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El bosque llegó a la ciudad con sabores que impulsan la conservación

FESTIVAL. Somos Bosques reunió a productores, emprendedores y consumidores para mostrar una diversidad de productos del bosque y sus derivados.

Cacao, ají silvestre, asaí, majo, cusi, totaí, almendra chiquitana, café y una diversidad de aromas y sabores, además de productos de cuidado personal, tallados, tejidos y bijoutería, fueron los que se instalaron en el Parque Urbano el pasado sábado, mostrando el trabajo de numerosas comunidades indígenas, la riqueza de los bosques bolivianos y la importancia de su conservación.

El Festival Somos Bosque se desarrolló por primera vez en Santa Cruz con una apuesta por la sostenibilidad y con un desafío: ¿pueden nuestras decisiones cotidianas contribuir a la conservación de los bosques?. La alimentación y las decisiones que tomamos al momento de consumir están vinculadas con el mundo que queremos construir, por ello, cada producto que elegimos cuenta una historia sobre cómo se utilizan los recursos naturales, quiénes los producen y qué impacto generan en los territorios.

El festival se realizó bajo el lema «alimentos que mantienen los bosques de pie». «Queremos reconocer a las comunidades, a los emprendimientos y a todas las personas que consumen estos alimentos que contribuyen a la conservación de los bosques frente a la deforestación», explicó Joan Rechberger, integrante de Cosecha Colectiva, la organización impulsora de la iniciativa.

La elección de Santa Cruz de la Sierra como sede de esta primera experiencia tampoco fue casual. Era el escenario ideal para acercar a los consumidores urbanos a muchas de las regiones forestales del país. «La idea era hacer el festival en esta ciudad porque aquí están más cerca muchas de las regiones boscosas de Bolivia», señaló Joan.

La respuesta del público acompañó la apuesta. Cientos de personas recorrieron los espacios del festival para conocer productos, conversar con productores y descubrir cómo la biodiversidad puede convertirse en una fuente de oportunidades económicas para las comunidades locales.

En San Antonio de Lomerío la producción se va diversificando y están sumando productos para el cuidado personal.

Diversidad de propuestas

Los expositores llegaron desde distintos territorios forestales del país. Hubo representantes de comunidades chiquitanas, guarayas y tacanas, además de emprendimientos vinculados a diversas regiones boscosas. También participaron iniciativas urbanas que incorporan productos forestales en propuestas gastronómicas y comerciales innovadoras.

Entre los protagonistas estuvieron Bartgwagwasu, Cururú y Las Caluchitas, que compartieron con el público una variedad de productos elaborados a partir de recursos provenientes de los bosques bolivianos. También participaron iniciativas relacionadas con el cupesí y la almendra chiquitana, además de productoras de San Javier que presentaron el trabajo que desarrollan alrededor de los ajíes silvestres y su potencial para generar ingresos en las comunidades.

Desde el norte de La Paz, en San Buenaventura y el Parque Nacional Madidi, también llegaron productores que están incorporando nuevos productos a su oferta, la que comenzó con alimentos y hoy alcanza también al cuidado personal.

Detrás de cada uno de estos productos existe una historia que conecta biodiversidad, medios de vida y conservación. La propuesta del festival fue precisamente visibilizar esas cadenas de valor que permiten generar ingresos sin recurrir a la deforestación, demostrando que la protección de los bosques puede convertirse en una oportunidad de desarrollo para las poblaciones que viven en ellos.

Ellas forman parte de «Guardianas del bosque» y llegaron desde el norte paceño para mostrar los productos que elaboran en su comunidad tacana.

Algo tangible para todos

WWF-Bolivia acompañó la iniciativa junto a emprendimientos que impulsan modelos productivos sostenibles en distintos territorios. Para Ana Rosa Angulo, líder del Paisaje Chiquitanía Norte de WWF-Bolivia, este tipo de espacios permite que el trabajo de conservación se vuelva tangible para la sociedad.

«Muchas veces hablamos de conservación en términos de proyectos, territorios o especies, pero en espacios como este vemos cómo ese trabajo cobra sentido en la vida real. Detrás de cada producto sostenible hay familias, comunidades y bosques que se benefician de modelos de producción responsables y, sobre todo, de nuestras decisiones al momento de consumir. Es la demostración de que conservar al jaguar y los bosques también puede generar oportunidades y bienestar para las personas», señaló.

Pero el festival no solo buscó hablar de sostenibilidad; también intentó ponerla en práctica. Los organizadores promovieron acciones para reducir residuos y avanzar hacia un modelo de evento más responsable con el medio ambiente.

«No es tan fácil hacer un festival sostenible», reconoció Joan. «La idea es que sea basura cero, que los emprendimientos gastronómicos no utilicen plástico y que las personas también se involucren. Estamos hablando de conservación mientras comemos y eso implica pensar en cómo consumimos».

Por ello, se invitó a los asistentes a llevar sus propios recipientes para reducir el uso de materiales desechables. «Algo que decimos mucho en Cosecha Colectiva es que hay que hacer las cosas con coherencia», explicó Joan. «Si vamos a decir que estamos haciendo sostenibilidad y promoviendo los bosques, lo primero que tenemos que hacer es que el festival sea el primer espacio donde también se practique esa sostenibilidad».

La jornada también ofreció espacios para aprender y conectar con la naturaleza desde nuevas perspectivas. La Comunidad Juvenil Bolivia participó con actividades educativas, juegos y dinámicas de sensibilización sobre la importancia de los bosques y del jaguar.

El público llevó sus propios enseres para evitar el uso de elementos desechables. También disfrutó de una variedad de sabores, como el asaí.

Una tarea de todos

«Espacios como el Festival Somos Bosques nos permiten acercar la conservación a las personas de una manera sencilla y cercana. A través de juegos, conversaciones y experiencias, podemos mostrar que proteger los bosques y al jaguar no es una tarea exclusiva de especialistas, sino una responsabilidad en la que todos podemos participar desde nuestras decisiones diarias», afirmó Marcelo Leaños, coordinador de la Comunidad Juvenil Bolivia.

Más allá de los sabores, el festival dejó un mensaje claro: detrás de cada producto sostenible existe una historia de conservación, trabajo comunitario y aprovechamiento responsable de la biodiversidad.

Porque cuando un alimento ayuda a generar ingresos para las comunidades sin destruir el entorno que lo produce, el bosque deja de ser un paisaje lejano y se convierte en parte de la mesa, de la ciudad y de las decisiones cotidianas.

Con datos de WWF Bolivia y Portal Verde

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