SOSTENIBILIDAD. Quince productoras de Puerto Suárez tardaron diez años en desarrollar una harina a partir de la pulpa del totaí. Hoy elaboran también aceite, champú, jabones y cremas. El Grupo El Paúro presentó un documento que reúne estudios y propuestas que amplían su uso, desde alimentos y cosméticos hasta biocombustibles, biochar y otros productos en un proceso de economía circular.
Karina Vargas Alba
En la comunidad San Salvador, a siete kilómetros de Puerto Suárez, 15 mujeres convirtieron el totaí en su fuente de ingresos. Empezaron produciendo aceite y, con capacitación y años de pruebas, llegaron a elaborar harina de la pulpa. El proceso para obtenerla puede tomar unos tres días; pero desarrollar el producto les llevó cerca de diez años.
“Casi desistimos de la harina”, contó Lupe Chamo, representante de la comunidad, donde han constituido una asociación que hoy cuenta con un espacio propio para su procesamiento y una deshidratadora que permite secar la pulpa más rápido y evitar que se contamine. Con la harina preparan queques, tortas y alfajores. También producen aceite, champú, jabones y cremas, y elaboran chicha para el consumo local.
Venden sus productos en la zona y los envían a la ciudad cuando reciben pedidos. Su meta es ampliar el mercado y llegar a exportar. La comunidad cuenta con totaí en su territorio y las productoras han solicitado un área para reponer las palmeras y asegurar la disponibilidad del fruto. Entre sus desafíos está aprovechar la parte dura de la calucha -la semilla rodeada por un endocarpio leñoso-, que podría servir para producir carbón o biochar. Para avanzar necesitan capacitación y medios de procesamiento.
La experiencia de San Salvador muestra que la cadena productiva del totaí avanza con la recolección, transformación y venta. El Cuaderno de Sostenibilidad N.º 3 del Grupo El Paúro se concentró en este fruto y puso foco en otros productos y también en los factores que hay que resolver para que la cadena crezca sin sacrificar el manejo sostenible del bosque.
La presentación del cuaderno, que se publicó con el apoyo de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), coincidió con la de la Ley Departamental 427 “Luis René Moreno Suárez”, que declara y revaloriza ocho especies de palmeras nativas de Santa Cruz: totaí, açaí, motacú, cusi, zunca, saó, palma negra o blanca y palma real. La norma busca promover tanto su conservación como el aprovechamiento económico sostenible, un enfoque que se relaciona con las experiencias y propuestas recogidas en la publicación.
En el paisaje y la historia cruceña
El totaí, cuyo nombre científico es Acrocomia totai, crece en el oriente boliviano, especialmente en la Chiquitania y los llanos cruceños, y bajo su nombre popular se agrupan una diversidad de formas en tamaño de fruto, color y sabor de pulpa, porte y cantidad de espinas. También forma parte del paisaje urbano, pues esta palmera es parte de la identidad de Santa Cruz de la Sierra, donde sus frutos son fácilmente reconocidos. Su distribución natural se extiende por zonas del Chaco, el Cerrado y el Pantanal de Bolivia, Paraguay, Brasil y Argentina.
El naturalista francés Alcides d’Orbigny describió estas palmeras como un adorno del paisaje, por su follaje verde y su forma, y fueron parte de la vida cruceña con su uso tradicional: la pulpa y la almendra son comestibles; las hojas secas se daban como forraje a los caballos, y la sombra de las palmeras acompañaba cultivos y pastizales.

De la cosecha al procesamiento
Más allá de la distribución geográfica, hoy uno de los desafíos es cómo pasar de la recolección dispersa a una cadena con planificación de cosecha, centros de acopio y plantas de procesamiento. El totaí es una palmera perenne, y los frutos se desprenden cuando maduran, lo que permite cosecharlos del suelo. Sin embargo, es preciso generar condiciones adecuadas para su almacenamiento y que no se afecte la calidad del aceite que actualmente se extrae.
Por ello, otra prioridad es georreferenciar las poblaciones y desarrollar una zonificación de riesgo climático que identifique áreas aptas según suelo, clima y fisiología de la planta. Esa información podría orientar ensayos, seguros y crédito.
Los expertos plantean combinar el manejo de palmares nativos con plantaciones de material seleccionado y sistemas integrados de cultivo, ganadería y silvicultura, en lugar de depender de monocultivos. En esos sistemas, las palmeras pueden proporcionar sombra, contribuir a la cobertura del suelo y convivir con pasturas.
La domesticación presenta retos. Darío Melgar señala que la germinación puede ser lenta: las semillas tienen latencias físicas y fisiológicas, con porcentajes de germinación cercanos al 5% y tiempos de seis meses a tres años. Técnicas como la escarificación y la hidratación controlada pueden acelerar y uniformar la emergencia. También se requieren selección de materiales, ensayos en distintas zonas y medidas para prevenir daños por incendios, plagas y recolección desordenada.
La experiencia paraguaya ofrece una advertencia: ese país llegó a operar más de 80 plantas de procesamiento en el siglo pasado y hoy sólo son seis u ocho. El declive se vincula con la dependencia de la recolección extractiva, el envejecimiento de los palmares y la obsolescencia tecnológica. La lección es que una cadena necesita regeneración y domesticación, manejo poscosecha, calidad y tecnología para sostenerse.

La proyección de una biorefinería
Como parte del análisis, Roy Vélez amplía el mapa de usos del totaí con la idea de una biorefinería: una planta que transforme distintas partes del fruto y aproveche los coproductos del procesamiento. El aceite de la pulpa y el del fruto tienen perfiles distintos y podrían destinarse a biodiésel u otros bioproductos.
La torta que queda tras la extracción podría utilizarse como suplemento para alimentación animal; el endocarpio y las cáscaras, para generar calor o producir biochar, y la glicerina obtenida en la fabricación de biodiésel podría purificarse para usos industriales o procesarse para obtener biogás.
Por ello, plantea que estas unidades productivas podrían instalarse en formatos modulares, desde equipos de extracción cerca de las zonas de acopio hasta plantas industriales que produzcan biodiésel, glicerina y energía térmica. Una alternativa tecnológica es la extracción acuosa del aceite de pulpa, desarrollada y probada por Embrapa en Brasil. El procesamiento cercano a los sitios de recolección podría reducir el costo de los traslados y el deterioro de los frutos, además de abrir espacio para que cooperativas y comunidades participen en la cadena.
Sin embargo, aún faltan estudios locales para establecer el potencial de producción y bajo qué sistemas de manejo. En Brasil, estudios con una especie similar, se alcanzaron entre tres y cuatro toneladas de aceite por hectárea al año y más de 3.000 litros de biodiésel por hectárea. No son rendimientos comprobados para el totaí en Santa Cruz. El documento también reúne estimaciones sobre el potencial de la especie, pero reconoce que faltan estudios locales para saber cuánto aceite podría producirse y bajo qué sistemas de manejo, con la premisa de que la prioridad debe ser la conservación y sostenibilidad.
Durante la presentación de las oportunidades del totaí en el lanzamiento de la ley, Ricardo Dabdoub describió esa posibilidad como una oportunidad que requiere investigación y pilotos. “El totaí es un ejemplo de cómo nuestra biodiversidad puede convertirse en una oportunidad para generar valor agregado, impulsar nuevas cadenas productivas y contribuir a la seguridad energética y alimentaria”, dijo.
Del bosque a la mesa y al cuidado personal
El totaí ya tiene usos que cuidan el bosque. Ruth Delgado, gerente de Programas de la Fundación Amigos de la Naturaleza, explicó que esto se da en dos cadenas: la cosmética responsable y la gastronomía sostenible. La primera parte de la recolección con buenas prácticas, la prospección de las áreas y la rotación de los sitios de cosecha. Propone extracción en frío para conservar compuestos del aceite de almendra y el desarrollo de aceites, mantecas, cremas, jabones y sérums con una narrativa ligada al territorio.
La cadena gastronómica contempla la selección frutos en su madurez, aplicar buenas prácticas de manipulación y transformar la pulpa en harina y otros ingredientes que se han incorporado en la panificación, salsas, snacks, barras nutritivas y productos sin gluten, con ventas en ferias, tiendas especializadas y restaurantes. También propone aprovechar las fibras y tortas que quedan del procesamiento.
Delgado enfatiza que estas actividades deben articular a recolectores y recolectoras, comunidades indígenas y campesinas, asociaciones, empresas transformadoras, universidades y gobiernos. La participación de mujeres y jóvenes, junto con reglas transparentes para distribuir los beneficios, es parte esencial del proceso y en su artículo propone la regeneración natural asistida y el manejo de la regeneración avanzada para recuperar cobertura vegetal y suelos. La valorización del totaí, bajo reglas de manejo, puede crear incentivos económicos para conservar palmares, bosques y sabanas arboladas.
Para acceder a mercados diferenciados, es necesario registrar el sitio de recolección y los lotes, controlar la calidad y complementar la verificación participativa con análisis de laboratorio de parámetros como acidez, peróxidos y humedad. Entre los actuales cuellos de botella identifica la oferta dispersa y estacional, la necesidad de centros de acopio, el transporte bajo sombra y la extracción oportuna, además de capital de trabajo, equipos, habilitación sanitaria, etiquetado y canales de comercialización. Un panorama similar al de otros productos como la almendra chiquitana.
Los próximos pasos

La hoja de ruta para desarrollar el totaí y sus derivados entre 2025 y 2028, incluye pilotos en tres a cinco comunidades de la Chiquitania, manuales de buenas prácticas para la recolección y poscosecha, módulos comunitarios de procesamiento, la creación de una marca territorial, un sistema participativo de garantía y acuerdos de compra con restaurantes, hoteles y tiendas especializadas. También plantea campañas para acercar el totaí a consumidores urbanos y medir los resultados en ingresos, empleo para mujeres y jóvenes, conservación y regeneración.
La distancia entre ese horizonte y la realidad de las productoras de San Salvador marca el desafío, pero también las oportunidades. Las 15 mujeres han consolidado una línea de productos y buscan ampliar sus ventas, pero todavía necesitan apoyo para aprovechar la calucha dura y reponer las palmeras. El desarrollo del totaí no depende de un solo producto, puede conectar alimentos, cosmética, energía y materiales, siempre que las nuevas actividades se apoyen en investigación, una recolección ordenada, participación de las comunidades y un manejo integral que garantice la conservación de una palmera que forma parte de la identidad cruceña.
