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El Niño vs los Impunes

Las sequías son cada vez más pronunciadas en algunas zonas de la región, mientras en otras ha cambiado el ciclo de lluvias.

Cecilia González Paredes
Biotecnóloga y divulgadora científica

El Niño 2026 se consolida como una amenaza crítica para el agro del hemisferio sur. La Organización Meteorológica Mundial elevó al 90% la probabilidad de que el fenómeno permanezca activo hasta finales de 2026, generando sequías, inundaciones y olas de calor que alterarán la producción agrícola mundial. En América del Sur, los efectos son asimétricos: mientras el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y el norte de Argentina registrarán precipitaciones por encima del normal con riesgo de inundaciones, Bolivia, el oeste argentino y el Cerrado brasileño enfrentarán déficits de precipitación severos.

Para Bolivia, investigadores de la Iniciativa transfronteriza Madre De Dios (Perú), Acre (Brasil) y Pando (Bolivia), advierten que la sequía severa afectará el acceso al agua, la producción agropecuaria y aumentará los incendios forestales, especialmente en la Amazonía. El Altiplano será la región más afectada: la producción de papas disminuirá significativamente por falta de lluvias. Entre enero y abril de 2026, ya el 72% de los municipios bolivianos registró déficit de precipitación, creando vulnerabilidad previa que amplificará los impactos.

Las consecuencias de no tener un plan de prevención nacional son contundentes: estrés hídrico que reduce rendimientos de cultivos clave, pérdida de praderas que desploma la producción ganadera, riesgo de escasez de granos básicos para 2027 y amenaza a la cafeicultura. La falta de coordinación estatal, la ausencia de mapas de riesgo actualizados y la inexistencia de sistemas de alerta temprana región específicas, convertirán este fenómeno climático en una catástrofe que se puede mitigar si se empieza a trabajar en ellos.

A esta vulnerabilidad climática se suma la coyuntura de los bloqueos, que si bien languidecen, superaron los 50 días. El prejuicio que ha generado este capricho de un grupo reducido a nivel país se desgasta paulatinamente, tal como se vio estos días en Achocalla o en la provincia Inquisivi, donde en sus ampliados terminaron con el repudio de ciudadanos que ya están cansados de ir a bloquear, mientras sus dirigentes brillan por su ausencia en los puntos de bloqueo.

La lentitud de un diálogo entre un gobierno mudo y dirigentes sordos, ya ha generado más de 20 fallecidos. Entre ellos hay varios pacientes con cáncer que no pudieron llegar a sus tratamientos y no podemos olvidar a los choferes de transporte pesado, que siguen en muchos puntos sin asistencia ni cambio en su estado.

Mientras algunos legisladores tienen tanto tiempo de sobra que hasta pueden invitar falsos agentes de derechos humanos, no se dan cuenta que hay problemas más urgentes a considerar. Cuando lleguen las sequías intensas de El Niño, ¿estaremos preparados? Los que bloquearon ¿tendrán los recursos para asistir a sus comunidades cuando la producción de papas, maíz se desplome?

La paradoja es cruel: mientras se pierde más de 20 vidas humanas por la inacción política, el país se prepara para enfrentar uno de los fenómenos climáticos más intensos de la última década. Los impunes que bloquean carreteras no tendrán recursos para ayudar a sus comunidades cuando la sequía destruya sus cultivos. El gobierno que dialoga con sordos, no tendrá capacidad de respuesta cuando millones de bolivianos necesitan agua, alimentos y asistencia agrícola.

Bolivia necesita un plan de prevención integral que combine adaptación climática, desbloqueo total de carreteras y recuperación de la economía rural. No podemos esperar que El Niño llegue para descubrir que no tenemos ni estrategia ni recursos ni voluntad política. La impunidad de los bloqueadores y la inacción del gobierno se sumarán a la sequía en una tormenta perfecta que podría dejar a Bolivia sin alimentos, sin agua y sin esperanza. El tiempo corre, las lluvias no llegarán y las víctimas se multiplicarán si seguimos en esta dinámica.

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