DESARROLLO SOSTENIBLE. Mientras los conflictos, la crisis climática y las tensiones geopolíticas frenan el progreso global, Bolivia cayó al puesto 99 entre 169 países y continúa perdiendo terreno frente a otras naciones de la región.
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A menos de cuatro años de la fecha límite fijada por la Agenda 2030, el mundo está lejos de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El Informe sobre Desarrollo Sostenible 2026 revela que apenas el 6,5% de las 169 metas avanza al ritmo necesario para cumplirse antes de finalizar la década, lo que constituye una señal de alerta para los gobiernos y organismos internacionales encargados de impulsar su concreción.
El documento, elaborado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (SDSN), muestra que menos de una de cada cinco metas registra avances suficientes. La evaluación llega cuando los Estados miembros de Naciones Unidas comienzan a debatir cómo será la agenda global de desarrollo más allá de 2030 y cuáles serán las prioridades para la segunda mitad del siglo.
Aunque el compromiso político con los ODS se mantiene firme en la mayoría de los países, el progreso se ve afectado por una combinación de conflictos armados, crisis climática, incertidumbre económica y crecientes tensiones geopolíticas.
“El desarrollo sostenible no puede lograrse en medio de conflictos continuos, lo que convierte a la paz en la máxima prioridad de nuestro tiempo”, afirmó Jeffrey Sachs, presidente de la SDSN y autor principal del informe.
Los obstáculos que frenan el avance
El estudio advierte que el deterioro del contexto internacional está dificultando la implementación de políticas y estrategias de largo plazo. Entre los especialistas consultados por la SDSN, el 89% identificó la falta de ejecución efectiva de las estrategias aprobadas como uno de los principales obstáculos para avanzar en los ODS, mientras que el 87% señaló las tensiones geopolíticas como una barrera significativa para el progreso.
También aparecen entre los principales desafíos la falta de voluntad política, las deficiencias de gobernanza, la corrupción, la insuficiente participación ciudadana, la debilidad de los sistemas de monitoreo y evaluación y las limitaciones de financiamiento.
El informe advierte que muchos países cuentan con planes y compromisos alineados con la Agenda 2030, pero enfrentan dificultades para traducirlos en resultados concretos y sostenidos.
El respaldo a los ODS se mantiene
Pese a estos rezagos, el documento destaca que el apoyo político al desarrollo sostenible continúa siendo amplio. Desde la adopción de los ODS, 190 países han participado en los Exámenes Nacionales Voluntarios de Naciones Unidas, mientras que un número creciente de gobiernos regionales y municipales presenta Exámenes Locales Voluntarios para reportar sus avances.
Durante 2025, más de 170 de los 193 Estados miembros de Naciones Unidas respaldaron la mayoría de las resoluciones relacionadas con los ODS. Para los autores, este respaldo demuestra que la Agenda 2030 sigue siendo el principal marco internacional para orientar las políticas públicas de desarrollo.
Sin embargo, el informe identifica una excepción llamativa. Argentina y Estados Unidos fueron los únicos países que se opusieron sistemáticamente a las resoluciones de la Asamblea General que hacen referencia al paradigma del desarrollo sostenible. Además, Estados Unidos ocupó el último lugar en el índice de apoyo al multilateralismo basado en la ONU, después de retirarse de más de 60 organizaciones internacionales y alinearse con la mayoría internacional en apenas el 5% de las resoluciones sometidas a votación durante 2025.
Hambre e instituciones, entre los mayores rezagos
El informe identifica avances importantes en áreas como el acceso a internet, las suscripciones de banda ancha móvil, el acceso a electricidad, la reducción de los embarazos adolescentes y la disminución de nuevas infecciones por VIH.
Sin embargo, algunos de los desafíos más importantes siguen sin resolverse. Las metas relacionadas con el hambre, la agricultura sostenible, la corrupción, la libertad de información y el fortalecimiento de los sistemas judiciales figuran entre las más alejadas de su cumplimiento.
Los mayores retrocesos se observan en el ODS 2 (Hambre Cero) y el ODS 16 (Paz, Justicia e Instituciones Sólidas), dos áreas que reflejan el impacto de los conflictos, la fragilidad institucional y las dificultades para garantizar condiciones básicas de bienestar y gobernanza.
Los autores advierten que estos rezagos no responden únicamente a problemas sectoriales. En muchos casos reflejan el impacto combinado de conflictos, instituciones débiles y una menor capacidad de los gobiernos para implementar políticas públicas de forma sostenida.
Europa lidera, Asia gana terreno
Finlandia mantiene el primer lugar en el Índice de Desarrollo Sostenible, seguida por Suecia y Dinamarca. Los países europeos continúan dominando la clasificación global y ocupan la gran mayoría de los primeros lugares.
Sin embargo, el informe destaca que los mayores avances de la última década se registran en Asia Oriental y Meridional. Desde 2015, China ha mejorado 14 posiciones en el ranking mundial e India ha escalado 18 puestos. Indonesia y Etiopía también registran importantes avances.
La SDSN considera que Asia se ha convertido en la región con mejor desempeño en términos de progreso desde la adopción de los ODS, gracias a mejoras en infraestructura, acceso a servicios básicos, inclusión financiera y conectividad.
Bolivia pierde posiciones
América Latina y el Caribe también enfrentan dificultades para avanzar al ritmo necesario para llegar a la meta. Aunque varios países de la región mantienen posiciones relativamente sólidas en la clasificación global, persisten desafíos vinculados con la desigualdad, la calidad institucional, la sostenibilidad ambiental y la capacidad de financiamiento. En Sudamérica, Chile se mantiene como el país mejor ubicado, seguido por Uruguay, Argentina, Brasil y Perú.
Bolivia se encuentra por detrás de ese grupo y continúa perdiendo posiciones en el ranking global, una tendencia que se observa desde 2024. En el informe 2026, ocupa el puesto 99 entre 169 países evaluados, con una puntuación de 67,6 sobre 100. En 2024 el país se ubicaba en el puesto 90 con una puntuación de 68,1, mientras que en 2025 descendió al lugar 94 con 67,8 puntos.
Los datos muestran que cerca de una cuarta parte de los indicadores nacionales avanzan al ritmo necesario para alcanzar las metas, mientras que más de cuatro de cada diez registran progresos limitados y alrededor de un tercio presentan retrocesos.
Entre los objetivos con tendencia negativa destacan Hambre Cero y Ciudades y Comunidades Sostenibles. Además, áreas relacionadas con educación, acción climática, ecosistemas terrestres e instituciones muestran señales de estancamiento. El retroceso en el ODS 2 resulta especialmente significativo porque coincide con una de las principales alertas del informe global, que identifica al hambre y la agricultura sostenible entre las metas más alejadas de su cumplimiento.

Una década de ODS
A diez años de la aprobación de la Agenda 2030, el informe identifica ocho prioridades para acelerar el progreso durante los próximos años. Entre ellas figuran poner fin a los conflictos armados y redirigir parte del gasto militar hacia el desarrollo humano; establecer un cronograma más ambicioso para la implementación de los ODS; organizar las políticas públicas en torno a grandes transformaciones económicas, sociales y ambientales; y fortalecer la cooperación regional y continental.
El documento también plantea la necesidad de crear nuevas fuentes de financiamiento para bienes públicos globales, avanzar en marcos internacionales de gobernanza para tecnologías emergentes como la inteligencia artificial y la biotecnología, y fortalecer la presencia institucional de Naciones Unidas en regiones como Asia, África y América Latina.
Financiamiento: la gran discusión pendiente
El informe insiste en que el principal desafío para la próxima etapa no es definir nuevas metas, sino garantizar los mecanismos necesarios para cumplir las existentes.
Por ello, plantea reformar la arquitectura financiera internacional y ampliar el acceso de los países en desarrollo a recursos de largo plazo destinados a infraestructura, resiliencia climática, salud, educación y protección social. La movilización de inversiones sostenibles aparece como una condición indispensable para acelerar el cumplimiento de los ODS durante los próximos años.
Las consultas realizadas por la SDSN muestran además un amplio respaldo a mantener el marco de los ODS más allá de 2030, aunque con un énfasis mucho mayor en la implementación efectiva, el financiamiento y el uso de la ciencia y los datos para orientar las decisiones públicas.
A menos de cuatro años de 2030, el informe concluye que el desafío ya no es formular nuevas promesas, sino transformar los compromisos asumidos hace una década en resultados concretos. La próxima etapa del desarrollo sostenible dependerá menos de nuevos acuerdos internacionales y más de la capacidad de los países para implementar políticas, movilizar recursos y fortalecer la cooperación en un contexto global cada vez más complejo.
