ECONOMÍA CIRCULAR. Desde distintos rubros y regiones del país, estas experiencias reflejan cómo la sostenibilidad y la innovación pueden dar origen a modelos de negocio que generan valor económico, ambiental y social.
Karina Vargas Alba
Durante años, la economía circular estuvo asociada principalmente al reciclaje. Hoy se va consolidando una nueva forma de entenderla y desarrollar negocios. Ya no se trata únicamente de reducir residuos, sino de rediseñar procesos desde sus inicios, aprovechar mejor los recursos, incorporar innovación y construir modelos capaces de generar valor económico y responder a los desafíos ambientales.
En la Rueda de Negocios Green 2026, organizada por Fundares, siete emprendimientos bolivianos mostraron esta evolución. Aunque pertenecen a sectores muy diferentes, todos optaron por la innovación e identificaron recursos que tradicionalmente eran desaprovechados para transformarlos en el centro de su actividad.
Con tres décadas de trayectoria, Copelme consolidó un modelo que integra la producción de papel tissue con el reciclaje de papel y cartón a través de su unidad Recme, encargada de recuperar esos materiales para reincorporarlos al proceso productivo.
Ese material reciclado se transforma nuevamente en materia prima para elaborar nuevas líneas de productos, entre ellas Nacional Ecoplus, el único papel higiénico del país fabricado íntegramente con fibra reciclada, según la empresa. El proceso se complementa con la inclusión de paneles solares, sistemas de recirculación de agua y otras medidas orientadas a reducir el impacto ambiental de la producción.
«No compramos la sostenibilidad, la producimos. Está en nuestro ADN», afirmó Humberto Fernández. Explicó que la circularidad forma parte de esa visión empresarial desde hace tres décadas. Actualmente, siete de cada diez papeles higiénicos comercializados y consumidos en Bolivia pertenecen a sus marcas, de acuerdo con datos de la compañía.

Generando cultura
Entre la generación de residuos y su transformación en nuevos productos existe un eslabón esencial: el trabajo de los recolectores que recuperan esos materiales. Una de las asociaciones que trabajan en Santa Cruz, es Turere, que maneja el Punto Lila y reúne a diez recolectores urbanos certificados por Emacruz, los que han encontrado en la gestión de residuos reciclables una oportunidad para generar empleo e impulsar una cultura del reciclaje.
Lo que comenzó con una capacidad de recuperación de 400 kilogramos hoy alcanza cerca de tres toneladas mensuales de materiales reciclables. Además de retirar residuos de empresas y condominios, la organización entrega certificados que respaldan la gestión ambiental de sus aliados a los que acompaña “en la construcción de una cultura del reciclaje”, demostrando que la economía circular también puede fortalecer el trabajo digno y la inclusión social.
«No venimos a pedir ayuda, venimos a ofrecer una alianza», dijo Morelia Molina al invitar a las empresas a convertir sus residuos en nuevas oportunidades para el medio ambiente y para quienes viven de la recuperación de materiales.
Residuos que regeneran
Pero los residuos que pueden recuperar valor no provienen únicamente de hogares, oficinas o industrias. En mercados, ganaderías y frigoríficos también existe una materia prima que normalmente termina en los rellenos sanitarios.
Hace quince años, Lombricultura El Vallunito encontró en la lombriz roja californiana una aliada para transformar esos residuos orgánicos en humus, biofertilizantes y tierra abonada. Su propuesta no solo evita que toneladas de desechos lleguen a los vertederos, sino que devuelve nutrientes a los suelos agrícolas, contribuyendo a una producción más sostenible.

Industrias Éxtasis Bolivia trabaja bajo la misma lógica, pero en la producción de biochar, un carbón ecológico obtenido mediante pirólisis de biomasa que mejora la estructura del suelo, retiene agua y nutrientes y captura carbono de forma permanente. Reconocida este año entre los 500 mejores proyectos socioambientales de Latinoamérica en los Premios Verdes 2026 y como una de las diez ganadoras del Fondo Concursable Ideas Circulares, la iniciativa busca convertir un problema ambiental en una herramienta para regenerar la agricultura.
«Convertimos un pasivo ambiental en un activo que la agricultura boliviana necesita», explicó Denis Rivera al presentar su propuesta que busca reducir la dependencia de insumos químicos y dar un nuevo destino a los residuos orgánicos, convirtiendo al biochar en un acondicionador de suelos.

La importancia de la información
Sin embargo, recuperar materiales es solo una parte del desafío. Para que la economía circular funcione también es necesario demostrar qué ocurre con esos residuos, quién los transforma y cuál es el impacto del proceso.
Con ese objetivo nació GreenWay, una plataforma tecnológica que utiliza inteligencia artificial para digitalizar la trazabilidad de los residuos reciclables. Registra el peso, el tipo de material, el lugar de origen, el destino final y genera evidencia fotográfica de cada retiro, conectando a empresas, recolectores, centros de acopio y recicladores en una misma cadena de información.
Diego Ruiz, fundador del emprendimiento, explicó que muchas empresas ya realizan esfuerzos ambientales, pero no cuentan con la información que les permita demostrar los resultados y garantizar su trazabilidad, además de contar con información útil para sus reportes de sostenibilidad.
«Cuando el material se mueve, pero el dato se pierde, también se pierde valor», afirmó. Por ello, la plataforma busca convertir esos datos en evidencia útil para la toma de decisiones, la medición del impacto ambiental y la construcción de cadenas de reciclaje más eficientes.
Conservar para generar desarrollo
La economía circular también puede construirse desde la conservación del bosque, mucho antes de que exista un residuo. En Porvenir, una comunidad indígena del Bajo Paraguá, 130 familias han encontrado en el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad una forma de generar ingresos sin renunciar a la conservación. A través de la Asociación de Productores del Bosque (APB) Porvenir, llevan quince años demostrando que el bosque puede ser la base de un modelo de desarrollo económico y ambiental.
Ubicada en el municipio de San Ignacio de Velasco, la comunidad administra cerca de 94.000 hectáreas de bosque certificado y desarrolla el aprovechamiento sostenible de asaí silvestre orgánico y palma real. Ese proceso también les ha permitido diversificar su producción con café, cosmética natural elaborada a partir de especies amazónicas y otros productos que hoy llegan tanto al mercado nacional como internacional.
Porvenir sufrió la destrucción de los incendios de 2024 y 2025, mientras luchaba para consolidar una cadena productiva que requiere generar su propia electricidad y otros elementos básicos. La lucha de los pobladores contra el fuego no fue suficiente para frenar su avance, pero sí reforzó su convicción. «Lo que sostiene un bosque no es una ley o una declaratoria. Lo que sostiene un bosque es que nuestra comunidad tenga un motivo para conservarlo», afirmó Glenda Ribera, durante su participación en la rueda de negocios.
Más allá de comercializar productos amazónicos, la organización busca demostrar que cuando las comunidades encuentran ingresos sostenibles vinculados a la biodiversidad, la conservación deja de depender únicamente de normas y pasa a convertirse en una decisión económica y social.
Valor agregado a la biodiversidad
La generación de valor a partir de la biodiversidad también define el trabajo de D’Addario, una empresa boliviana que decidió cambiar la forma en que se aprovechaba una especie invasora de la Amazonía: el paiche. Durante años, las pieles de este pez eran descartadas o comercializadas con escaso procesamiento. Aunque existía un mercado internacional para el cuero, gran parte del valor agregado se generaba fuera de Bolivia.
D’Addario decidió revertir esa lógica. Hoy la empresa opera en toda la cadena de valor: adquiere legalmente las pieles, realiza el curtido, diseña y confecciona de manera artesanal accesorios de alta gama y los comercializa tanto en el mercado nacional como en el exterior.

Esto no solo incrementa significativamente el valor económico del recurso -un accesorio terminado puede multiplicar hasta seis veces el valor de la piel semiprocesada- sino que también genera mayores ingresos para las comunidades proveedoras y permite que una mayor parte del valor agregado permanezca en Bolivia.
Su modelo ha sido reconocido por iniciativas como Ideas Circulares, por Vogue Latinoamérica y por la Bienal del Diseño Boliviano, consolidando una propuesta que la propia empresa resume como «lujo con propósito»: productos de alto valor elaborados a partir de la biodiversidad, con trazabilidad y un impacto económico que beneficia a las economías locales.
El siguiente desafío: construir alianzas
Aunque sus propuestas parten de realidades muy diferentes, estos siete emprendimientos también comparten la convicción de que se necesita construir alianzas para avanzar. Desde empresas interesadas en incorporar productos sostenibles o gestionar mejor sus residuos, hasta distribuidores, organizaciones, municipios o instituciones dispuestas a desarrollar proyectos conjuntos, los emprendimientos coincidieron en que el siguiente paso ya no es demostrar que la economía circular funciona, sino encontrar los socios que permitan escalarla.
Ese es precisamente el propósito de la Rueda de Negocios Green, que este año celebró su decimoquinta versión. Durante la inauguración, el presidente de Fundares, Carlos Limpias, destacó que el espacio ha logrado consolidarse gracias al respaldo de empresas, instituciones y organismos de cooperación que han apostado por impulsar los negocios verdes en Bolivia.
Para Sara Metais, directora de Swisscontact Bolivia, la evolución del encuentro refleja también un cambio más profundo en la manera en que las empresas entienden la sostenibilidad. «No es una opción; la sostenibilidad rima con competitividad y con rentabilidad», sostuvo. A su juicio, incorporar criterios ambientales ya no responde únicamente a un compromiso con el medioambiente, sino que constituye una condición para innovar, diferenciarse y hacer más competitivas a las empresas.
Agregó que el crecimiento de este ecosistema también requerirá formar jóvenes con competencias en economía circular, gestión de residuos, electromovilidad y transición energética, para responder a las necesidades de un mercado que demanda soluciones cada vez más sostenibles.
El camino para consolidar este ecosistema aún plantea importantes retos, pero también evidencia avances concretos. Estos siete emprendimientos mostraron que la economía circular puede comenzar recuperando papel, organizando el reciclaje en condominios, transformando residuos orgánicos en biochar o fertilizantes, desarrollando tecnología para conectar cadenas de reciclaje, aprovechando de forma sostenible el bosque o agregando valor a la biodiversidad amazónica.
Son caminos distintos que confluyen en un mismo propósito: demostrar que la sostenibilidad y la innovación también pueden convertirse en una oportunidad de negocio cuando un nuevo modelo de producción encuentra las alianzas necesarias para consolidarse y crecer a mayor escala.
Foto principal: Glenda Ribera contó el trabajo que se desarrolla en la comunidad de Porvenir, para consolidar la producción de asaí y sus derivados a través de la conservación del bosque. Foto: Cainco
