BIODIVERSIDAD. La estrategia se proyecta hasta 2030 y plantea actualizar normas, movilizar recursos y fortalecer la conservación y conectividad de los ecosistemas, además de incorporar la biodiversidad en la planificación urbana, la bioeconomía y la biotecnología.
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Proteger un humedal urbano, mantener la conexión entre bosques y desarrollar productos a partir de especies nativas forman parte de los objetivos de la nueva Estrategia Nacional para la Conservación de la Biodiversidad de Bolivia. No obstante, su ejecución requiere desarrollar normas, asegurar recursos y coordinar decisiones entre el Gobierno central, los municipios, las gobernaciones, los pueblos indígenas, las comunidades y los sectores productivos.
La estrategia, aprobada mediante el Decreto Supremo 5753, del 26 de octubre, contiene un Plan de Acción 2026–2030 con 17 metas nacionales y 49 resultados esperados. Su alcance vincula la conservación con la planificación territorial, las actividades económicas, la gestión urbana y el conocimiento científico.
El documento de 164 páginas, que también incluye como referencia las contribuciones climáticas nacionales (NDC), establece que el propósito es garantizar y promover la conservación de la biodiversidad, su uso y manejo sostenible y los servicios ecosistémicos, incorporándolos en las políticas públicas y en sectores como el forestal, agropecuario, ganadero, minero, vial y turístico. Con ello, busca generar bienestar y beneficios económicos distribuidos de manera equitativa, además de posicionar a Bolivia como un país líder en conservación.
La estrategia plantea promover la gestión sostenible de los bosques, sabanas y campos naturales para mantener la conectividad de los ecosistemas, su biodiversidad y los servicios que generan. Para alcanzarlo, pone foco en la gobernanza, donde son prioritarias la actualización normativa y la obtención de financiamiento para la transición verde, mediante la participación de las instituciones nacionales y subnacionales, las comunidades locales e indígenas, la sociedad civil, la academia, los centros de investigación y el sector privado.
El documento identifica acciones, responsables e indicadores de seguimiento. La siguiente tarea será traducirlos en una programación operativa que incluye definir una hoja de ruta, los recursos y los plazos. Para ello, se contempla el trabajo a través de mesas de coordinación con los sectores implicados.
Desarrollar las reglas y sostener el financiamiento
Una de las tareas prioritarias es actualizar y articular el marco legal sobre áreas protegidas, biodiversidad, bosques y tierras forestales. Entre las acciones se mencionan la elaboración de una Ley del Patrimonio Natural y desarrollar instrumentos técnicos para el aprovechamiento sostenible de especies, la investigación y la protección de recursos genéticos.
El financiamiento es otro elemento central para viabilizar el plan. La estrategia propone movilizar recursos nacionales e internacionales, públicos y no públicos, y reducir la brecha financiera de las áreas protegidas.
Para ello, contempla promover una Estrategia Nacional de Financiamiento de la Biodiversidad, en el marco de BIOFIN, consolidar una iniciativa de financiamiento permanente para áreas protegidas y desarrollar instrumentos basados en resultados, incentivos y otros mecanismos compatibles con la normativa nacional.
Este martes el Gobierno firmó un memorándum de entendimiento con WWF Bolivia para trabajar en la creación de un Programa de Financiamiento para la Permanencia (PFP), un elemento clave para acceder a recursos para la conservación.
Conservación y ecosistemas
Una de las metas centrales de la estrategia es conservar y gestionar efectivamente al menos el 30 % del territorio, la que se relaciona con el compromiso 30×30 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal y que Bolivia también ha asumido. Su cumplimiento exige considerar la calidad de la gestión, la representatividad ecológica, la conectividad y la gobernanza equitativa.
Según la información consignada en la estrategia, Bolivia cuenta con 211 áreas protegidas entre nacionales, departamentales, municipales e indígenas, que abarcan el 35,22 % del territorio. El documento reconoce que el desafío está en fortalecer la gestión efectiva de los espacios de conservación.
Las tareas incluyen mejorar los instrumentos de planificación y manejo, fortalecer la participación y avanzar en el reconocimiento de las Otras Medidas Efectivas de Conservación Basadas en Áreas (OMEC).
La estrategia también propone reducir la fragmentación de los ecosistemas, recuperar su conectividad y promover prácticas productivas compatibles con la conservación. Esto vincula la gestión de los espacios protegidos con las decisiones sobre los paisajes que los rodean.
La restauración de ecosistemas terrestres y acuáticos degradados se realizará a través de la recuperación de bosques y vegetación nativa, regeneración natural y asistida y otras intervenciones orientadas a restablecer funciones ambientales.

Biodiversidad en las ciudades
La agenda alcanza a las áreas urbanas y metropolitanas. Para 2030, la estrategia plantea incorporar la biodiversidad en la planificación y gestión de las áreas urbanas y metropolitanas, mediante espacios verdes y corredores biológicos terrestres o fluviales
Entre las tareas figuran integrar humedales urbanos y periurbanos en la planificación, promover infraestructura verde y soluciones basadas en la naturaleza y monitorear la biodiversidad urbana. Esto tiene impacto en la regulación hídrica, la adaptación climática y el bienestar de la población.
La necesidad de reducir la contaminación pone foco en la gestión de residuos sólidos, las aguas residuales y las sustancias peligrosas. También se propone impulsar infraestructura municipal para el tratamiento y aprovechamiento de residuos, promover la economía circular y avanzar en medidas para reducir el uso de mercurio en la minería artesanal y de pequeña escala.
Esto exige articular acciones con la planificación y los servicios municipales, además de coordinar a las instituciones responsables del control ambiental.
Bioeconomía y biotecnología
La estrategia también prioriza el aprovechamiento sostenible de especies nativas con un enfoque de bioeconomía y con la generación de beneficios, especialmente para pueblos indígenas y comunidades locales.
Productos como la castaña y el asaí sirven de ejemplo para mostrar esa relación entre conservación y actividad económica. El plan propone fortalecer las cadenas de valor, incrementar la transformación de productos y ampliar mercados, junto con instrumentos de manejo que eviten la sobreexplotación.
Entre las tareas están estimar poblaciones, definir cupos cuando corresponda, evaluar impactos y fortalecer el monitoreo y la trazabilidad, además de garantizar la sostenibilidad y la distribución equitativa de los beneficios.
En biotecnología, el documento plantea una política que articule ciencia, industria, regulación y sostenibilidad. Contempla actualizar procedimientos de bioseguridad, desarrollar capacidades de evaluación de riesgos y facilitar el financiamiento y crecimiento de empresas biotecnológicas locales.
También propone vigilancia y monitoreo de organismos genéticamente modificados, fortalecimiento de laboratorios y reglas para el acceso a recursos genéticos y conocimientos tradicionales. Estas últimas incluyen el consentimiento libre, previo e informado y la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de su utilización.
El Ministerio de Producción Sostenible, Medio Ambiente y Agua es el responsable de la implementación, el monitoreo y el reporte de la estrategia. La Dirección General de Biodiversidad tiene a su cargo la coordinación nacional, mientras las acciones involucran a distintas instituciones y niveles de gobierno.
Sobre estas bases se desarrollará la estrategia. En el corto plazo el Gobierno debería impulsar el trabajo coordinado entre los diferentes actores y definir prioridades hacia 2030, lo que deberá reflejarse en normas, financiamiento y acciones sostenidas que mejoren la gestión de las áreas protegidas, recuperen ecosistemas e incorporen la biodiversidad en las decisiones urbanas y productivas.
Aquí puede acceder a la Estrategia Nacional para la Conservación de la Biodiversidad de Bolivia.
