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Bolivia avanza hacia una estrategia nacional de economía circular con el desafío de conectar políticas, financiamiento y mercados

SOSTENIBILIDAD. El Gobierno trabaja en un diagnóstico y una hoja de ruta, mientras empresas y entidades financieras identifican las condiciones para ampliar las iniciativas circulares. El foro realizado en Cainco reunió propuestas y experiencias de Bolivia, Perú y Uruguay.

Portal Verde

Aprovechar materiales que hoy se desechan, prolongar la vida de los productos y reducir el consumo de agua y energía ya forma parte de la actividad de numerosas empresas y emprendimientos bolivianos. Ampliar esas experiencias y convertirlas en un modelo de producción generalizado exige conectar políticas públicas, financiamiento y mercados.

Esa necesidad atravesó las diferentes intervenciones del Foro de Economía Circular 2026, realizado este jueves 22 de octubre en Santa Cruz de la Sierra, bajo el lema “Más allá del reciclaje: economía circular como habilitador de la acción climática”. Organizado por la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco) y la Fundación para el Reciclaje, Energía y Sostenibilidad (Fundares), el encuentro mostró avances de los sectores público y privado, así como las dificultades que persisten para financiar las iniciativas, medir sus resultados y abrir mercados.

Desde el Gobierno se trabaja en la construcción de una Estrategia Nacional de Economía Circular, mientras empresas de diferentes rubros incorporan este enfoque en sus procesos y en la relación con sus proveedores y clientes. Las experiencias compartidas también permitieron identificar qué apoyos necesitan para sostener y ampliar esas transformaciones.

La conexión con la acción climática apareció en las experiencias expuestas: reducir el consumo de energía, sustituir parte de los combustibles fósiles y transformar residuos en materiales capaces de almacenar carbono son algunas de las vías presentadas. El financiamiento abrió otra dimensión: apoyar inversiones que permitan a los productores adaptarse a los efectos del cambio climático. Medir esos beneficios y demostrar su viabilidad económica es parte del desafío para ampliar las soluciones.

Una estrategia para articular los esfuerzos

El viceministro de Políticas de Industrialización Sostenible y Artesanía, Gustavo Jáuregui, explicó que la construcción de la estrategia nacional incluye un diagnóstico y una línea base con apoyo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), además de talleres regionales, que están en proceso, para recoger las necesidades y propuestas de los actores involucrados.

El proceso deberá identificar prioridades, barreras, instrumentos, responsables e indicadores para evaluar los avances. Jáuregui vinculó ese trabajo con el Programa Nacional de Fomento a la Competitividad Industrial, denominado IBEX, y planteó que la circularidad puede contribuir a generar empleo formal, atraer inversiones sostenibles y abrir mercados en el exterior.

“El gobierno tiene que generarles las condiciones necesarias como para que ustedes puedan desarrollar e invertir”, afirmó.

Agregó que la transición requiere integrar las cadenas de valor y articular al sector público con las empresas, los productores comunitarios, la academia y la cooperación internacional. También involucrará a los gobiernos departamentales y municipales, por sus distintas competencias.

Reconocer las acciones en marcha

El foro dejó en evidencia una demanda empresarial: las normas deben reconocer las iniciativas existentes y facilitar la inversión, la innovación y el aprovechamiento de recursos.

“Las políticas públicas deben reconocer estos esfuerzos y traducirse en instrumentos que generen incentivos, promuevan la inversión y la innovación, y eviten convertirse en nuevos frenos para quienes quieren hacer las cosas mejor”, expresó el presidente de Fundares, Carlos Limpias.

Jens Ruben Heymert, cónsul honorario de Alemania en Santa Cruz, enfatizó una condición imprescindible para convertir esa orientación en resultados: “Una hoja de ruta cobra utilidad cuando acordamos qué se hará, quién la asumirá o qué responsabilidad se asumirá y en qué plazo”, además de abrir oportunidades a pequeñas empresas y mejorar las condiciones de trabajo de la base de la actividad, los recolectores.

Hay crédito, pero es difícil demostrar

El financiamiento es uno de los mayores desafíos para implantar la circularidad en las empresas. Por ello, fue el tema de un panel en el que se dejó en evidencia que ya existen instrumentos para apoyar inversiones sostenibles, pero el acceso a estos recursos enfrenta dificultades que van más allá de la capacidad de pago.

Sergio Sejas, jefe regional Llanos del Banco de Desarrollo Productivo (BDP), explicó que la entidad cuenta con productos como Adapta BDP y Ecoeficiencia BDP, donde además de la evaluación financiera, se analiza el beneficio ambiental de los proyectos o equipos que se busca financiar, para determinar si pueden acceder a condiciones preferenciales.

Las dificultades surgen cuando los emprendimientos carecen de registros suficientes para demostrar ese beneficio y la falta de trazabilidad se convierte en un obstáculo para acceder a un crédito ecoeficiente. Como respuesta, el banco busca combinar financiamiento y asistencia técnica.

Diferentes entidades financieras explicaron las barreras que existen para brindar créditos verdes y cómo estos pueden impulsar la economía circular.

Samuel Durán, representante de Diaconía IFD, describió una situación similar. La institución cuenta con Ecoverde, un producto orientado a la adaptación al cambio climático de pequeños productores, y ha avanzado en herramientas para medir el impacto ambiental de sus créditos. Ese proceso demanda preparación de los solicitantes.

“Tenemos que generar los ingresos, tenemos que ser sostenibles en el proceso”, sostuvo Durán, al vincular la inversión ambiental con la rentabilidad. También advirtió que la asistencia técnica tiene un costo que las entidades financieras no siempre pueden seguir absorbiendo.

El panel dejó planteada una interrogante: ¿cómo preparar a los pequeños negocios para demostrar sus resultados ambientales sin convertir esa exigencia en una nueva barrera de acceso al crédito?.

José Luis Pereira, de Desarrollo Internacional Desjardins, propuso aprovechar fondos de garantía para reducir riesgos y adaptar las evaluaciones financieras. Explicó que los ahorros por un uso más eficiente del agua o la energía no siempre se reconocen adecuadamente al analizar una inversión, lo que puede hacer que una operación sea considerada inviable.

También planteó periodos de transición y herramientas que permitan estimar beneficios ambientales de determinadas actividades, sin trasladar toda la complejidad de la medición a cada productor. Durán propuso incorporar a los potenciales clientes en el diseño de los productos financieros, para responder mejor a sus necesidades.

Perú: preparar los proyectos desde cada región

La experiencia peruana en la definición y ejecución de su ruta de economía circular, mostró la importancia de conectar la planificación nacional con las necesidades empresariales. Yusith Vega, de la Cámara de Comercio de Lima, explicó el acompañamiento a cadenas productivas regionales mediante espacios de coordinación, diagnósticos, asistencia técnica y elaboración de planes de negocio. Las intervenciones parten de problemas identificados por los participantes: aprovechar residuos del banano, valorizar el lactosuero o mejorar el uso del agua y la energía, entre otros.

Vega, quien estuvo también en el foro de 2025, explicó que se definieron 30 procesos de asistencia técnica y alrededor de 15 planes de negocio, que cuentan con el financiamiento de la Unión Europea. Estos recurso permiten contratar especialistas, desarrollar estudios y preparar proyectos que posteriormente puedan buscar fondos para inversiones mayores. En la práctica esto se traduce en que, por ejemplo, financiar una planta o comprar maquinaria requiere un trabajo previo para definir la solución, comprobar su viabilidad y preparar una propuesta.

El modelo peruano busca, además, evitar que instituciones y cooperantes dupliquen esfuerzos, mediante una metodología compartida y responsabilidades definidas en cada territorio.

Yusith Vega, de la Cámara de Comercio de Lima, explicó los avances de Perú en su hoja de ruta de economía circular.

La experiencia uruguaya con las llantas

Uno de los mayores desafíos para la economía circular son las llantas. Virginia Pardo, asesora técnica del Plan Reciclo NFU de Uruguay, explicó cómo su país logró avanzar en la consolidación de un sistema que distribuye responsabilidades y sostiene la gestión de neumáticos fuera de uso.

La experiencia combina obligaciones para los importadores, aportes administrados mediante un fideicomiso, contratos de largo plazo y una red de transportistas y centros de acopio. Esa organización permitió respaldar inversiones y asegurar un destino para el material recuperado.

Una parte importante de los neumáticos se utiliza en la industria cementera para sustituir combustibles y aprovechar sus componentes. Pardo explicó que se estiman entre 10.000 y 12.000 toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero evitadas en 2025 por la industria cementera. El sistema también promueve el recauchutado y el reciclaje para fabricar otros productos.

Sin embargo, reconoció un límite: los materiales recuperados necesitan compradores y compiten en condiciones desfavorables con materias primas vírgenes importadas. Por eso, generar mercado sigue siendo el principal desafío. La lección para Bolivia es que no basta contar con regulación; también son esenciales financiamiento, logística y mercado.

Aliados para ampliar las soluciones

Las experiencias bolivianas permitieron poner esas necesidades en términos concretos. En el panel de soluciones circulares, los emprendimientos mostraron que se requiere maquinaria, capacidades técnicas, acceso a clientes y alianzas para crecer.

Denis Rivera, fundador de Biocarbon Éxtasis, que transforma residuos orgánicos en biochar y briquetas, pidió a las grandes empresas que vean a los emprendimientos verdes como “aliados reales para generar soluciones”. Su demanda incluye desarrollar productos, comercializarlos y abrir mercados.

Iván Fernández, de Daddario, una marroquinería que aprovecha pieles de paiche para elaborar cuero y artículos terminados, planteó fortalecer las capacidades de manufactura y las conexiones entre comunidades, curtiembres, artesanos, empresas y organizaciones de conservación. Ambas empresas encontraron una posibilidad alianza: están realizando pruebas para desarrollar biochar a partir de escamas de pescado.

Mientras avanza la construcción de la estrategia nacional, las necesidades de las empresas y la mirada de los financiadores ofrecen una guía: crear condiciones para desarrollar proyectos financiables, facilitar relaciones comerciales y definir mecanismos de apoyo. El crecimiento de la economía circular dependerá también de que las iniciativas encuentren recursos para desarrollarse y mercados que permitan sostenerlas.

La jornada concluyó con un espacio de encuentro entre las empresas y las entidades financieras.