciles de llegar.
Pero, en general, hay señales bastante positivas. Y nosotros lo que queremos hacer es ayudar a consolidar, a hacer reales esas señales.
Surkin adelantó que una de esas señales es la firma de un memorando de entendimiento con el Gobierno para impulsar en Bolivia el mecanismo de PFP, un pedido reiterado de los fondos ambientales durante el congreso de RedLAC, realizado en Santa Cruz de la Sierra. El objetivo es asegurar recursos para las áreas protegidas y fortalecer progresivamente el aporte nacional para su conservación.
